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sábado, 19 de mayo de 2012

Del miedo a los extraños y otros demonios...

Tengo que decir que Paula empezó muy pronto con el miedo o la angustia ante los extraños. Yo no me he separado de ella desde que nació casi en ningún momento, y los pocos ratos que lo he hecho, ella ha estado con su padre, por lo que pienso que ha desarrollado muy pronto y muy fuerte el vínculo emocional hacia la principal figura de apego, en este caso, una servidora.

Y la verdad, es algo que para mi es muy bonito, y no nos olvidemos que sano desde el punto de vista psicológico, y que ambas vivimos con mucho amor e intensidad. Pero en algunos casos no todo el mundo entiende sus ritmos y no todo el mundo se toma igual de bien que cuando la quieren coger nada más verla, se ponga a llorar desconsoladamente.

Yo sé que todo lo que le pasa es normal, que sólo es una etapa de su desarrollo y de la evolución de su personalidad, que los miedos infantiles (y la mayoría de los miedos adultos) son una defensa que tenemos contra posibles peligros, que ha mantenido durante siglos la supervivencia de la especie, y por tanto que es bueno que los tengamos. Pero me preocupa a veces, que los demás no lo entiendan y se lo tomen como un agravio y me intenten hacer pensar que Paula es la única niña que pasa por esta etapa, o a lo peor, que me la devuelvan cuando la cogen y se pone a llorar, con cara de "toma a tu hija llorona que tiene mucha mamitis".

Creo que lo que se debe hacer ante cualquier miedo infantil es NO FORZAR al niño a enfrentarse a la situación que le produce ese miedo o rechazo. Hay que ayudarle estando a su lado, que se sienta apoyado y comprendido, y poco a poco y a su ritmo se irá dando cuenta que no había por qué temer, y que eso a lo que tanto temía no puede hacerle ningún daño.

De momento, prefiero quedarme con la teoría que nos muestra Rosa Jové en su libro "La Crianza Feliz" sobre los miedos infantiles. Y es que los niños que presentan una inteligencia cognitiva mayor suelen tener más miedo. Porque saben captar el peligro más que el resto de los niños. Digamos que se adelantan. Pero si no son unos miedos que se hayan grabado en sus circuitos neuronales a base de desatender sus necesidades emocionales y de afecto, si sólo son los miedos normales de cada edad, en su adultez no los tendrán, sabrán calibrar mejor el peligro, y se irá diluyendo el miedo para las cosas más insignificantes y serán más precavidos para aquellas situaciones que lo requieran.

Pero de verdad que me hacen sentir muy mal cuando cuestionan mi forma de criar a mi hija. Yo no tengo, por más que me gustaría, esa capacidad de hacer oídos sordos de todo lo que me dicen. Me duele que no me entiendan y respeten. Más aún porque soy una persona que jamás se atrevería a cuestionar a ninguna mamá o papá en la crianza de sus hijos. Odio, por poner un ejemplo, que existan en el mundo métodos Estivill, Ferber o cualquiera de ellos que sea; y odio que haya niños que tengan que pasar por ese desconsuelo y que graben en sus mentes que por más que lloren o supliquen sus padres no estarán ahí. Pero  no me atrevería nunca a decirle a los papás que lo están haciendo mal. Si me preguntan, doy mi opinión, y si no, me muerdo la lengua con esa y muchas otras cosas.

Y a cambio, lo único que espero es que no se me cuestione mi forma de hacerlo. Es lo justo no?.

Pero bueno, no me quiero poner trascendental, que no es el momento. Este fin de semana tenemos cumpleaños familiar (mi hermana y tía de Paulita) y a ver qué tal se lo toma mi niña.


martes, 1 de mayo de 2012

...De cómo los cólicos no existieron en mi bebé...

Paula casi no ha llorado desde que nació. En serio. Ni siquiera al despertarse por la noche para pedir su ración de pecho. Se limita a hacer algunos ruiditos y movimientos (que me hacen saltar en el segundo 1) y ahora que somos expertas, podemos hacer la toma casi sin despertarnos.

Durante el embarazo te vas preparando para largas noches sin dormir, con el bebé en brazos intentando calmarle, y los vecinos al borde del suicidio. Pero en nuestro caso no ha sido así. ¿Suerte?... Supongo que sí.

