Muchas veces, cuando te imagino dentro de unos años, caminando por el mundo con tu mochila imaginaria a la espalda, repleta de todas las cosas que te hayan pasado, las que hayas sentido, los acontecimientos felices y los más amargos, todos ellos haciendo de ti la personita en la que te convertirás y de lo que dependerá tu felicidad, aunque intento con todas mis fuerzas no tener ninguna expectativa de lo que serás ni de lo que elegirás hacer y no hacer, no puedo evitar tener muchos deseos para ti, deseos que se basan en el ferviente empeño de intentar que logres tu felicidad plena ayudándote a desarrollarte como la persona única en el mundo que eres, que hagas en cada momento lo que creas más oportuno, siempre desde el respeto y la empatía, que no te dejes llevar por los preceptos que nos vienen ya marcados de lo que se supone que está bien o está mal, sólo basados en opinicones y premisas perpetuadas desde hace siglos, por el simple motivo de no cuestionar lo que nos han enseñado, lo que "todo el mundo hace", lo que se ha ido convirtiendo en lo correcto, tan sólo porque sí.
Por eso, cuando pienso en ti, querida hija, tengo millones de buenos deseos y tan sólo una herramienta para hacer que se cumplan, el ejemplo que cada momento y cada día tratamos de ser en tu vida.
Deseo de todo corazón y con todas mis fuerzas mi pequeña...
- Que seas desobediente. Obediencia, que palabra tan fea y tan empleada para hablar de las virtudes que debe tener un niño. Deseo que no obedezcas nunca a nadie, deseo que actúes siempre según tus principios y que como mucho tomes los consejos cuando lo necesites, de las personas que te quieran, y pienses siempre en el porqué de seguir una norma o actuar de una determinada manera.
- Que no respetes a las personas mayores. Espero hija mía, que respetes siempre a todas las personas y seres vivos. A los mayores, a los pequeños y también a los medianos.
- Que no seas aplicada en el cole, para tener un buen futuro. Deseo de corazón que seas aplicada en cualquier lugar, en cada cosa que te propongas y que cada día de tu vida no pierdas nunca las ganas y la ilusión por aprender y conocer cosas nuevas.
- Que no te comas todo lo que te han puesto en el plato, si no tienes más ganas. Espero que la alimentación sea para ti un placer y una manera de saciar tus necesidades y no más.
- Que no te estés quieta. Que te muevas, que saltes, que corras, que bailes, que juegues hasta no poder más.
- Que no conjuntes la ropa y los colores como se nos ha dicho que pega más, sino como más te venga en gana. Que no vistas por apariencias y otras cuestiones raras. Que uses la ropa para tu comodidad, tu gusto y tu diversión. Me muero de amor y de risa, cuando te veo cómo disfrutas ya desde tan pequeñita, jugando a ponerte y quitarte zapatos, y a ponerte bailarinas de brillantina con pijama y chandal, je je... ;-)
- Que no aceptes como válido y cierto nada porque sí, ni porque lo diga yo, ni porque lo diga papá, ni porque lo diga nadie. Que te cuestiones cada cosa que te digan, que leas, que escuches, que veas. Eso siempre te hará aprender y mejorar.
- Que no dejes que se te coaccione, ni se pongan límites a tu imaginación, a tus proyectos y a tus metas.
- Que no dejes que la ambición entre en tu vida.
- Que no pierdas nunca la capacidad que tienes ahora de disfrutar de los pequeños momentos. De un besito al despertar, de un pedacito de queso recién cortado, un paseo hasta la plaza en tu triciclo, de esas primeras sensaciones, como la de la arena de la playa en tus pies...
En definitiva querida hija, te deseo que seas muy feliz. Que no dejes que nadie te imponga lo que tienes que hacer por ningún motivo, ni porque sea más mayor, ni porque tenga más estatus, ni porque sea de diferente sexo, color o altura.
Que rías, sueñes, llores, bailes, te enamores, que viajes y disfrutes la naturaleza, leas, aprendas y aprendas y nunca pierdas la ilusión por aprender más y más.
Para ello tengo plena confianza en ti, mi amor. Confío en la buena persona que eres y serás. Y en las buenas decisiones que seguro aprenderás a tomar. Confío en que sabrás apreciar lo que te hemos transmitido desde que naciste, las ventajas y las bondades de tratar con respeto, de dar amor por encima de todo, de intentar ante todo ponerse siempre en el lugar del otro, antes de juzgar, antes de decir, antes de hacer.
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martes, 11 de febrero de 2014
martes, 4 de febrero de 2014
Entre colores y libros
Mi pequeña gran niña ya colorea.
Le dibujamos animalitos, soles, nubes y cosas que se nos ocurren y que nos pide, y ella las colorea. Yo no lo sabía hasta el otro día. Papá le estaba dibujando animalitos y de repente miramos y allí estaba ella, sin que nadie le dijera que hiciese esto o aquello, sin animarla a pintar por dentro en vez de por fuera... Cogió su tiza y los garabateó por encima, en lo que se notaba un claro intento de coloreo.
Toda una obra de arte para mí, mi amor.
También dibujamos ya ojos y bocas. Cualquier cosa tiene que tener sus ojitos y su boquita, ¡hasta los soles!.
Y en esas líneas, puntos y rayajos que tú juntas con gracia, yo veo unos perfectos y preciosos ojos y bocas.
No lo puedo negar. A pesar de que hago gala de mostrate todo tipo de actividades para que tú seas la que desarrolle tus gustos y tus preferencias, no puedo evitar que me derritas chiquitina, me derrites cuando pintas, cuando te veo entre papeles y pinturas, cuando me pides cada día y cada vez más a menudo que me siente en la alfombra junto a ti a leerte libros y cuentos, cuando tú misma los coges como ayer mientras lleno la bañera y te encuentro nombrando los animalitos de los cuentos y montándote tu propia historia.
Este año en la guarde, te van a llevar un día a la biblioteca y te van a hacer el carnet. ¡Me encanta! Y por lo que intuyo, seguro que a ti también. Yo intentaré que se convierta en uno más de nuestros planes habituales.
Creo firmemente en los beneficios de la lectura, y no sólo los académicos e intelectuales, que también los tiene. Sobretodo, adoro el disfrute que te puede proporcionar un buen libro, el desarrollo de la imaginación, de la empatía a través del conocimiento de otros mundos, de otras personas, de otros puntos de vista, a veces cercanos y a veces a años luz del tuyo, tanto que te enseña a cuestionar y no aceptar a la primera. La relajación y momentos de desconectar y alejarnos de cualquier cosa relacionada con nuestro pequeño mundo que nos puede proporcionar un libro, no es comparable con nada.
En definitiva, creo sin duda en la premisa que leer, y en definitiva la cultura, nos hace más libres.
Amo la lectura, y me ha proporcionado momentos mágicos, maravillosos y mucha mucha enseñanza. Me encanta pensar que en algún momento, nuestra peque pueda llegar a beneficiarse de todo esto, igual que lo he hecho, y lo hago yo. Pondré en tu camino todo lo que esté en mi mano para que tú sola lo descubras.
Le dibujamos animalitos, soles, nubes y cosas que se nos ocurren y que nos pide, y ella las colorea. Yo no lo sabía hasta el otro día. Papá le estaba dibujando animalitos y de repente miramos y allí estaba ella, sin que nadie le dijera que hiciese esto o aquello, sin animarla a pintar por dentro en vez de por fuera... Cogió su tiza y los garabateó por encima, en lo que se notaba un claro intento de coloreo.
Toda una obra de arte para mí, mi amor.
También dibujamos ya ojos y bocas. Cualquier cosa tiene que tener sus ojitos y su boquita, ¡hasta los soles!.
Y en esas líneas, puntos y rayajos que tú juntas con gracia, yo veo unos perfectos y preciosos ojos y bocas.
No lo puedo negar. A pesar de que hago gala de mostrate todo tipo de actividades para que tú seas la que desarrolle tus gustos y tus preferencias, no puedo evitar que me derritas chiquitina, me derrites cuando pintas, cuando te veo entre papeles y pinturas, cuando me pides cada día y cada vez más a menudo que me siente en la alfombra junto a ti a leerte libros y cuentos, cuando tú misma los coges como ayer mientras lleno la bañera y te encuentro nombrando los animalitos de los cuentos y montándote tu propia historia.
Este año en la guarde, te van a llevar un día a la biblioteca y te van a hacer el carnet. ¡Me encanta! Y por lo que intuyo, seguro que a ti también. Yo intentaré que se convierta en uno más de nuestros planes habituales.
Creo firmemente en los beneficios de la lectura, y no sólo los académicos e intelectuales, que también los tiene. Sobretodo, adoro el disfrute que te puede proporcionar un buen libro, el desarrollo de la imaginación, de la empatía a través del conocimiento de otros mundos, de otras personas, de otros puntos de vista, a veces cercanos y a veces a años luz del tuyo, tanto que te enseña a cuestionar y no aceptar a la primera. La relajación y momentos de desconectar y alejarnos de cualquier cosa relacionada con nuestro pequeño mundo que nos puede proporcionar un libro, no es comparable con nada.
En definitiva, creo sin duda en la premisa que leer, y en definitiva la cultura, nos hace más libres.
Amo la lectura, y me ha proporcionado momentos mágicos, maravillosos y mucha mucha enseñanza. Me encanta pensar que en algún momento, nuestra peque pueda llegar a beneficiarse de todo esto, igual que lo he hecho, y lo hago yo. Pondré en tu camino todo lo que esté en mi mano para que tú sola lo descubras.
martes, 28 de enero de 2014
Los llantos ignorados
¿Por qué está tan normalizado y aceptado socialmente el llanto infantil?.
En su día, ya hablé sobre el llanto en esta entrada, cuando reflexionaba sobre la inmunidad que parecen tener en las guarderías ante el llanto y las lágrimas.
Yo personalmente cada día lo llevo peor.
En la guarde de Paula, hace unas semanas que se ha incorporado un niño nuevo. Sólo asistirá dos días en semana, y el pobre llora casi todo el tiempo (según cuenta la cuidadora). Cuando llego a buscar a Paula y está él, su carita de pena me parte el corazón. Pregunta por su mamá y llora, pero ninguna de las cuidadoras parece verse afectada (con esto no quiero decir que no lo estén, es sólo que me choca la capacidad de abstraerse de ello; yo no puedo evitar acercarme y acariciarle y decirle que sus papás volverán pronto). Paula me mira y le mira con carita triste, se acerca y le da un beso. Yo me derrito viendo que mi hija con lo pequeñita que es, tiene esa capacidad de empatizar con el dolor de un semejante y la bondad y sensibilidad para asistirle y cuidarle. Se siente mal e intenta remediar; no le gusta ver a otros niños o bebés llorar. Da besitos a las páginas de libros o cuentos en las que aparecen personajes con caras tristes.
Definitivamente, deben ser los años y la sociedad los que van endureciendo los corazones y haciendo que determinadas cosas pasen a un segundo plano.
Ójala tú nunca nunca pierdas esa condición mi amor... La condición de la empatía, de ponerse en el lugar de otro que sufre, e intentar remediar y sanar lo que le pase. Ójala...
En los centros comerciales, mercados o tiendas, o incluso parques concurridos, a menudo presencio situaciones que puedo jurar me hacen sentir peor que mal, y me revuelven por dentro. Niños que lloran y lloran y que no son escuchados por nadie... Al menos, eso parece porque nadie se inmuta. Muchas veces sentados o tumbados en sus carritos o sillitas, sin que sus padres muestren la más mínima intención de atender ese llanto.
¿Qué se puede esperar?... Si ya desde ciertos libros de gran tirada y que te venden como escritos por alguien "de reconocido prestigio", recomendados a diestro y siniestro hasta por la vecina del quinto, ya se nos insta a dejar llorar a nuestros hijos sin problema alguno, y ¡no pasa nada!, hasta que vomite si es necesario... ¡No, si encima será que es por su bien!.
No es que los libros y opiniones me parezcan un motivo para justificar esas situaciones, ¡nada más lejos!. Cada cual es responsable de sus hijos y de su crianza. Y cada cual elige entre toda la información que está a su alcance, lo que más le conviene. Es simplemente que trato de buscar porqués... ¿Será que lo que está más al alcance y más cerca, es la información que tiraniza a los niños, y los convierte poco menos que en pequeños diablillos contra los que tenemos que iniciar una lucha constante para que no se nos suban a las barbas y nos tomen el pelo?... Puede ser...
Puede ser también que en los últimos siglos, lo que se ha fomentado haya sido esa forma de crianza en la que el llanto es algo malo y que por tanto debe ser extinguido a base de ignorarlo. Que como buena psicóloga que soy, y habiéndome empollado como la que más la "modificación de conducta" de quinto, sé de primera mano que para extinguir una conducta no deseada (véase en este caso el llanto), no has de hacer más que retirar el refuerzo que la sigue (véase en este caso la atención prestada).
Pero el amor tan grande e incondicional que toda madre o padre siente por un hijo, ¿no es suficiente para replantearnos toda esta historia y preguntarnos, si realmente están en lo cierto todos aquellos que promulgan lo malos y tiranos que son nuestros hijos, que sólo quieren tomarnos el pelo, y por eso debemos ignorarles cuando lloren o monten rabietas?. ¿De veras no vale la pena replantearse por qué un niño llora, qué le ocurre, qué le ha molestado o qué necesita?. Sin duda, merece la pena, por lo menos cuestionarse todo lo que sabemos hasta ahora sobre educación y crianza. El futuro (por lo menos el emocional), de nuestros hijos es el que está en juego. Nada más y nada menos.
Para mí, y creo que ya lo he dicho en otros momentos, es una cuestión de empatía y de conocimiento del desarrollo intelectual y cognitivo de los niños. Nadie nace sabiendo todo, de todo. Hay que ir aprendiéndolo o desaprendiéndolo con los años. Pero qué diferentes serían las cosas si cada adulto fuese capaz de conocer qué es capaz y qué no es capaz de hacer un niño a una determinada edad, qué se puede esperar, dependiendo del momento de desarrollo en el que se encuentre. Intentarlo al menos no es tan difícil.
Los adultos del mañana son niños a los que se les ha enseñado que el llanto es incómodo, que es algo malo, que debe ser ignorado y que por mucho que hagan y por muy mal que se sientan, no se les va a hacer caso. En mi cabeza todo esto se mezcla peligrosamente y se me ocurren términos como indefensión aprendida, depresión... términos muy relacionados y que dan para hablar largo y tendido, pero eso será otro día y otro momento. Todos esos males que llegan un día, y muchas veces no se sabe por qué.
Lo que más me duele es que también aprendan que el resto tampoco haremos nada. Que viven en una sociedad en la que es normal que un bebé o un niño vaya llorando, sin que sus papás ni nadie le hagan caso. Que está aceptado socialmente y que los demás han de callar al verlo, porque al fin y al cabo... "son sus padres y no te puedes meter...". Eso me duele, y mucho... Tanto que a veces he mirado mal a algunos papás que estaban ignorando (o cosas peores) a un niño que lloraba. Y he mirado mal, por no buscar un enfrentamiento verbal, en el que seguro llevo las de perder (lo cual me importa bastante poco), pero lo peor, ese niño o niña también.
Esta mañana leí este post, sobre este tema, en el gran blog "En minúsculas", y algo se removió en mí. Es verdad, no hay que callar, hay que romper el silencio y decir que ESTÁ MAL.
Así que me senté y me puse a escribir lo que siento desde hace mucho y siempre callo.
En su día, ya hablé sobre el llanto en esta entrada, cuando reflexionaba sobre la inmunidad que parecen tener en las guarderías ante el llanto y las lágrimas.
Yo personalmente cada día lo llevo peor.
En la guarde de Paula, hace unas semanas que se ha incorporado un niño nuevo. Sólo asistirá dos días en semana, y el pobre llora casi todo el tiempo (según cuenta la cuidadora). Cuando llego a buscar a Paula y está él, su carita de pena me parte el corazón. Pregunta por su mamá y llora, pero ninguna de las cuidadoras parece verse afectada (con esto no quiero decir que no lo estén, es sólo que me choca la capacidad de abstraerse de ello; yo no puedo evitar acercarme y acariciarle y decirle que sus papás volverán pronto). Paula me mira y le mira con carita triste, se acerca y le da un beso. Yo me derrito viendo que mi hija con lo pequeñita que es, tiene esa capacidad de empatizar con el dolor de un semejante y la bondad y sensibilidad para asistirle y cuidarle. Se siente mal e intenta remediar; no le gusta ver a otros niños o bebés llorar. Da besitos a las páginas de libros o cuentos en las que aparecen personajes con caras tristes.
Definitivamente, deben ser los años y la sociedad los que van endureciendo los corazones y haciendo que determinadas cosas pasen a un segundo plano.
Ójala tú nunca nunca pierdas esa condición mi amor... La condición de la empatía, de ponerse en el lugar de otro que sufre, e intentar remediar y sanar lo que le pase. Ójala...
En los centros comerciales, mercados o tiendas, o incluso parques concurridos, a menudo presencio situaciones que puedo jurar me hacen sentir peor que mal, y me revuelven por dentro. Niños que lloran y lloran y que no son escuchados por nadie... Al menos, eso parece porque nadie se inmuta. Muchas veces sentados o tumbados en sus carritos o sillitas, sin que sus padres muestren la más mínima intención de atender ese llanto.
¿Qué se puede esperar?... Si ya desde ciertos libros de gran tirada y que te venden como escritos por alguien "de reconocido prestigio", recomendados a diestro y siniestro hasta por la vecina del quinto, ya se nos insta a dejar llorar a nuestros hijos sin problema alguno, y ¡no pasa nada!, hasta que vomite si es necesario... ¡No, si encima será que es por su bien!.
No es que los libros y opiniones me parezcan un motivo para justificar esas situaciones, ¡nada más lejos!. Cada cual es responsable de sus hijos y de su crianza. Y cada cual elige entre toda la información que está a su alcance, lo que más le conviene. Es simplemente que trato de buscar porqués... ¿Será que lo que está más al alcance y más cerca, es la información que tiraniza a los niños, y los convierte poco menos que en pequeños diablillos contra los que tenemos que iniciar una lucha constante para que no se nos suban a las barbas y nos tomen el pelo?... Puede ser...
Puede ser también que en los últimos siglos, lo que se ha fomentado haya sido esa forma de crianza en la que el llanto es algo malo y que por tanto debe ser extinguido a base de ignorarlo. Que como buena psicóloga que soy, y habiéndome empollado como la que más la "modificación de conducta" de quinto, sé de primera mano que para extinguir una conducta no deseada (véase en este caso el llanto), no has de hacer más que retirar el refuerzo que la sigue (véase en este caso la atención prestada).
Pero el amor tan grande e incondicional que toda madre o padre siente por un hijo, ¿no es suficiente para replantearnos toda esta historia y preguntarnos, si realmente están en lo cierto todos aquellos que promulgan lo malos y tiranos que son nuestros hijos, que sólo quieren tomarnos el pelo, y por eso debemos ignorarles cuando lloren o monten rabietas?. ¿De veras no vale la pena replantearse por qué un niño llora, qué le ocurre, qué le ha molestado o qué necesita?. Sin duda, merece la pena, por lo menos cuestionarse todo lo que sabemos hasta ahora sobre educación y crianza. El futuro (por lo menos el emocional), de nuestros hijos es el que está en juego. Nada más y nada menos.
Para mí, y creo que ya lo he dicho en otros momentos, es una cuestión de empatía y de conocimiento del desarrollo intelectual y cognitivo de los niños. Nadie nace sabiendo todo, de todo. Hay que ir aprendiéndolo o desaprendiéndolo con los años. Pero qué diferentes serían las cosas si cada adulto fuese capaz de conocer qué es capaz y qué no es capaz de hacer un niño a una determinada edad, qué se puede esperar, dependiendo del momento de desarrollo en el que se encuentre. Intentarlo al menos no es tan difícil.
Los adultos del mañana son niños a los que se les ha enseñado que el llanto es incómodo, que es algo malo, que debe ser ignorado y que por mucho que hagan y por muy mal que se sientan, no se les va a hacer caso. En mi cabeza todo esto se mezcla peligrosamente y se me ocurren términos como indefensión aprendida, depresión... términos muy relacionados y que dan para hablar largo y tendido, pero eso será otro día y otro momento. Todos esos males que llegan un día, y muchas veces no se sabe por qué.
Lo que más me duele es que también aprendan que el resto tampoco haremos nada. Que viven en una sociedad en la que es normal que un bebé o un niño vaya llorando, sin que sus papás ni nadie le hagan caso. Que está aceptado socialmente y que los demás han de callar al verlo, porque al fin y al cabo... "son sus padres y no te puedes meter...". Eso me duele, y mucho... Tanto que a veces he mirado mal a algunos papás que estaban ignorando (o cosas peores) a un niño que lloraba. Y he mirado mal, por no buscar un enfrentamiento verbal, en el que seguro llevo las de perder (lo cual me importa bastante poco), pero lo peor, ese niño o niña también.
Esta mañana leí este post, sobre este tema, en el gran blog "En minúsculas", y algo se removió en mí. Es verdad, no hay que callar, hay que romper el silencio y decir que ESTÁ MAL.
Así que me senté y me puse a escribir lo que siento desde hace mucho y siempre callo.
jueves, 23 de enero de 2014
Premios a pares
Desde tres lugares diferentes me han llegado esta vez los reconocimientos. Ese empujoncito que desde dentro del mundo blogueril nos damos un@s a otr@s.
Es un, "estoy aquí", "te veo", "continúa, que hay gente que se asoma por aquí de vez en cuando". Esto, sin duda merece la pena.
Me encanta, y me sigue haciendo mucha ilusión. Ahora, en estos momentos, quizá incluso más que en otros... Porque hay etapas en las que no das a basto, en las que intentas robar minutos a cualquier cosa, incluso al sueño, para sentarte un ratito y plasmar todo eso que llevas dentro y que te apetece escribir. Pero es que no hay manera... Y las ideas se van quedando en el olvido, y los títulos sin texto en el listado de borradores...
Pero como digo, son etapas. Pasarán seguro, y la organización volverá a nuestras vidas. Y esto seguirá adelante, unas semanas con más, y otras con menos entradas, porque insisto, merece la pena. Quiero que continúe y que cumpla su objetivo, contar y plasmar cómo fue todo desde que tú, pequeña Burbujita te instalaste en mi barriga y formaste la familia que hoy somos, y de la que tan orgullosa me siento.
Por partida doble nos llega este premio. Desde "Mamá al habla", blog que he conocido gracias a este premio, y desde nuestro querido "La Agenda de Mamá". Hay que contestar a las 11 preguntas propuestas. Esta parte me encanta, porque es una forma fácil y divertida de mostrar un poquito más de tu persona, y así darnos un poco más a conocer. Contestaré a las primeras once que me llegaron, simplemente por tomar un criterio para la elección:
Es un, "estoy aquí", "te veo", "continúa, que hay gente que se asoma por aquí de vez en cuando". Esto, sin duda merece la pena.
Me encanta, y me sigue haciendo mucha ilusión. Ahora, en estos momentos, quizá incluso más que en otros... Porque hay etapas en las que no das a basto, en las que intentas robar minutos a cualquier cosa, incluso al sueño, para sentarte un ratito y plasmar todo eso que llevas dentro y que te apetece escribir. Pero es que no hay manera... Y las ideas se van quedando en el olvido, y los títulos sin texto en el listado de borradores...
Pero como digo, son etapas. Pasarán seguro, y la organización volverá a nuestras vidas. Y esto seguirá adelante, unas semanas con más, y otras con menos entradas, porque insisto, merece la pena. Quiero que continúe y que cumpla su objetivo, contar y plasmar cómo fue todo desde que tú, pequeña Burbujita te instalaste en mi barriga y formaste la familia que hoy somos, y de la que tan orgullosa me siento.
Por partida doble nos llega este premio. Desde "Mamá al habla", blog que he conocido gracias a este premio, y desde nuestro querido "La Agenda de Mamá". Hay que contestar a las 11 preguntas propuestas. Esta parte me encanta, porque es una forma fácil y divertida de mostrar un poquito más de tu persona, y así darnos un poco más a conocer. Contestaré a las primeras once que me llegaron, simplemente por tomar un criterio para la elección:
1. ¿Por qué ese nombre para el blog?.
Cuando Paula estaba en la barriguita, y empecé a sentirla, no sabía muy bien al principio si era ella o no, y continuamente decía que sentía como burbujitas en la tripa. Su papá fue el creador artístico del blog y él lo bautizó así en honor al primer nombre que tuvo la chiquitina.
2. ¿Cuáles son los temas que más te interesa leer en los blog que sigues habitualmente?.
Me gustan mucho los blog en los que se cuenta simplemente el transcurso de los días en familia, lo que les pasa y sus vivencias. Me encantan tambien los artículos sobre lactancia, parto respetado, y maternidad consciente en general.
3. ¿Qué opina tu familia de que seas blogger?.
No opinan mucho, pasan un poco... je je...
4. Pelo ¿largo o corto?.
Adoro el pelo largo, pero cuando me lo estoy dejando siempre me canso y me lo acabo cortando. En el fondo, no acabo de verme favorecida con el pelo largo largo. Pero en los demás me encanta!.
5. ¿Cuál es tu asignatura pendiente?.
Tengo dos. El ballet y dedicarme a lo que estudié, la psicología.
6. ¿Qué es lo que más te gusta de tu blog?.
Que es como una habitación y cada vez que lo abro y entro, me siento relajada, inspirada, a gusto, y cuando releo entradas antiguas en las que me he desnudado escribiendo, me emociono mucho.
7. ¿Cuántos blogs sigues?.
Muchos. Ahora mismo no sabría decir cuántos.
8. ¿Tu plato favorito?.
Cocido madrileño.
9. ¿Y el que mejor te sale?.
Puede que el mismo, o también el arroz de pescado o marisco.
10. Canción con la que te sientes más identificada.
Imagine de Lennon por ejemplo. De Sabina, unas cuantas.
11. Café o té.
Aunque no me disgusta el té, café, siempre café.
El Liebster Award, nos llega desde el blog Alma de Madre.
En este caso, otras 11 preguntas también conlleva!. Hoy contaré mi vida en verso! je je... ;-)
1. ¿Por qué decidiste hacer un blog?.
Para escribir. Me gusta hacerlo y es una forma accesible y bonita de ir plasmando pensamientos.
2. Tu mayor éxito.
Haber formado la familia que he formado, a la que amo con locura y de la que me siento tremendamente orgullosa.
3. Tu mayor fracaso.
El laboral. (de momento... ;-)
4. ¿De qué te gusta escribir más en tu blog?.
De la educación desde el respeto, la empatía y el apego.
5. ¿De qué te gustaría leer en otro blog?.
Como decía más arriba, me gusta leer sobre el día a día de otras familias que tienen las mismas preocupaciones e inquietudes que yo. Lactancia, parto respetado, educación respetuosa... Todos esos, son temas que deboro.
6. ¿Cómo compaginas trabajo y maternidad?.
... Como puedo... Pero málamente... Me ayuda a ello una reducción de jornada de 2 horas que con mucho sacrificio he podido permitirme.
7. Momento más feliz de tu vida.
Me debato seriamente entre el momento en que nació Paula y el día que me enteré que la esperaba.
8. ¿Qué te llevó a crear el blog?.
Me encanta escribir, y llevaba tiempo con la idea de tener un blog. Cuando logré el embarazo, encontré el tema perfecto y que siempre había soñado.
9. ¿Qué es lo que más te gusta de ser madre?.
La sensación de amor incondicional tan grande que siento al mirarla. Y mil millones de cosas más.
10. ¿Y lo que menos?.
El desgaste físico que a veces no logro sobrellevar.
11. ¿Qué cambió en tu vida el hecho de ser madre?.
Prácticamente todo.
Me ha encantado, como siempre contestar las preguntas. Mucho más recibir los premios, y ahora los paso con todo el honor.