El caso es que leyendo libros como "La Crianza Feliz" o "Un regalo para toda la vida", de Rosa Jové y Carlos González respectivamente, he conocido otra teoría algo distinta a lo que casi siempre nos han contado sobre los cólicos del lactante; y que cuando lo leí pensé: "Pues va a ser que esta teoría es cierta... y por eso mi niña nunca ha tenido cólicos".

Lo que nos vienen a contar en ambos casos, y resumiendo mucho (recomiendo ambos libros a todas las mamás del mundo), es que los llamados cólicos no son otra cosa que un bebé estresado. Cuando nace, el medio en el que se siente seguro y en el que tiene todo lo que necesita son los brazos de su mami. Pero en la cultura occidental nos hemos empeñado (o se han empeñado en hacernos creer que es lo mejor) en poner a los bebés en cunas, cochecitos, hamaquitas o en cualquier sitio menos en brazos, porque parece que nos cueste horrores aceptar que los niños necesitan el contacto físico, las caricias y en definitiva a su madre. Esto les causa mucho estrés, que van acumulando durante el día, y por la noche ya no pueden más y es cuando llega el llanto desconsolado y los llamados cólicos. El estrés les causa, al igual que en los adultos, alteraciones del aparato digestivo como pueden ser dolores estomacales, gases, acidez... Y se inicia el círculo vicioso; cuanto más lloran, más dolor, y cuanto más dolor más lloran. De hecho, en otras culturas con costumbres muy diferentes a la occidental, los cólicos del lactante no existen.

Por lo tanto, el cólico no sería la causa de que el niño llore, si no la consecuencia de que lo haga.

Yo siempre he cogido mucho a Paula desde que nació, o para ser más exactos, la he soltado muy pocas veces, je je je; no porque lo hubiese leído en los libros, si no porque me encanta tenerla en mis brazos. La mayoría de las veces se quedaba dormida después de tomar el pecho, y yo la dejaba ahí, muchas veces hasta la siguiente toma. Familia, amigos y casi todas las personas que han venido a visitarnos no han perdido la oportunidad de decirme que la estaba acostumbrando mal, y que era peor para ella. Yo siempre pensaba que los que estaban equivocados eran ellos, y que con la cara de felicidad que tenía mi princesa, eso no podía ser tan malo. Ahora sé y estoy convencida, que hago bien, que a las dos nos gusta, que no hacemos daño a nadie con ello y que nos va de maravilla así.

No sé si esta teoría que os he contado es cierta, y no sé si haber cogido tanto en brazos a Paula es el motivo de que prácticamente no haya llorado desde que nació, y de que parezca tan feliz. Yo prefiero pensar que sí. Prefiero pensar que gracias a que he hecho lo que me dictaba el corazón he conseguido que parezca siempre tan contenta, sana y tranquila.

Yo, al igual que el Dr. Carlos González, creo que no hay que acostar al bebé enseguida que se queda dormido. Les gusta estar ahí, en los bracitos de mamá, aunque estén dormidos.

A continuación adjunto una tabla que aparece en el libro que os comentaba (Un regalo para toda la vida) por si a alguien le puede ayudar.

Instrucciones para tratar el cólico según Taubman. Pediatrics, 1984;74:998

1. Intente no dejar nunca llorar a su bebé.
2. Para descubrir por qué llora su hijo, tenga en cuenta las siguientes posibilidades:
    a) El bebé tiene hambre y quiere comer. 
    b) El bebé quiere chupar, aunque no tenga hambre. 
    c) El bebé quiere que le tomen en brazos. 
    d) El bebé está aburrido y quiere estimulación. 
    e) El bebé está cansado y quiere dormir.
3. Si sigue llorando durante más de cinco minutos con una respuesta, pruebe con otra.
4. Decida usted misma en qué orden probar las anteriores opciones.
5. No tenga miedo de sobrealimentar a su hijo. Eso no va a ocurrir.
6. No tenga miedo de malcriar a su hijo. Eso tampoco va a ocurrir.

Yo nunca he dejado llorar a mi bebé y me alegro por ello, le he puesto al pecho siempre que ha dicho "ah" por si tenía hambre o por si no la tenía pero quería pecho, le he cantado, mecido, besado y todo esto me ha funcionado. La fotografía no deja lugar a dudas ¿verdad?.


ESTO