Premio "Conóceme", dignos merecedores sin duda de ser conocidos. A mí particularmente me ha encantado hacerlo.
Premio Liebster Award, se lo paso a otros ya sobrádamente conocidos para mí y que me siguen emocionando como siempre.
lunes, 30 de diciembre de 2013
Adiós 2013!
Tal como vino, se va. Mucho más rápido de lo que me ha dado tiempo a procesar.
¿Será que ver crecer tan rápido a Paula influye en que la percepción del tiempo, los días y los meses, sea fugaz como la más rápida de las estrellas?. Quizá... Pero lo que es seguro es que no me ha dado tiempo ni a saborear este año, que pasa con más pena que gloria, pero con más amor si cabe que ningún otro.
Disfruto como nadie podría imaginar (verdadverdaderaqueesasí), de cada minuto al día que paso con mi hija, canto, juego, bailo y sobretodo nos reímos y besamos a todas horas. Me produce cierta gracia lo que me cuesta imaginar y pensar en cómo era la vida sin ella, sin que estuviera en nuestras vidas. Aprende a toda velocidad a todo. A hablar, a correr, a jugar, a demostrar sentimientos... Y yo la voy siguiendo a distancia y con la lengua fuera, porque la mayor parte del tiempo me quedo como una boba, maravillada al verla hacerse una niña mayor tan rápido.
Y a pesar de todo esto, si miro atrás este año, la imagen que más se hace patente en nuestras aceleradas vidas, es esa prisa, ese correr de los días, contemplándolos pasar uno tras otro, y a veces hasta deseando que así sea. ¿Para qué?... Pues no lo sé exactamente... Supongo que para que lleguen momentos que creemos mejores. Para que lleguen esas vacaciones, ese festivo, esa estación preferida, o cualquier otro acontecimiento.
Y ESO NO PUEDE SER. Rotundamente no. Eso tiene que cambiar y es mi firme propósito para este nuevo año. Si algo me ha enseñado y reconfirmado mil veces este año, es que la vida pasa rápido, con lo bueno y con lo malo, que no hay mejor momento ni más bonito, que este mismo. Y mientras estemos aquí, qué mejor que disfrutarlo a tope. Es más que tópico, pero cuántas veces lo olvidamos.
No puedo evitar enredarme a veces en pensamientos de cambio. No me gusta del todo ni todo lo que hay en mi día a día, y pienso mucho en ello últimamente. No es malo, me parece bueno y productivo hacerlo. Pero hay que dar pasos. Pasitos pequeños aunque sea, pero ir avanzando. Como nos enseñaba ese barrendero en el gran libro de "Momo", todo es mucho más fácil si la meta es sólo el siguiente paso, y no pensamos en todos los que nos queden por dar hasta lograr el objetivo final.
Mientras tanto, y sin parar de crecer y avanzar, sin dejar de soñar y de imaginar, ¡hay que vivir!. Vivir y ser felices, y hacer felices a los que queremos. Día a día, minuto a minuto. Porque si algo nos han enseñado los que nos han dejado en este 2013, es que el tiempo que estemos, hay que aprovecharlo precisamente para eso, para eso tan sencillo que hacemos tan complicado, ser felices y hacer felices, disfrutando de las pequeñas cosas, de las personas, de la naturaleza. Al final es lo que importa.
Miro a mi hija como duerme plácida a mi lado en este momento, sin pensar ni cuestionarse nada de años nuevos ni viejos, sin saber que mañana acabará uno para dar paso a otro más, sólo descansando después de un gran día lleno de emociones y de aprendizajes, de un gran día tanto como lo será mañana, y pasado y el otro. Para ella todos valen como "gran día". La miro y pienso que tienen taaaanto que enseñarnos de la vida y la felicidad estos peques.
Así que me gustaría acabar este 2013, con este pensamiento positivo para todos los días que tienen que venir. Como diría el gran maestro, mi admirado y sabio Sabinilla...
"Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así,
aprovecharlo o que pase de largo, depende en parte de ti...
... Hoy puede ser un gran día, imposible de recuperar,
un ejemplar único, no lo dejes espapar".
Pues eso, a disfrutar se ha dicho del festín!!
¿Será que ver crecer tan rápido a Paula influye en que la percepción del tiempo, los días y los meses, sea fugaz como la más rápida de las estrellas?. Quizá... Pero lo que es seguro es que no me ha dado tiempo ni a saborear este año, que pasa con más pena que gloria, pero con más amor si cabe que ningún otro.
Disfruto como nadie podría imaginar (verdadverdaderaqueesasí), de cada minuto al día que paso con mi hija, canto, juego, bailo y sobretodo nos reímos y besamos a todas horas. Me produce cierta gracia lo que me cuesta imaginar y pensar en cómo era la vida sin ella, sin que estuviera en nuestras vidas. Aprende a toda velocidad a todo. A hablar, a correr, a jugar, a demostrar sentimientos... Y yo la voy siguiendo a distancia y con la lengua fuera, porque la mayor parte del tiempo me quedo como una boba, maravillada al verla hacerse una niña mayor tan rápido.
Y a pesar de todo esto, si miro atrás este año, la imagen que más se hace patente en nuestras aceleradas vidas, es esa prisa, ese correr de los días, contemplándolos pasar uno tras otro, y a veces hasta deseando que así sea. ¿Para qué?... Pues no lo sé exactamente... Supongo que para que lleguen momentos que creemos mejores. Para que lleguen esas vacaciones, ese festivo, esa estación preferida, o cualquier otro acontecimiento.
Y ESO NO PUEDE SER. Rotundamente no. Eso tiene que cambiar y es mi firme propósito para este nuevo año. Si algo me ha enseñado y reconfirmado mil veces este año, es que la vida pasa rápido, con lo bueno y con lo malo, que no hay mejor momento ni más bonito, que este mismo. Y mientras estemos aquí, qué mejor que disfrutarlo a tope. Es más que tópico, pero cuántas veces lo olvidamos.
No puedo evitar enredarme a veces en pensamientos de cambio. No me gusta del todo ni todo lo que hay en mi día a día, y pienso mucho en ello últimamente. No es malo, me parece bueno y productivo hacerlo. Pero hay que dar pasos. Pasitos pequeños aunque sea, pero ir avanzando. Como nos enseñaba ese barrendero en el gran libro de "Momo", todo es mucho más fácil si la meta es sólo el siguiente paso, y no pensamos en todos los que nos queden por dar hasta lograr el objetivo final.
Mientras tanto, y sin parar de crecer y avanzar, sin dejar de soñar y de imaginar, ¡hay que vivir!. Vivir y ser felices, y hacer felices a los que queremos. Día a día, minuto a minuto. Porque si algo nos han enseñado los que nos han dejado en este 2013, es que el tiempo que estemos, hay que aprovecharlo precisamente para eso, para eso tan sencillo que hacemos tan complicado, ser felices y hacer felices, disfrutando de las pequeñas cosas, de las personas, de la naturaleza. Al final es lo que importa.
Miro a mi hija como duerme plácida a mi lado en este momento, sin pensar ni cuestionarse nada de años nuevos ni viejos, sin saber que mañana acabará uno para dar paso a otro más, sólo descansando después de un gran día lleno de emociones y de aprendizajes, de un gran día tanto como lo será mañana, y pasado y el otro. Para ella todos valen como "gran día". La miro y pienso que tienen taaaanto que enseñarnos de la vida y la felicidad estos peques.
Así que me gustaría acabar este 2013, con este pensamiento positivo para todos los días que tienen que venir. Como diría el gran maestro, mi admirado y sabio Sabinilla...
"Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así,
aprovecharlo o que pase de largo, depende en parte de ti...
... Hoy puede ser un gran día, imposible de recuperar,
un ejemplar único, no lo dejes espapar".
Pues eso, a disfrutar se ha dicho del festín!!
¡¡¡FELIZ 2014!!!
viernes, 13 de diciembre de 2013
El cumple, la nieve y la navidad...
Todavía con resaca del cumple cumpleañero, que como si de una boda gitana se tratase, se extendió desde el viernes hasta el domingo por la tarde, este fin de semana largo que hemos tenido, hemos hecho excursión al campo y a la nieve.
Al cumple no se le ha podido pedir más. La pequeñina se lo ha pasado en grande, su fiesta parece que le encantó. ¡No es para menos!, allí estaban sus amiguitos Pocoyó, Elly, Pajaroto... ¡y por supuesto Peppa Pig!, la súper tarta casera que con mucho trabajo y sobretodo mucho amor hicimos para ti Pauli, la familia, los regalos... y más y más regalos!. ¿Quizá demasiados?...


No voy a negar que me hace sentir abrumada, desbordada si cabe. No quiero decir con esto que no me gusten los regalos. Adoro que me regalen y sobretodo regalar, y cuando se trata de los niños, más todavía. Esas caritas de felicidad y asombro mientras tiran del papel de regalo para descubrir qué habrá allí dentro... no tiene precio. Y por supuesto que me encanta y comparto con la familia las ganas y la ilusión de regalar a la pequeñina de la casa, cuando es la homenajeada.
Pero es que no puedo evitar revolverme un poco cuando la veo rodeada de tantas cosas y tantos juguetes. Odio más que nada en el mundo la desigualdad social y la injusticia, que crece más que nunca en los últimos tiempos. Y me cuesta admitir y aceptar que mi hija tenga decenas de juguetes, cuando hay otros niños que no tienen ninguno, e incluso algunos que no tienen ni lo más básico. Lo siento, pero me cuesta. No es hipocresía, ni doble moral, es simplemente que me cuesta imaginarlo.
No quiero que piense que es lo normal. Que lo dé todo por hecho. Que tener y acumular juguetes, ropa, objetos, que tener la despensa llena es lo normal. Me gustaría que entienda que tener cosas implica sacrificio, y a veces no sólo económico sino de cosas mucho más importantes, como el tiempo, ese bien tan escaso y tan preciado.
Por eso intentaré ir renovando juguetes, que juegue y experimente con unos, mientras otros quedan para otros niños que los descubran de nuevo. Ir guardando y no tirando, ropa que ha quedado pequeña pero nueva, para otros niños que, cercanos o lejanos, la puedan y quieran usar. Un consumo responsable y no desmesurado es lo que me gustaría inculcarla. El valor que a veces tiene la austeridad.
Sé que es muy pequeña y que ahora le toca disfrutar con su inocencia de la ilusión de los regalos, de las fiestas, del compartir. Pero aún así, me gusta tener esto siempre muy presente para que no se nos vaya de las manos... Como siempre, el ejemplo es lo más poderoso en todo lo que aprenden.
Disfrutar de la naturaleza es gratis y a veces más divertido y enriquecedor que cualquier otra cosa, para cualquiera y sobretodo para los peques. Y como decía, el mini-puente hemos aprovechado bien el solecito y buen tiempo, y nos hemos escapado a ver y tocar la nieve, a tirarnos los mayores y pequeños en trineo, pero sin trineo (que no tenemos) por las cuestas y usando nuestro culete para tal efecto. Hemos paseaso por el bosque de Finlandia, sin ni tan siquiera coger un avión... Tan sólo llegando hasta Rascafría. Hemos pisado el hielo, cogido hojas del suelo, tocado el agua gélida del río Lozoya, y paseado y paseado hasta no poder más!.
Con la caminata y lo que apretaba el sol, el bosque de Finlandia no daba tregua y los abrigos hasta sobraban.
La imagen de la laguna congelada era sobrecogedora... Y la de algunos "insensatos" incluida nuestra sobri ;-), correteando y patinando por encima, ¡más todavía!.
Nuestra peque le pedía a su tata que se lanzase con ella al hielo!, como no la dejábamos, ella a cambio nos mostró su cara de enfado para la foto!...
Desde el puente mirando el "Dío" (río), con su agua más que fría!, congelada incluso en algunas partes...
Y ya por la tarde en la nieve, disfrutamos a lo grande!. Y los que más, ¡los mayores!, porque Paulita alucinaba un poco con esa cosita blanca blandita pero taaaaaan fría!!!!!, que cuando papá la lanzaba hacia arriba y se le metió por el cuello, ¡menudo cabreo!.
Y ya calentitos en casa, hemos disfrutado también de la familia, abuelitos, bisabuelita, primos y tíos. Hemos puesto el súper árbol de Navidad, el belén de la peque, cuyos personajes pasan más tiempo rodando por el suelo que adorando al pobre niño, y adornado la casa con luces y Papá Noel.
Desde la guarde, están colaborando mucho en transmitirles toda la ilusión que tienen para ellos estas fechas. Hoy mismo salían al buzón de la esquina de la calle, todos agarraditos a echar cada uno su correspondiente carta, que la profe ayer les ayudó a transcribir. Paula pide un bebé. ¡Me la como a mi niña!. Los adora... No sabemos si está pidiendo uno de juguete o uno de verdad... je je...
Todo cobra un poco más de sentido con ellos, con los peques de la casa. Nosotros ya estamos preparados y dispuestos a disfrutar a lo grande estas fiestas. Poco nos queda además, y por si fuera poco, para iniciar las tan esperadas vacaciones de Navidad, que seguro van a saber a poco, pero que aprovecharemos y estiraremos al máximo para estar juntitos.
Al cumple no se le ha podido pedir más. La pequeñina se lo ha pasado en grande, su fiesta parece que le encantó. ¡No es para menos!, allí estaban sus amiguitos Pocoyó, Elly, Pajaroto... ¡y por supuesto Peppa Pig!, la súper tarta casera que con mucho trabajo y sobretodo mucho amor hicimos para ti Pauli, la familia, los regalos... y más y más regalos!. ¿Quizá demasiados?...


No voy a negar que me hace sentir abrumada, desbordada si cabe. No quiero decir con esto que no me gusten los regalos. Adoro que me regalen y sobretodo regalar, y cuando se trata de los niños, más todavía. Esas caritas de felicidad y asombro mientras tiran del papel de regalo para descubrir qué habrá allí dentro... no tiene precio. Y por supuesto que me encanta y comparto con la familia las ganas y la ilusión de regalar a la pequeñina de la casa, cuando es la homenajeada.
Pero es que no puedo evitar revolverme un poco cuando la veo rodeada de tantas cosas y tantos juguetes. Odio más que nada en el mundo la desigualdad social y la injusticia, que crece más que nunca en los últimos tiempos. Y me cuesta admitir y aceptar que mi hija tenga decenas de juguetes, cuando hay otros niños que no tienen ninguno, e incluso algunos que no tienen ni lo más básico. Lo siento, pero me cuesta. No es hipocresía, ni doble moral, es simplemente que me cuesta imaginarlo.
No quiero que piense que es lo normal. Que lo dé todo por hecho. Que tener y acumular juguetes, ropa, objetos, que tener la despensa llena es lo normal. Me gustaría que entienda que tener cosas implica sacrificio, y a veces no sólo económico sino de cosas mucho más importantes, como el tiempo, ese bien tan escaso y tan preciado.
Por eso intentaré ir renovando juguetes, que juegue y experimente con unos, mientras otros quedan para otros niños que los descubran de nuevo. Ir guardando y no tirando, ropa que ha quedado pequeña pero nueva, para otros niños que, cercanos o lejanos, la puedan y quieran usar. Un consumo responsable y no desmesurado es lo que me gustaría inculcarla. El valor que a veces tiene la austeridad.
Sé que es muy pequeña y que ahora le toca disfrutar con su inocencia de la ilusión de los regalos, de las fiestas, del compartir. Pero aún así, me gusta tener esto siempre muy presente para que no se nos vaya de las manos... Como siempre, el ejemplo es lo más poderoso en todo lo que aprenden.
Disfrutar de la naturaleza es gratis y a veces más divertido y enriquecedor que cualquier otra cosa, para cualquiera y sobretodo para los peques. Y como decía, el mini-puente hemos aprovechado bien el solecito y buen tiempo, y nos hemos escapado a ver y tocar la nieve, a tirarnos los mayores y pequeños en trineo, pero sin trineo (que no tenemos) por las cuestas y usando nuestro culete para tal efecto. Hemos paseaso por el bosque de Finlandia, sin ni tan siquiera coger un avión... Tan sólo llegando hasta Rascafría. Hemos pisado el hielo, cogido hojas del suelo, tocado el agua gélida del río Lozoya, y paseado y paseado hasta no poder más!.
Con la caminata y lo que apretaba el sol, el bosque de Finlandia no daba tregua y los abrigos hasta sobraban.
La imagen de la laguna congelada era sobrecogedora... Y la de algunos "insensatos" incluida nuestra sobri ;-), correteando y patinando por encima, ¡más todavía!.
Nuestra peque le pedía a su tata que se lanzase con ella al hielo!, como no la dejábamos, ella a cambio nos mostró su cara de enfado para la foto!...
Desde el puente mirando el "Dío" (río), con su agua más que fría!, congelada incluso en algunas partes...
Y ya por la tarde en la nieve, disfrutamos a lo grande!. Y los que más, ¡los mayores!, porque Paulita alucinaba un poco con esa cosita blanca blandita pero taaaaaan fría!!!!!, que cuando papá la lanzaba hacia arriba y se le metió por el cuello, ¡menudo cabreo!.
Y ya calentitos en casa, hemos disfrutado también de la familia, abuelitos, bisabuelita, primos y tíos. Hemos puesto el súper árbol de Navidad, el belén de la peque, cuyos personajes pasan más tiempo rodando por el suelo que adorando al pobre niño, y adornado la casa con luces y Papá Noel.
Desde la guarde, están colaborando mucho en transmitirles toda la ilusión que tienen para ellos estas fechas. Hoy mismo salían al buzón de la esquina de la calle, todos agarraditos a echar cada uno su correspondiente carta, que la profe ayer les ayudó a transcribir. Paula pide un bebé. ¡Me la como a mi niña!. Los adora... No sabemos si está pidiendo uno de juguete o uno de verdad... je je...
Todo cobra un poco más de sentido con ellos, con los peques de la casa. Nosotros ya estamos preparados y dispuestos a disfrutar a lo grande estas fiestas. Poco nos queda además, y por si fuera poco, para iniciar las tan esperadas vacaciones de Navidad, que seguro van a saber a poco, pero que aprovecharemos y estiraremos al máximo para estar juntitos.
jueves, 14 de noviembre de 2013
La vida social
Supongo que a esto se refería mucha gente cuando me decían que es muy bueno que vayan a la guardería porque allí aprenden a socializar...
Yo nunca he entendido ni compartido mucho estas afirmaciones la verdad. Pero ahora todo lo veo tan claro... ¡Mañana nos vamos de cumpleaños!. Sí, sí... Paula está invitada al cumpleaños de su compi, que ya elevamos a la categoría de amigo Arián (je je ;-). En fin, que dentro de poco, creo que tendrá más agenda que su madre, que siendo sinceras, poco tiene que correr ya para eso...
La realidad es que la familia al completo estamos invitados a la fiesta. Son niños muy pequeños todavía para asistir a un cumple y quedar allí sólos a cargo de los papás del homenajeado; y por tanto allí estaremos los tres, dispuestos a socializar como nunca, pues creo que nos hace más falta a nosotros que a la chiquitina, que ya conoce de sobra a sus compis, pero nosotros los papás, tenemos que entablar amistades, relaciones, conocer y poner caras a un montón de papis y mamis que no conocemos, los que intuyo serán nuestros compañeros de batallas, de historias, de compra de regalos, de esperas a la puerta del colegio, o en la sala del pediatra, de acompañamiento en los caminos de idas y venidas al cole, y por qué no, de algunos o muchos favores que podemos tener que pedirnos, en los próximos años de escolarización.
Vivimos en una localidad relativamente pequeña, en la que voy intuyendo que el vecindario en mayor o menor medida se conoce, y las mamás y papás compartimos muchos espacios, muchos lugares en los que se van formando lazos más, o menos fuertes. Nosotros estamos comenzando, pero como digo, quedan años por delante, muchos y espero que bienavenidos.
Yo soy más de pensar que con 2 años, "¡ande vamos invitándonos a fiestas y creando agenda!". Aún ni siquiera entablan relaciones de afecto y de lo que podríamos llamar amistad entre ellos. A diario conviven juntos pero cuando les observas desde la distancia, sin intervenir y sin hacer ruido, más se ven situaciones de rivalidad que de cariño, se respetan pero aún no son amigos, se divierten pero aún más por su cuenta que juntos. Sobretodo los más chiquititos como es el caso de Paula. Será a partir de los 3 ó 4 años cuando comienzan a surgir sus primeras relaciones de lo que podríamos llamar amistad entre iguales.
Pero a pesar de todo, a pesar de que todavía no me siento tan cerca, de que no comparto muchas ideas y opiniones sobre educación de las pocas que oigo y observo, a pesar de todo eso, y por todas las razones que ya comentaba más arriba, iremos a la fiesta y participaremos de un súper regalo común que le vamos a hacer entre tod@s (gracias whatsapp por estos momentos que nos das para poder poner de acuerdo a más de 20 personas que apenas se conocen).
Por el esfuerzo de una mamá que ha preparado una súper fiesta a su pequeño con segurísimo enorme ilusión y ganas de que disfrute con sus compañeritos, por comenzar unos vínculos que pese a mi escepticismo pueden hacerse fuertes, porque creo firmemente en la importancia de compartir momentos con otras mamás y papás de la comunidad en la que tus hijos viven a diario, a pesar de que a veces te sientas lejos y pienses que la conexión va a ser difícil. Seguro que lo pasaremos genial y los más peques mucho mejor, que al final es lo que importa.
Yo nunca he entendido ni compartido mucho estas afirmaciones la verdad. Pero ahora todo lo veo tan claro... ¡Mañana nos vamos de cumpleaños!. Sí, sí... Paula está invitada al cumpleaños de su compi, que ya elevamos a la categoría de amigo Arián (je je ;-). En fin, que dentro de poco, creo que tendrá más agenda que su madre, que siendo sinceras, poco tiene que correr ya para eso...
La realidad es que la familia al completo estamos invitados a la fiesta. Son niños muy pequeños todavía para asistir a un cumple y quedar allí sólos a cargo de los papás del homenajeado; y por tanto allí estaremos los tres, dispuestos a socializar como nunca, pues creo que nos hace más falta a nosotros que a la chiquitina, que ya conoce de sobra a sus compis, pero nosotros los papás, tenemos que entablar amistades, relaciones, conocer y poner caras a un montón de papis y mamis que no conocemos, los que intuyo serán nuestros compañeros de batallas, de historias, de compra de regalos, de esperas a la puerta del colegio, o en la sala del pediatra, de acompañamiento en los caminos de idas y venidas al cole, y por qué no, de algunos o muchos favores que podemos tener que pedirnos, en los próximos años de escolarización.
Vivimos en una localidad relativamente pequeña, en la que voy intuyendo que el vecindario en mayor o menor medida se conoce, y las mamás y papás compartimos muchos espacios, muchos lugares en los que se van formando lazos más, o menos fuertes. Nosotros estamos comenzando, pero como digo, quedan años por delante, muchos y espero que bienavenidos.
Yo soy más de pensar que con 2 años, "¡ande vamos invitándonos a fiestas y creando agenda!". Aún ni siquiera entablan relaciones de afecto y de lo que podríamos llamar amistad entre ellos. A diario conviven juntos pero cuando les observas desde la distancia, sin intervenir y sin hacer ruido, más se ven situaciones de rivalidad que de cariño, se respetan pero aún no son amigos, se divierten pero aún más por su cuenta que juntos. Sobretodo los más chiquititos como es el caso de Paula. Será a partir de los 3 ó 4 años cuando comienzan a surgir sus primeras relaciones de lo que podríamos llamar amistad entre iguales.
Pero a pesar de todo, a pesar de que todavía no me siento tan cerca, de que no comparto muchas ideas y opiniones sobre educación de las pocas que oigo y observo, a pesar de todo eso, y por todas las razones que ya comentaba más arriba, iremos a la fiesta y participaremos de un súper regalo común que le vamos a hacer entre tod@s (gracias whatsapp por estos momentos que nos das para poder poner de acuerdo a más de 20 personas que apenas se conocen).
Por el esfuerzo de una mamá que ha preparado una súper fiesta a su pequeño con segurísimo enorme ilusión y ganas de que disfrute con sus compañeritos, por comenzar unos vínculos que pese a mi escepticismo pueden hacerse fuertes, porque creo firmemente en la importancia de compartir momentos con otras mamás y papás de la comunidad en la que tus hijos viven a diario, a pesar de que a veces te sientas lejos y pienses que la conexión va a ser difícil. Seguro que lo pasaremos genial y los más peques mucho mejor, que al final es lo que importa.
viernes, 1 de noviembre de 2013
El Sombrero Lila
A los 3 años: Se mira en el espejo y ve una reina.
A los 8: Se mira y ve a Cenicienta.
A los 15: Se mira y ve una hermanastra fea (de Cenicienta) "¡Mamá, no puedo ir a la escuela con este aspecto!"
A los 20: Se mira y se ve "demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado baja, demasiado alta, cabello demasiado rizado, demasiado liso", pero decide que va a salir de todas formas.
A los 30: Se mira y se ve "demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado baja, demasiado alta, cabello demasiado rizado, demasiado liso", pero decide que no tiene tiempo para arreglarlo y va a salir de todas formas.
A los 40: Se mira y ve "demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado baja, demasiado alta, cabello demasiado rizado, demasiado liso", pero dice "por lo menos estoy 'limpia", y sale de todas formas.
A los 50: Se mira y ve "yo soy" y va por donde quiere ir.
A los 60: Se mira y se acuerda de todas las personas que ya no se pueden ver en el espejo. Sale y conquista el mundo.
A los 70: Se mira y ve sabiduría, risas y capacidad. Sale y disfruta de la vida.
A los 80: Ni se preocupa en mirar. Simplemente se pone un sombrero lila y sale a divertirse con el mundo.
El sombrero lila. Qué gracia... Hace poco volví a cruzárme con estas palabras y los recuerdos vinieron sólos... Una buena amiga de entonces (entonces era cuando teníamos pocos años y mucha ilusión y ganas de reir por todo), que las circunstancias hicieron que ya no lo sea, nos enseñó un buen día esta pequeña historieta que a todas nos encantó; y a menudo cuando nos encontrábamos "bajitas" de moral y demasiado flacas, o demasiado altas, o demasiado gordas, o demasiado lo que narices sea que nos encontráramos, nos repetíamos las unas a las otras "¡Me pongo el sombrero lila y salgo a comerme el mundo!". Y por lo menos ese día, sí que nos poníamos ese sombrero lila e imaginario que tanta gracia nos hacía...
Qué recuerdos tan bonitos. Casi siempre en nuestro frenético día a día, el pobre sombrero lila queda olvidado y relegado en lo más hondo del armario y olvidamos con él, simplemente disfrutar con lo que hay.
Espero Paula, que desde ahora y siempre, ¡te pongas el sombrero lila! cada día de tu vida y disfrutes y te rías siempre, muestre lo que muestre el espejo.
A los 8: Se mira y ve a Cenicienta.
A los 15: Se mira y ve una hermanastra fea (de Cenicienta) "¡Mamá, no puedo ir a la escuela con este aspecto!"
A los 20: Se mira y se ve "demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado baja, demasiado alta, cabello demasiado rizado, demasiado liso", pero decide que va a salir de todas formas.
A los 30: Se mira y se ve "demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado baja, demasiado alta, cabello demasiado rizado, demasiado liso", pero decide que no tiene tiempo para arreglarlo y va a salir de todas formas.
A los 40: Se mira y ve "demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado baja, demasiado alta, cabello demasiado rizado, demasiado liso", pero dice "por lo menos estoy 'limpia", y sale de todas formas.
A los 50: Se mira y ve "yo soy" y va por donde quiere ir.
A los 60: Se mira y se acuerda de todas las personas que ya no se pueden ver en el espejo. Sale y conquista el mundo.
A los 70: Se mira y ve sabiduría, risas y capacidad. Sale y disfruta de la vida.
A los 80: Ni se preocupa en mirar. Simplemente se pone un sombrero lila y sale a divertirse con el mundo.
El sombrero lila. Qué gracia... Hace poco volví a cruzárme con estas palabras y los recuerdos vinieron sólos... Una buena amiga de entonces (entonces era cuando teníamos pocos años y mucha ilusión y ganas de reir por todo), que las circunstancias hicieron que ya no lo sea, nos enseñó un buen día esta pequeña historieta que a todas nos encantó; y a menudo cuando nos encontrábamos "bajitas" de moral y demasiado flacas, o demasiado altas, o demasiado gordas, o demasiado lo que narices sea que nos encontráramos, nos repetíamos las unas a las otras "¡Me pongo el sombrero lila y salgo a comerme el mundo!". Y por lo menos ese día, sí que nos poníamos ese sombrero lila e imaginario que tanta gracia nos hacía...
Qué recuerdos tan bonitos. Casi siempre en nuestro frenético día a día, el pobre sombrero lila queda olvidado y relegado en lo más hondo del armario y olvidamos con él, simplemente disfrutar con lo que hay.
Espero Paula, que desde ahora y siempre, ¡te pongas el sombrero lila! cada día de tu vida y disfrutes y te rías siempre, muestre lo que muestre el espejo.
viernes, 11 de octubre de 2013
Arrepentida
Nunca he sido yo muy de arrepentirme de nada en la vida, ni siquiera de las cosas que sé que he hecho mal, pero mal mal... y que no volvería a hacer jamás. Soy más de pensar que quizá lo pasado, haya pasado por algo, que quizá de algún modo (recóndito e insospechado a veces...) haya servido de aprendizaje, de lección de vida, de esas que en el momento te dejan hecha unos zorros y te quieres morir, pero que con el tiempo relativizas y siempre le sacas hasta la moraleja. De alguna forma, son cosas que te van haciendo a ti misma. Como digo, no me arrepiento de las cosas que hice, incluso de las que no estoy orgullosa, porque todas y cada una de ellas forman parte de lo que soy ahora. Y la persona en la que me he convertido, sí que me gusta, con todos los defectos y todas las virtudes, con todos los matices, y con todas las experiencias que cuelgan en la mochila, las buenas y las malas, pero aún así me gusta. Esto ha costado, y son años de trabajo y de mucha introspección, pero ahora creo que sí lo puedo decir.
Y en cualguier caso, y a toro pasado, ya para qué te vas a arrepentir. Mejor mirarlo con la gracia que le aportan los años y la experiencia a ciertos acontecimientos pasados.
Pero sí que hay una cosa, de la que me arrepiento mucho... Todo lo que es posible que alguien se arrepienta de algo. Y es haber dejado la maternidad para tan tarde. No es quizá una cuertión que dependa sólo de una... pero aún así, tengo que decir, que desde el minuto 1, en el que me convertí en madre, supe que esto era lo que había estado esperando tanto tiempo (y no sólo por el tiempo que tardó en llegar desde que lo decidimos), también por el tiempo que tardamos en decidirlo. La vida se te da la vuelta como un calcetín y lo que antes era negro, ahora es blanco como la leche, y viceversa. Ahora sé, que esta sensación que tengo al mirar a Paula, al reir con Paula, al compartir momentos en familia, observar cómo aprende, cómo crece, cómo vive, como a su padre y a mí se nos queda cara de lelos mirándola... es lo más cercano que he estado jamás de la felicidad más pura y absoluta. Que mi papel de madre en la vida, es el que hace que casi todo lo que antes no encontraba un significado, ahora lo encuentre a la perfección. Me siento agusto en este papel, siento como si fuese el que estaba destinado para mí, y en el que me desenvuelvo a la perfección, sin haberme ni siquiera mirado el guión.
Ahora las circunstancias se dan todas la mano con Murphy, y hacen que sea entre complicado e imposible pensar en formar la familia que mi cuerpo, mi mente y hasta mi alma soñaban y sueñan con formar. Y detrás de estos pensamientos, viene la culpabilidad. Culpabilidad por sentir lo que siento, por desear algo más de lo que ya tengo, que ya de por sí es tan maravilloso que el simple hecho de pensar en otra cosa te hace sentir egoista. Pero ni todo el sentimiento de culpabilidad del mundo, ni toda la certeza de saber que sería multimillonaria, si la riqueza se midiese en kilos de cariño y felicidad, me puede apartar de ese sentimiento. Ese regusto amargo por pensar que hice mal, que quizá, y digo sólo quizá, si no hubiese retrasado tanto el momento de ser mamá, hubiesen sido las cosas de otra manera un poco más parecida a lo que mi cabecita sueña.
Y en cualguier caso, y a toro pasado, ya para qué te vas a arrepentir. Mejor mirarlo con la gracia que le aportan los años y la experiencia a ciertos acontecimientos pasados.
Pero sí que hay una cosa, de la que me arrepiento mucho... Todo lo que es posible que alguien se arrepienta de algo. Y es haber dejado la maternidad para tan tarde. No es quizá una cuertión que dependa sólo de una... pero aún así, tengo que decir, que desde el minuto 1, en el que me convertí en madre, supe que esto era lo que había estado esperando tanto tiempo (y no sólo por el tiempo que tardó en llegar desde que lo decidimos), también por el tiempo que tardamos en decidirlo. La vida se te da la vuelta como un calcetín y lo que antes era negro, ahora es blanco como la leche, y viceversa. Ahora sé, que esta sensación que tengo al mirar a Paula, al reir con Paula, al compartir momentos en familia, observar cómo aprende, cómo crece, cómo vive, como a su padre y a mí se nos queda cara de lelos mirándola... es lo más cercano que he estado jamás de la felicidad más pura y absoluta. Que mi papel de madre en la vida, es el que hace que casi todo lo que antes no encontraba un significado, ahora lo encuentre a la perfección. Me siento agusto en este papel, siento como si fuese el que estaba destinado para mí, y en el que me desenvuelvo a la perfección, sin haberme ni siquiera mirado el guión.
Ahora las circunstancias se dan todas la mano con Murphy, y hacen que sea entre complicado e imposible pensar en formar la familia que mi cuerpo, mi mente y hasta mi alma soñaban y sueñan con formar. Y detrás de estos pensamientos, viene la culpabilidad. Culpabilidad por sentir lo que siento, por desear algo más de lo que ya tengo, que ya de por sí es tan maravilloso que el simple hecho de pensar en otra cosa te hace sentir egoista. Pero ni todo el sentimiento de culpabilidad del mundo, ni toda la certeza de saber que sería multimillonaria, si la riqueza se midiese en kilos de cariño y felicidad, me puede apartar de ese sentimiento. Ese regusto amargo por pensar que hice mal, que quizá, y digo sólo quizá, si no hubiese retrasado tanto el momento de ser mamá, hubiesen sido las cosas de otra manera un poco más parecida a lo que mi cabecita sueña.
miércoles, 9 de octubre de 2013
viernes, 4 de octubre de 2013
Por favor y Gracias
Hace no mucho, me llegó a través de facebook un escrito sobre lo mal educados que están en la actualidad nuestros niños. También decía algo así como que los que tenemos de 30 para arriba, somos la generación del "por favor" y el "gracias", que somos muy educados y que eso ahora al parecer ya no existe...
Mención aparte merece otra imagen que también me llegó por facebook (recordemos siempre que las redes sociales difunden todo, lo bueno, lo malo y lo regular) en la que aparecen dos fotografías, y dice así: "con más de esto...": Y un adulto sentado con un niño sobre sus rodillas al que está dando unos azotes, "habría menos de esto": y debajo una foto de una panda de chavales con aspecto así como un poco macarrilla.
Lamentable, la verdad. Pero más lamentable aún que tuviese algo así como sopotecientosmil "me gustas"... ¿De verdad tanta gente piensa eso...?. Me cuesta tanto creerlo.
Yo con estas cosas, la verdad es que alucino un poco y me enciendo más todavía. Entre otras cosas, porque asisto cada día, y cuando digo cada día, no estoy exagerando, es que asisto cada día, unas cuantas veces, a escenas en las que se falta el respeto descaradamente a los niños con gritos, insultos, amenazas, chantajes y hasta collejas u otras cosas peores. El otro día sin ir más lejos, en la sala de espera del médico (otorrino), una niña de unos 4 años, lloraba porque tenía que entrar a realizarse no sé qué prueba en la que le tenían que meter una sondita por la nariz. Yo sólo de pensarlo me pongo amarilla, pero como soy una adulta hecha y derecha, que no muy valiente pero sí con la mínima capacidad de razonar que algunas de las perrerías que me han de hacer pueden ser por mi bien, entonces aguanto mi miedo y lágrimas en ocasiones; pero esta pobre niña, estaba siendo víctima de toda serie de amenazas, chantajes y hasta insultos, por no querer entrar voluntariamente y airosa ella, a que un extraño le metiese un aparato por la nariz. ¿Pero cómo se puede tener tan poca empatía ¡por el amor de dos!?.¿Es que ninguno de los tres adultos que acompañaban a la pequeña, es capaz de ponerse por un segundo en su lugar, y sentir el miedo y el rechazo que le puede causar semejante situación...?.
Como decía, a diario (insisto, sí, a diario) veo todo tipo de faltas de respeto en cualquier parte y a todas horas. ¿Acaso a los niños se les pide que hagan las cosas por favor, y después se les da las gracias?. Esto debería ser un verdadero motivo de reflexión para muchos.
Yo creo que no, y lo que observo me da la razón. Yo creo que la mayoría de las veces y la mayoría de los adultos, ordenan cosas a los niños, sin ningún por favor y sin ningún gracias si es que obedecen y lo hacen. Y yo me pregunto, ¿por qué queremos niños obedientes?, ¿por qué la obediencia y sumisión está considerada, de manera casi universal, una virtud entre los niños?. ¿De verdad en el futuro será una caracterítica que nos gustará que tengan nuestros hijos en el trabajo, con los amigos, con la pareja...?. ¿Por qué entonces queremos que lo aprendan desde pequeños?. No lo entiendo. Supongo que las razones apuntan a que es más fácil tener a una persona a tu cuidado que te obedece sin rechistar ni cuestionar órdenes; que enseñar a una persona a razonar y a pensar por sí mismo qué es lo mejor o peor en cada momento, a tomar decisiones, a colaborar en el bienestar familiar, a cuidar de sí mismo, a respetarse y respetar a los demás.
Lo de la obediencia da para mucho, y merece ser tratado en otro momento. Yo, por mi parte, lo digo bien alto e incluso aquí lo dejo por escrito, NO QUIERO QUE MI HIJA SEA OBEDIENTE. Ni conmigo, ni por supuesto con nadie. Las órdenes vamos a dejarlas para el ejército, que allí parece que les gustan más. Mejor, hija mía, desde aquí te digo, puedes tener siempre plena confianza en mí. Yo intentaré velar por tu bienestar mientras pueda. Pero sobre todo, ten confianza en ti misma, puedes llegar a lograr todo lo que te propongas. Cuenta conmigo y con papá para lo que quieras, y si decides hacernos caso en lo que te aconsejemos o propongamos, que sea convencida de que lo que haces es lo mejor, nosotros intentaremos no darte órdenes, y espero que las únicas normas y leyes que rijan tu vida sean siempre el respeto, por ti y por los que te rodean. Así estás siendo educada y así espero que siga siendo.
Es muy difícil, se podría pensar, según desde el prisma que se mire. Debería ser bastante sencillo si nos esforzamos un poco más en conocer las necesidades físicas y emocionales del que tenemos enfrente. Y no sólo sus necesidades, sino también sus capacidades, que a veces es incluso más importante. Si logramos observar y conocer eso, resultará tarea sencilla. Sin ir más lejos, en el ejemplo de la niña en el médico, ¿de verdad alguien puede creer que un niño con 4 años puede ser capaz de entender y razonar que a pesar del miedo y reparo que dá, el que un extraño te meta algo por la nariz, quizá sea mejor que lo haga para saber lo que nos pasa y poder curarnos si hay algo que no funciona bien en nuestras narices?. Desde luego, el que piense que sí, no se ha parado mucho a reflexionar o investigar sobre lo que piensa y siente un niño.
Evidentemente y por desgracia, hay cosas que tienen que hacer sí o sí, no siempre por su propia voluntad. Y cosas que no podrán hacer, aunque su voluntad así lo desee. Su integridad física, la de los que le rodeen, y emocional por encima de todo. Hay mil maneras de hacerlo y de canalizar emociones, cada cual que elija las suyas.
Sólo creo, que si respetamos, obtendremos lo mismo, que si educamos con amor, aprenderán a darlo. Los padres, la familia y educadores somos sus primeros ejemplos.
Así que si queremos que las palabras "por favor" y "gracias" estén entre su vocabulario habitual, empleémoslas habitualmente con ellos. Si queremos que hagan algo, pidámoslo por favor, y si no quiere, no le apetece o no puede hacerlo en ese momento, respetémoslo y si da la casualidad que lo hace: "muchas gracias".
viernes, 27 de septiembre de 2013
Dos años por aquí...
Dos años ya por aquí, y si tuviese que destacar algo en una sóla palabra, sería sin duda "aprendizaje". Me encanta escribir, siempre me ha gustado y encontré en el blog una forma de hacerlo cómoda y bonita, compartiendo, y a su vez sin obligaciones ni quimeras. Pero lo que al principio era simplemente eso y nada más, me fue uniendo a otros espacios, de un sitio fuí saltando a otro, y de unos conociendo otros. Y en cada uno de los rincones que a diario visito, encuentro información valiosa, sentimientos a flor de piel, relatos sinceros, con mucha gracia a veces y descorazonados en otras ocasiones, recomendaciones de libros, páginas web, talleres, eventos... y así podría seguir hasta cansarme.
Tanto es así que se han invertido los tiempos. Ahora leo más que escribo. Hay días que entro al blog para escribir, pero me enredo visitando las actualizaciones, y como digo voy saltando de un sitio a otro, me engancho literalmente, hasta que me doy cuenta de que se me ha escapado el tiempo de las manos, y que le estoy robando demasiados minutos a las pocas horas de sueño que tengo, por lo que escribir queda relegado y postergado para otro día con más tiempo, otro día y más tiempo que muchas veces no llegan. A veces las ideas se agolpan, las ganas también, pero el día no se estira más.
He aprendido tanto... Y una de las cosas más valiosas que he aprendido es a contrastar. A saber diferenciar una informaión veraz y con argumentos, de una basada sólo en la charlatanería de algun@s. A no pararme en las primeras ramas, a no quedarme con lo primero que lees, con lo primero que cualquiera que se autoasigna méritos te diga. Es algo que siempre me pareció importante y que ya tenía muy presente desde mis tiempos de estudiante, pero desde que empecé con este blog y conocí otros tantos me parece fundamental, y con la práctica, la verdad ¡me he vuelto una experta!. ¡Vamos, que no me la dan con queso! ;-). Siempre tuve claras ciertas cosas, pero es que ahora están cristalinas.
Busco, busco y busco sobre lo que me interesa y me inquieta (que por cierto son mil millones de cosas... uffff es muy cansado...), leo, leo y leo, comparo y me intereso. Y encuentro mil sitios con cosas verdaderamente apasionantes.
Y como el que no quiere la cosa, la razón de todo esto, que no es otra que la pequeña Paula, crece y crece como nuestro blog, como los demás blog que leemos, a un ritmo vertiginoso y sin pausa. Estamos en una etapa de grandes cambios, de ir muy deprisa, cada día una palabra nueva (cuando no dos o tres), cada día un descubrimiento, un avance más en su autonomía, en sus relaciones, y cada día más y más amor. Nos da unos besos que nos hacen derretir, nos dice unas cositas con su media lengua de trapo que nos derrite aún más si se puede, y en definitiva hace que nuestros días estén llenos de pura felicidad.
Dos años en definitiva con un balance más que positivo y que me han aportado muchas cosas. Hay personas que no conozco ni me conocen, que están detrás de esta pantalla algunas incluso a las que no pongo aún cara, y con las que siento una conexión increíble, bastante más que con algunas de las personas con las que convivo a diario y con las que comparto gran parte del día. Pasan algunos días, de repente una publicación, entro y leo, y se dibuja en mi cara una gran sonrisa, a veces lágrimas, a veces enfado o indignación, todo por unas palabras que alguien, en algún lugar de este país, o de otro, ha dejado correr y ha compartido. Eso, sin duda, no tiene precio.
Por todo esto y mucho más, deseo que vengan muuuuuuchos años más aprendiendo y compartiendo.
Tanto es así que se han invertido los tiempos. Ahora leo más que escribo. Hay días que entro al blog para escribir, pero me enredo visitando las actualizaciones, y como digo voy saltando de un sitio a otro, me engancho literalmente, hasta que me doy cuenta de que se me ha escapado el tiempo de las manos, y que le estoy robando demasiados minutos a las pocas horas de sueño que tengo, por lo que escribir queda relegado y postergado para otro día con más tiempo, otro día y más tiempo que muchas veces no llegan. A veces las ideas se agolpan, las ganas también, pero el día no se estira más.
He aprendido tanto... Y una de las cosas más valiosas que he aprendido es a contrastar. A saber diferenciar una informaión veraz y con argumentos, de una basada sólo en la charlatanería de algun@s. A no pararme en las primeras ramas, a no quedarme con lo primero que lees, con lo primero que cualquiera que se autoasigna méritos te diga. Es algo que siempre me pareció importante y que ya tenía muy presente desde mis tiempos de estudiante, pero desde que empecé con este blog y conocí otros tantos me parece fundamental, y con la práctica, la verdad ¡me he vuelto una experta!. ¡Vamos, que no me la dan con queso! ;-). Siempre tuve claras ciertas cosas, pero es que ahora están cristalinas.
Busco, busco y busco sobre lo que me interesa y me inquieta (que por cierto son mil millones de cosas... uffff es muy cansado...), leo, leo y leo, comparo y me intereso. Y encuentro mil sitios con cosas verdaderamente apasionantes.
Y como el que no quiere la cosa, la razón de todo esto, que no es otra que la pequeña Paula, crece y crece como nuestro blog, como los demás blog que leemos, a un ritmo vertiginoso y sin pausa. Estamos en una etapa de grandes cambios, de ir muy deprisa, cada día una palabra nueva (cuando no dos o tres), cada día un descubrimiento, un avance más en su autonomía, en sus relaciones, y cada día más y más amor. Nos da unos besos que nos hacen derretir, nos dice unas cositas con su media lengua de trapo que nos derrite aún más si se puede, y en definitiva hace que nuestros días estén llenos de pura felicidad.
Dos años en definitiva con un balance más que positivo y que me han aportado muchas cosas. Hay personas que no conozco ni me conocen, que están detrás de esta pantalla algunas incluso a las que no pongo aún cara, y con las que siento una conexión increíble, bastante más que con algunas de las personas con las que convivo a diario y con las que comparto gran parte del día. Pasan algunos días, de repente una publicación, entro y leo, y se dibuja en mi cara una gran sonrisa, a veces lágrimas, a veces enfado o indignación, todo por unas palabras que alguien, en algún lugar de este país, o de otro, ha dejado correr y ha compartido. Eso, sin duda, no tiene precio.
Por todo esto y mucho más, deseo que vengan muuuuuuchos años más aprendiendo y compartiendo.
viernes, 13 de septiembre de 2013
Un pan debajo del brazo.
No puedo entender a las personas para las que tener o no tener hijos, o tener o no tener más hijos, se convierte en una cuestión meramente económica. "No me puedo permitir tener otro hijo"... Alucinante, la verdad...
Como si fuese un BMW. Mire, es que no puedo tener un BMW porque es muy caro de mantener, que luego hay que cambiarle las ruedas y las pastillas de freno, y sale muy caro. Y claro, ¡cada revisión es una pasta!. Pues lo mismo... No tengo otro hijo, que es muy caro de mantener... Pensar en los hijos como si fuesen un producto o capricho más, un artículo de los muchos que vamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida, me parece muy triste y hasta egoista si cabe.
Yo creo que tener y formar una familia es un acto de amor, de lealtad y de compromiso incondicional con las personas que la forman. No es una cuestión económica, no son unas vacaciones, ni un coche, ni un ordenador. O no debería serlo. Quizá pienso así porque crecí en una familia de tres hermanos, porque he aprendido, he reído y he llorado a su lado, porque quiero a toda mi familia a rabiar, y no siempre había para todo ni para todos, pero no puedo imaginar ni por un momento que alguno de ellos no hubiese existido.
No me parece justo pensar en los hijos en cifras, sacar una hoja de excel y rellenar celdas y celdas con los números que nos costará mantenerlo. ¿Mantenerlo?. Ya me chirría un poco la palabra. ¿Mantenerlo cómo...?. ¿Mantenerlo con vida?, esto es relativamente fácil a nada que le pongas un poco de empeño, ¿mantenerlo seguro, amado y feliz?, esto tampoco me parece algo muy relacionado con los ingresos mensuales. Mantenerlo alimentado, abrigado y bajo techo, eso ya es otro cantar, entramos en terreno económico. Pero, también queremos y debemos alimentarnos y sobrevivir nosotros ¿no?. Eso contamos con hacerlo. Las cosas pueden ponerse mal, muy mal y peor, pero siempre hay soluciones, siempre hay recursos si lo único que falla es el dinero. No sé por qué, pero me ha venido a la cabeza la película "En busca de la felicidad". Un poco yanqui, como no... pero muy muy bonita.
No es condición necesaria para ser infeliz, ser pobre. Hay niños tremendamente infelices viviendo en casas enormes, con habitaciones llenas de juguetes y play station. No es una idea hippie, como piensa por ahí alguno que otro que yo me sé..., ni tampoco una idea traída de un mundo feliz y mágico. Es la cruda realidad, lo mejor que le podemos regalar a un hijo es nuestro tiempo, ese del que tanto carecemos hoy en día.
Lo que creo es que hemos perdido un poco el norte. Creo que estamos tan acostumbrados a las comodidades, a tenerlo todo, a querer más de todo, a la cultura del que más vale es el que más tiene, el que más gana y de paso el que tiene el mejor trabajo, el mejor coche y el que viaja más lejos cada año.
Creo que estamos tan colmados de eso, que otros valores mucho más importantes como la familia, la humildad y el valor de cosas mucho más pequeñas a priori, han quedado atrás. Preferimos pasar mucho menos tiempo con los nuestros pero ganar un poco más, para comprar un montón de cosas que no necesitamos.
Quizá por eso, la mujer que decide quedarse en casa a cuidar y educar a sus hijos, es una maruja, y por supuesto esos hijos unos desadaptados y antisociales por no estar muchas horas al día en una guardería socializando con otros tantos. (Léase esto último con el modo ironía activado.)
La familia para mí tiene otro significado. Se ayudan, se aman, se necesitan y comparten penas y alegrías. Tener a mi hija es lo mejor que he vivido, y tenerla cada día a mi lado no hace más que darme alegrías y satisfacciones y ningún bache económico que pasemos va a cambiar eso ni borrar todo el amor que nos damos. Si tuviese que vivir con menos, lo haría sin duda, viviría hasta sin nada, pero lo que ya no imagino es la vida sin ella.
Me acuerdo muchas veces de una cita de nuestro querido Carlos González en su libro "Bésame Mucho", en la que cuenta que su padre siempre le decía:
"Puedes críar un hijo más de los que creas que puedes mantener, y a uno menos de los que creas que tienes tiempo para cuidar".
Qué acertado estaba ese padre... Quizá la decisión de tener o no tener hijos debería ir más en función de lo que vayas a poder dedicarte a criar a ese niño. Porque total...¡ellos vienen con un pan debajo del brazo!.
Como si fuese un BMW. Mire, es que no puedo tener un BMW porque es muy caro de mantener, que luego hay que cambiarle las ruedas y las pastillas de freno, y sale muy caro. Y claro, ¡cada revisión es una pasta!. Pues lo mismo... No tengo otro hijo, que es muy caro de mantener... Pensar en los hijos como si fuesen un producto o capricho más, un artículo de los muchos que vamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida, me parece muy triste y hasta egoista si cabe.
Yo creo que tener y formar una familia es un acto de amor, de lealtad y de compromiso incondicional con las personas que la forman. No es una cuestión económica, no son unas vacaciones, ni un coche, ni un ordenador. O no debería serlo. Quizá pienso así porque crecí en una familia de tres hermanos, porque he aprendido, he reído y he llorado a su lado, porque quiero a toda mi familia a rabiar, y no siempre había para todo ni para todos, pero no puedo imaginar ni por un momento que alguno de ellos no hubiese existido.
No me parece justo pensar en los hijos en cifras, sacar una hoja de excel y rellenar celdas y celdas con los números que nos costará mantenerlo. ¿Mantenerlo?. Ya me chirría un poco la palabra. ¿Mantenerlo cómo...?. ¿Mantenerlo con vida?, esto es relativamente fácil a nada que le pongas un poco de empeño, ¿mantenerlo seguro, amado y feliz?, esto tampoco me parece algo muy relacionado con los ingresos mensuales. Mantenerlo alimentado, abrigado y bajo techo, eso ya es otro cantar, entramos en terreno económico. Pero, también queremos y debemos alimentarnos y sobrevivir nosotros ¿no?. Eso contamos con hacerlo. Las cosas pueden ponerse mal, muy mal y peor, pero siempre hay soluciones, siempre hay recursos si lo único que falla es el dinero. No sé por qué, pero me ha venido a la cabeza la película "En busca de la felicidad". Un poco yanqui, como no... pero muy muy bonita.
No es condición necesaria para ser infeliz, ser pobre. Hay niños tremendamente infelices viviendo en casas enormes, con habitaciones llenas de juguetes y play station. No es una idea hippie, como piensa por ahí alguno que otro que yo me sé..., ni tampoco una idea traída de un mundo feliz y mágico. Es la cruda realidad, lo mejor que le podemos regalar a un hijo es nuestro tiempo, ese del que tanto carecemos hoy en día.
Lo que creo es que hemos perdido un poco el norte. Creo que estamos tan acostumbrados a las comodidades, a tenerlo todo, a querer más de todo, a la cultura del que más vale es el que más tiene, el que más gana y de paso el que tiene el mejor trabajo, el mejor coche y el que viaja más lejos cada año.
Creo que estamos tan colmados de eso, que otros valores mucho más importantes como la familia, la humildad y el valor de cosas mucho más pequeñas a priori, han quedado atrás. Preferimos pasar mucho menos tiempo con los nuestros pero ganar un poco más, para comprar un montón de cosas que no necesitamos.
Quizá por eso, la mujer que decide quedarse en casa a cuidar y educar a sus hijos, es una maruja, y por supuesto esos hijos unos desadaptados y antisociales por no estar muchas horas al día en una guardería socializando con otros tantos. (Léase esto último con el modo ironía activado.)
La familia para mí tiene otro significado. Se ayudan, se aman, se necesitan y comparten penas y alegrías. Tener a mi hija es lo mejor que he vivido, y tenerla cada día a mi lado no hace más que darme alegrías y satisfacciones y ningún bache económico que pasemos va a cambiar eso ni borrar todo el amor que nos damos. Si tuviese que vivir con menos, lo haría sin duda, viviría hasta sin nada, pero lo que ya no imagino es la vida sin ella.
Me acuerdo muchas veces de una cita de nuestro querido Carlos González en su libro "Bésame Mucho", en la que cuenta que su padre siempre le decía:
"Puedes críar un hijo más de los que creas que puedes mantener, y a uno menos de los que creas que tienes tiempo para cuidar".
Qué acertado estaba ese padre... Quizá la decisión de tener o no tener hijos debería ir más en función de lo que vayas a poder dedicarte a criar a ese niño. Porque total...¡ellos vienen con un pan debajo del brazo!.
viernes, 12 de julio de 2013
La silla de pensar
¿Por qué no creo en las sillas/rincones/habitaciones de pensar?.
La silla de pensar es un método para castigar a los niños cuando estén llevando a cabo una conducta que nos parece inadecuada, que consiste en apartarle de la escena y sentarle en una sillita para que piense y reflexione sobre lo que ha hecho (en realidad sobre lo mal que lo ha hecho...). No deja de ser una variación con nombre más exótico y molón del clásico "time out o tiempo fuera", que no es otra cosa que retirar al niño del lugar en el que se encuentra cuando se "está portando mal" y tenerle en otro lugar durante unos minutos, que según lo establecido, (por algunos psicólogos que no piensan como yo...), ha de ser 1 minuto por cada año de edad.
Creo que esta entrada la empezaré por el final, por decir que la conclusión es que me parece cruel, humillante, ruín y de la mínima empatía, apartar a un niño indefenso, por el artículo 33 (por muchas explicaciones y razones que le des) cuando NOSOTROS creemos que se ha equivocado o que ha actuado mal.
Hace no mucho oí a una mamá como contaba que a su hijo de dos años le habían pegado en el cole y que la cuidadora le había dicho que son cosas que pasan a esa edad, y que al otro niño lo habían enviado a la "sillita de pensar", pero claro no había que olvidar que sólo tenía 20 meses...
Y el motivo de que me ha llevado a escribir sobre esto es que, aunque a la pequeñina le queda aún un curso más en la guarde, últimamente no sé muy bien por qué, me planteo muchas veces cómo va a ser el cole de Paula después de esta etapa, qué tal se adaptará al cambio, qué tipo de enseñanza les darán, cómo resolverá su profesora determinadas situaciones o conflictos, etc.
Por fortuna no lo utilizan en la clase de mi hija. Me consta que cuando algún niño pega, muerde o en definitiva molesta a los demás, lo apartan directamente de ese otro niño o del juego en ese momento. Limando un poco las formas, lo prefiero así. Me parece más adecuado no permitir, en el sentido más físico de la palabra, que un niño pegue a los demás, (y sí, no permitir aunque esto signifique que te tengas que poner en medio a modo de parapeto y simplemente digas, "No, eso no está permitido") que mandarlo a pensar en no sé qué narices creen que va a pensar en una silla y apartado.
Y dicho esto, ahora sí, diré las razones por las que esta práctica me parece una mala idea. Seguro que hay tantos motivos para no usarla, como personas en el mundo estén en desacuerdo. Todas ellas igual de buenas, seguro. Las mías, desde un punto de vista personal y también como psicóloga (...porque hay más psicología infantil después de Super Nanny...) son estas:
- ¿Por qué entrar en valoraciones?. ¿Por qué dejarle sólo pensando que algo está mal, si a lo mejor para el niño está perfecto?. Pegar, tirar un jarrón y romperlo, sacar las cosas de los armarios, son conductas que a casi todos nos pueden parecer que "están mal" o son inadecuadas. ¿Seguro?... Si logramos ponernos por un momento en la mente de ese niño, seguro nos podría dar mil y una razones por las que esas conductas están requetebien!. Mejor mostrarle y enseñarle poco a poco las consecuencias de sus actos, y las cosas que en determinados contextos no debería hacer porque pueden molestar a otros.
- ¿Castigado a pensar?... Esto no merece ni comentario. Reflexionar, pensar, valorar, NUNCA debería ser un castigo.
- Cuando se sienten en la silla, rincón o habitación de aislamiento a pensar, ¿de verdad a alguna mente inteligente se le ha ocurrido que van a reflexionar sobre su conducta y lo mal que han actuado, y se levantarán convendidos de que no deben volver a actuar así?... Es muy inocente creer que el niño va a pensar en positivo él solito. Yo creo que muy al contrario, su cabreo se acrecentará, tendrá rabia contenida, enfado, y los pensamientos que llegan a la mente bajo esos estados no suelen ser muy buenos...
- Lo más normal es que generemos tristeza y frusración en el niño. Sensación de abandono, de incomprensión y de ser juzgado. Yo al menos, no es lo que quiero que mi hija sienta, por muy mal que se haya comportado.
- El castigo no enseña nada bueno, no es ninguna lección en sí mismo. Castigan las personas que se encuentran en una posición de superioridad sobre otras, ya sea física o emocional. Así que lo que estamos dejando claro forzándoles a sentarse a pensar, es que nuestra posición con respecto a ellos es de superioridad, que nos deben obedecer sin cuestionar, y que no importa lo que piensen, siempre que actúen como a nosotros nos gusta.
- El camino a seguir ante una conducta inadecuada, creo que debe ser de acompañamiento, de diálogo, de comprensión y apoyo. Somos sus acompañantes y cuidadores, no sus jueces.
- Aunque la técnica funcione, no dejarán de hacer lo que sea que haya generado el castigo porque piensen que está mal, o que las consecuencias no son deseables, muy lejos de esto, dejarán de hacerlo por miedo al castigo, y por evitar ese mal rato. Una vez más, no estamos enseñando nada.
- Encuentro un riesgo bastante grande en educar a los niños bajo un sistema de recompensas y castigos, (ya hablé de ello aquí), y es que no estamos fomentando el desarrollo de la responsabilidad. No les hacemos responsables de sus conductas, somos nosotros en último término los que dirigimos qué hacer y qué no hacer. Y esto, me parece sumamente contraprudecente si queremos que se conviertan en adultos responsables de sus actos y consecuentes.
Es más fácil y rápido corregir, enseñar mediante el castigo y los premios, modificando poco a poco la conducta y personalidad que los niños van mostrando. Pero, sin duda, a mi me parece que vale la pena invertir tiempo (mucho tiempo, es cierto), ilusión, y fuerzas en enseñar y educar desde la libertad, desde el diálogo, desde el ejemplo, acompañando en todos los momentos con empatía, teniendo siempre en cuenta el momento de desarrollo en el que se encuentre el niño, valorando hasta dónde le podemos pedir, hasta dónde pueden llegar a comprender. En un futuro todo ese amor y comprensión estoy segura que dará sus frutos. Y entonces vendrá el tiempo de cosecha, el tiempo de recoger todo ese amor y empatía.
La silla de pensar es un método para castigar a los niños cuando estén llevando a cabo una conducta que nos parece inadecuada, que consiste en apartarle de la escena y sentarle en una sillita para que piense y reflexione sobre lo que ha hecho (en realidad sobre lo mal que lo ha hecho...). No deja de ser una variación con nombre más exótico y molón del clásico "time out o tiempo fuera", que no es otra cosa que retirar al niño del lugar en el que se encuentra cuando se "está portando mal" y tenerle en otro lugar durante unos minutos, que según lo establecido, (por algunos psicólogos que no piensan como yo...), ha de ser 1 minuto por cada año de edad.
Creo que esta entrada la empezaré por el final, por decir que la conclusión es que me parece cruel, humillante, ruín y de la mínima empatía, apartar a un niño indefenso, por el artículo 33 (por muchas explicaciones y razones que le des) cuando NOSOTROS creemos que se ha equivocado o que ha actuado mal.
Hace no mucho oí a una mamá como contaba que a su hijo de dos años le habían pegado en el cole y que la cuidadora le había dicho que son cosas que pasan a esa edad, y que al otro niño lo habían enviado a la "sillita de pensar", pero claro no había que olvidar que sólo tenía 20 meses...
En fin, mis ojos un día van a salirse del lugar que ocupan, de tantas y tantas aberraciones
que oigo y presencio.Y el motivo de que me ha llevado a escribir sobre esto es que, aunque a la pequeñina le queda aún un curso más en la guarde, últimamente no sé muy bien por qué, me planteo muchas veces cómo va a ser el cole de Paula después de esta etapa, qué tal se adaptará al cambio, qué tipo de enseñanza les darán, cómo resolverá su profesora determinadas situaciones o conflictos, etc.
Por fortuna no lo utilizan en la clase de mi hija. Me consta que cuando algún niño pega, muerde o en definitiva molesta a los demás, lo apartan directamente de ese otro niño o del juego en ese momento. Limando un poco las formas, lo prefiero así. Me parece más adecuado no permitir, en el sentido más físico de la palabra, que un niño pegue a los demás, (y sí, no permitir aunque esto signifique que te tengas que poner en medio a modo de parapeto y simplemente digas, "No, eso no está permitido") que mandarlo a pensar en no sé qué narices creen que va a pensar en una silla y apartado.
Y dicho esto, ahora sí, diré las razones por las que esta práctica me parece una mala idea. Seguro que hay tantos motivos para no usarla, como personas en el mundo estén en desacuerdo. Todas ellas igual de buenas, seguro. Las mías, desde un punto de vista personal y también como psicóloga (...porque hay más psicología infantil después de Super Nanny...) son estas:
- ¿Por qué entrar en valoraciones?. ¿Por qué dejarle sólo pensando que algo está mal, si a lo mejor para el niño está perfecto?. Pegar, tirar un jarrón y romperlo, sacar las cosas de los armarios, son conductas que a casi todos nos pueden parecer que "están mal" o son inadecuadas. ¿Seguro?... Si logramos ponernos por un momento en la mente de ese niño, seguro nos podría dar mil y una razones por las que esas conductas están requetebien!. Mejor mostrarle y enseñarle poco a poco las consecuencias de sus actos, y las cosas que en determinados contextos no debería hacer porque pueden molestar a otros.
- ¿Castigado a pensar?... Esto no merece ni comentario. Reflexionar, pensar, valorar, NUNCA debería ser un castigo.
- Cuando se sienten en la silla, rincón o habitación de aislamiento a pensar, ¿de verdad a alguna mente inteligente se le ha ocurrido que van a reflexionar sobre su conducta y lo mal que han actuado, y se levantarán convendidos de que no deben volver a actuar así?... Es muy inocente creer que el niño va a pensar en positivo él solito. Yo creo que muy al contrario, su cabreo se acrecentará, tendrá rabia contenida, enfado, y los pensamientos que llegan a la mente bajo esos estados no suelen ser muy buenos...
- Lo más normal es que generemos tristeza y frusración en el niño. Sensación de abandono, de incomprensión y de ser juzgado. Yo al menos, no es lo que quiero que mi hija sienta, por muy mal que se haya comportado.
- El castigo no enseña nada bueno, no es ninguna lección en sí mismo. Castigan las personas que se encuentran en una posición de superioridad sobre otras, ya sea física o emocional. Así que lo que estamos dejando claro forzándoles a sentarse a pensar, es que nuestra posición con respecto a ellos es de superioridad, que nos deben obedecer sin cuestionar, y que no importa lo que piensen, siempre que actúen como a nosotros nos gusta.
- El camino a seguir ante una conducta inadecuada, creo que debe ser de acompañamiento, de diálogo, de comprensión y apoyo. Somos sus acompañantes y cuidadores, no sus jueces.
- Aunque la técnica funcione, no dejarán de hacer lo que sea que haya generado el castigo porque piensen que está mal, o que las consecuencias no son deseables, muy lejos de esto, dejarán de hacerlo por miedo al castigo, y por evitar ese mal rato. Una vez más, no estamos enseñando nada.
- Encuentro un riesgo bastante grande en educar a los niños bajo un sistema de recompensas y castigos, (ya hablé de ello aquí), y es que no estamos fomentando el desarrollo de la responsabilidad. No les hacemos responsables de sus conductas, somos nosotros en último término los que dirigimos qué hacer y qué no hacer. Y esto, me parece sumamente contraprudecente si queremos que se conviertan en adultos responsables de sus actos y consecuentes.
Es más fácil y rápido corregir, enseñar mediante el castigo y los premios, modificando poco a poco la conducta y personalidad que los niños van mostrando. Pero, sin duda, a mi me parece que vale la pena invertir tiempo (mucho tiempo, es cierto), ilusión, y fuerzas en enseñar y educar desde la libertad, desde el diálogo, desde el ejemplo, acompañando en todos los momentos con empatía, teniendo siempre en cuenta el momento de desarrollo en el que se encuentre el niño, valorando hasta dónde le podemos pedir, hasta dónde pueden llegar a comprender. En un futuro todo ese amor y comprensión estoy segura que dará sus frutos. Y entonces vendrá el tiempo de cosecha, el tiempo de recoger todo ese amor y empatía.
domingo, 9 de junio de 2013
Las necesidades afectivas de los niños - Carlos González
La charla más esperada por mi dentro del Ciclo de Conferencias "Conociendo a nuestros hijos" por fin llegó. Y no defraudó en absoluto.
Carlos González vino para hablarnos de las necesidades afectivas en los niños.
Como él mismo dijo en un momento determinado, el que más y el que menos de los que estábamos allí sabíamos lo que iba a decirnos. Sabíamos de antemano cuál es su postura, cuáles son las necesidades que para él son fundamentales en los más pequeños.
Textualemente y con mucha gracia nos decía: "No sé para qué han venido...", con la consiguiente risa del personal en la sala.
Lo cierto es que las personas interesadas en este ciclo de conferencias, las personas vinculadas a la Asociación Besos y Brazos, en su gran mayoría saben que este doctor no viene a contarnos que nuestros hijos necesitan aprender independencia, que si le coges mucho en brazos se acostumbrará y no querrá bajar al suelo nunca más, que hay que ser firmes y poner límites ya que sino se te subirán a la chepa...
¡A esta ya se le han subido sin remedio! (Imagen mostrada por Carlos González en la conferencia)
Pero no es sólo lo que cuenta. Es cómo lo cuenta, cómo la sencillez y el sentido común parecen llenar todas sus palabras. Y todo ello aderezado con ese toque de humor que le caracteriza y que convierte casi en un monólogo toda una conferencia seria y respetable, sobre algo tan importante como las necesidades afectivas de la infancia.
Nos enseñó con continuas y graciosas comparaciones al mundo animal, cómo la necesidad de apego y contacto físico, es una necesidad primaria más, como el comer o el dormir. Viene grabado en nuestros genes desde hace millones de años y por tanto, nuestros hijos no nos manipulan y chantajean si lloran para pedir brazos, lo hacen porque "es lo que tienen que hacer", y dejan de llorar cuando les cojemos, al igual que dejan de llorar si tienen hambre y les das comida.
Nos enseñó también con numerosos ejemplos, cómo en otras sociedades que desde Occidente llamamos primitivas despectivamente, los niños forman parte desde que nacen del engranaje de la sociedad. Comparten su día a día y sus tareas con los adultos y parecen encajar bastante bien.
En nuestra sociedad, a priori tan avanzada e industrializada, parece que los más pequeños no tienen cabida en nuestros quehaceres. Se transmite e inculca que lo más importante cuando tienes hijos, es que vuelvas cuanto antes a recuperar tu vida anterior, tu vida de pareja, tu carrera profesional, tu silueta de antes, tus amigos, tus salidas.Y si no es así, es que tu bebé te está absorviendo y os estáis creando una dependencia insana. Pero eso sí, a nadie en su sano juicio se le ocurriría recomendarte cuando te casas que vuelvas cuanto antes a recuperar tus hábitos y tu vida de soltería...
Las palabras de Carlos González, siempre invitan al sentido común, a lo sencillo, al disfrute de la maternidad sin prejuicios, y sobre todo con empatía hacia el bebé. Pensando con ojos de niño, poniéndonos por un momento en sus zapatos.
Sin duda, una gran conferencia, difícil de resumir y de contar. Lo mejor, ver el vídeo que seguro dentro de poco se podrá disfrutar en la red.
Me gustaría para terminar esta entrada, dejar aquí el vídeo que nos mostró como ejemplo de lo sencillo que puede llegar a ser calmar a nuestro hijo cuando parece estar despertándose y moviéndose en plena noche. ¿Para qué acudir a libros, manuales sobre sueño infantil, tablas, y quién sabe cuántos inventos más?... No hay palabras...
Más tierno imposible. Un gran y unánime "Ohhhhhhhh" en la sala ratificó a nuestro ponente lo fácil que es calmar a un bebé en medio del sueño y hacer que más de 100 personas digan "Ohhhhhhhhhh" a la vez.
Carlos González vino para hablarnos de las necesidades afectivas en los niños.
Como él mismo dijo en un momento determinado, el que más y el que menos de los que estábamos allí sabíamos lo que iba a decirnos. Sabíamos de antemano cuál es su postura, cuáles son las necesidades que para él son fundamentales en los más pequeños.
Textualemente y con mucha gracia nos decía: "No sé para qué han venido...", con la consiguiente risa del personal en la sala.
Lo cierto es que las personas interesadas en este ciclo de conferencias, las personas vinculadas a la Asociación Besos y Brazos, en su gran mayoría saben que este doctor no viene a contarnos que nuestros hijos necesitan aprender independencia, que si le coges mucho en brazos se acostumbrará y no querrá bajar al suelo nunca más, que hay que ser firmes y poner límites ya que sino se te subirán a la chepa...
¡A esta ya se le han subido sin remedio! (Imagen mostrada por Carlos González en la conferencia)
Pero no es sólo lo que cuenta. Es cómo lo cuenta, cómo la sencillez y el sentido común parecen llenar todas sus palabras. Y todo ello aderezado con ese toque de humor que le caracteriza y que convierte casi en un monólogo toda una conferencia seria y respetable, sobre algo tan importante como las necesidades afectivas de la infancia.
Nos enseñó con continuas y graciosas comparaciones al mundo animal, cómo la necesidad de apego y contacto físico, es una necesidad primaria más, como el comer o el dormir. Viene grabado en nuestros genes desde hace millones de años y por tanto, nuestros hijos no nos manipulan y chantajean si lloran para pedir brazos, lo hacen porque "es lo que tienen que hacer", y dejan de llorar cuando les cojemos, al igual que dejan de llorar si tienen hambre y les das comida.
Nos enseñó también con numerosos ejemplos, cómo en otras sociedades que desde Occidente llamamos primitivas despectivamente, los niños forman parte desde que nacen del engranaje de la sociedad. Comparten su día a día y sus tareas con los adultos y parecen encajar bastante bien.
En nuestra sociedad, a priori tan avanzada e industrializada, parece que los más pequeños no tienen cabida en nuestros quehaceres. Se transmite e inculca que lo más importante cuando tienes hijos, es que vuelvas cuanto antes a recuperar tu vida anterior, tu vida de pareja, tu carrera profesional, tu silueta de antes, tus amigos, tus salidas.Y si no es así, es que tu bebé te está absorviendo y os estáis creando una dependencia insana. Pero eso sí, a nadie en su sano juicio se le ocurriría recomendarte cuando te casas que vuelvas cuanto antes a recuperar tus hábitos y tu vida de soltería...
Las palabras de Carlos González, siempre invitan al sentido común, a lo sencillo, al disfrute de la maternidad sin prejuicios, y sobre todo con empatía hacia el bebé. Pensando con ojos de niño, poniéndonos por un momento en sus zapatos.
Sin duda, una gran conferencia, difícil de resumir y de contar. Lo mejor, ver el vídeo que seguro dentro de poco se podrá disfrutar en la red.
Me gustaría para terminar esta entrada, dejar aquí el vídeo que nos mostró como ejemplo de lo sencillo que puede llegar a ser calmar a nuestro hijo cuando parece estar despertándose y moviéndose en plena noche. ¿Para qué acudir a libros, manuales sobre sueño infantil, tablas, y quién sabe cuántos inventos más?... No hay palabras...
Más tierno imposible. Un gran y unánime "Ohhhhhhhh" en la sala ratificó a nuestro ponente lo fácil que es calmar a un bebé en medio del sueño y hacer que más de 100 personas digan "Ohhhhhhhhhh" a la vez.
martes, 21 de mayo de 2013
Comienza el Cilclo de Conferencias: "Conociendo a nuestros hijos". Haciendo tribu
Este sábado dio comienzo el III Ciclo de Conferencias que llevan por título "Conociendo a nuestros hijos", organizado por la Asociación Besos y Brazos.
La primera del lote, y no ha defraudado en absoluto. José María Paricio nos habló sobre lactancia, un tema en el que se le puede considerar un experto, y sobre el que, según sus propias palabras llenas de gracia y sarcasmo, desde su cese en el hospital de Denia se dedica a conspirar.

"Ahora me dedico a hacer guardias y a conspirar sobre lactancia..."
No haré un resumen de la gran conferencia que fue, porque sería muy complicado condensar tanta y tan buena información. Y también, por qué no decirlo, porque ya lo han hecho otras con gran esmero y sin dejarse ni un ápice en el tintero. Aquí se puede leer.
Pero sí quería escribir y dejar aquí plasmado, que me gustó mucho ir. Y me gustó mucho por todo lo que se dijo y lo que aprendí. Pero lo más importante y lo que más me gustó, es que me sentí muy bien. No sabría muy bien cómo explicarlo, pero cuando entré y me senté, y observé a mi alrededor... no podía dejar de sonreir...
Los seres humanos, en nuestro día a día, nos movemos en grupos, muy diversos y heterogéneos, pero siempre vamos de un grupo a otro. En el trabajo, en el cole de los niños, con la familia, con los amigos de los tiempos de estudiante, con los que has ido haciendo por el camino, en el mercado...
Yo últimamente, en mi día a día, y con el grupo que tengo más cerquita la mayor parte del tiempo, he sentido que estaba fuera, que no encontraba mi sitio, a veces hasta sintiéndome bicho raro, o salmón nadando río arriba y contra corriente, sólo porque haces lo que crees que es lo más natural, lo que es bueno para tu hija y tu familia, lo que me sale de dentro. Al principio porque das la teta demasiado a menudo, luego porque la sigues dando, más tarde porque no te gustan las guarderías, porque quieres que se respeten sus ritmos, porque no estás de acuerdo con los castigos, con las recompensas, y un largo etcétera.
En la mayoría de ocasiones, esto no me suele afectar mucho. Estoy segura de lo que hacemos en casa, porque creo que nuestras decisiones se basan en nuestro instinto, nuestro amor y mucha información contrastada. Pero hay veces que sientes la soledad, y sientes tristeza porque te gustaría que las cosas fuesen de otra manera, te gustaría no estar sola en lo que sientes que es el mejor camino. Y piensas que para conseguirlo algo tiene que cambiar, y para que algo cambie, más personas tienen que ver las cosas como yo las veo.
Y esto es lo que sentí el sábado al entrar en ese salón de actos, y seguí sintiéndolo cuando uno por uno empezaban a hablar. Primero la directora médico del hospital, después los que representaban a Besos y Brazos, el ponente, hasta llegar a las y los asistentes. Era una oleada de optimismo, un horizonte que se abría, porque no había estado antes en una reunión con tanta gente que pensase tan parecido a mi, que actuase tan parecido y que hablase en los mismos términos. De repente ya no estaba tan sola en mis sentimientos, física y emocionalmente. Porque a veces la cercanía física también es importante.
Desde aquí, y sabiendo de antemano que probablemente no llegarán a su destino, me gustaría enviar mil millones de gracias a cada persona que está detrás de la pantalla escribiendo y dando información valiosa y poderosa, que da conferencias, que asiste a ellas, que las ve por internet, que forma grupos de lactancia ayudando y apoyando, sosteniendo a otras personas que estamos aquí, que creemos en las mismas cosas, y que a veces necesitamos de ese soporte para seguir haciendo un mundo mejor, porque de ello cada día estoy más convencida; la crianza con apego y respeto creará un mundo mejor, criará seres humanos con más conciencia de grupo, esa que tanta falta hace en los tiempos que corren, con más respeto hacia nosotros y el lugar que habitamos. Que seguramente los que estamos aquí ahora, no veamos ese gran cambio de paradigma, pero que es necesario que ocurra y que ocurra cuanto antes.
Después de escuchar a José María Paricio, mi visión es positiva, porque su visión también lo es. Desde los ojos de una persona que ha luchado en primera línea y como pediatra, por fomentar la lactancia materna, por un bien muy valioso para la humanidad,como él mismo lo describió, y que después de estudios, encuestas, y mucho mucho trabajo, piensa que algo está cambiando y que estamos recuperando algo que nunca debió perderse. Que las cosas se pueden y se deben hacer mucho mejor.
La primera del lote, y no ha defraudado en absoluto. José María Paricio nos habló sobre lactancia, un tema en el que se le puede considerar un experto, y sobre el que, según sus propias palabras llenas de gracia y sarcasmo, desde su cese en el hospital de Denia se dedica a conspirar.
"Ahora me dedico a hacer guardias y a conspirar sobre lactancia..."
No haré un resumen de la gran conferencia que fue, porque sería muy complicado condensar tanta y tan buena información. Y también, por qué no decirlo, porque ya lo han hecho otras con gran esmero y sin dejarse ni un ápice en el tintero. Aquí se puede leer.
Pero sí quería escribir y dejar aquí plasmado, que me gustó mucho ir. Y me gustó mucho por todo lo que se dijo y lo que aprendí. Pero lo más importante y lo que más me gustó, es que me sentí muy bien. No sabría muy bien cómo explicarlo, pero cuando entré y me senté, y observé a mi alrededor... no podía dejar de sonreir...
Los seres humanos, en nuestro día a día, nos movemos en grupos, muy diversos y heterogéneos, pero siempre vamos de un grupo a otro. En el trabajo, en el cole de los niños, con la familia, con los amigos de los tiempos de estudiante, con los que has ido haciendo por el camino, en el mercado...
Yo últimamente, en mi día a día, y con el grupo que tengo más cerquita la mayor parte del tiempo, he sentido que estaba fuera, que no encontraba mi sitio, a veces hasta sintiéndome bicho raro, o salmón nadando río arriba y contra corriente, sólo porque haces lo que crees que es lo más natural, lo que es bueno para tu hija y tu familia, lo que me sale de dentro. Al principio porque das la teta demasiado a menudo, luego porque la sigues dando, más tarde porque no te gustan las guarderías, porque quieres que se respeten sus ritmos, porque no estás de acuerdo con los castigos, con las recompensas, y un largo etcétera.
En la mayoría de ocasiones, esto no me suele afectar mucho. Estoy segura de lo que hacemos en casa, porque creo que nuestras decisiones se basan en nuestro instinto, nuestro amor y mucha información contrastada. Pero hay veces que sientes la soledad, y sientes tristeza porque te gustaría que las cosas fuesen de otra manera, te gustaría no estar sola en lo que sientes que es el mejor camino. Y piensas que para conseguirlo algo tiene que cambiar, y para que algo cambie, más personas tienen que ver las cosas como yo las veo.
Y esto es lo que sentí el sábado al entrar en ese salón de actos, y seguí sintiéndolo cuando uno por uno empezaban a hablar. Primero la directora médico del hospital, después los que representaban a Besos y Brazos, el ponente, hasta llegar a las y los asistentes. Era una oleada de optimismo, un horizonte que se abría, porque no había estado antes en una reunión con tanta gente que pensase tan parecido a mi, que actuase tan parecido y que hablase en los mismos términos. De repente ya no estaba tan sola en mis sentimientos, física y emocionalmente. Porque a veces la cercanía física también es importante.
Desde aquí, y sabiendo de antemano que probablemente no llegarán a su destino, me gustaría enviar mil millones de gracias a cada persona que está detrás de la pantalla escribiendo y dando información valiosa y poderosa, que da conferencias, que asiste a ellas, que las ve por internet, que forma grupos de lactancia ayudando y apoyando, sosteniendo a otras personas que estamos aquí, que creemos en las mismas cosas, y que a veces necesitamos de ese soporte para seguir haciendo un mundo mejor, porque de ello cada día estoy más convencida; la crianza con apego y respeto creará un mundo mejor, criará seres humanos con más conciencia de grupo, esa que tanta falta hace en los tiempos que corren, con más respeto hacia nosotros y el lugar que habitamos. Que seguramente los que estamos aquí ahora, no veamos ese gran cambio de paradigma, pero que es necesario que ocurra y que ocurra cuanto antes.
Después de escuchar a José María Paricio, mi visión es positiva, porque su visión también lo es. Desde los ojos de una persona que ha luchado en primera línea y como pediatra, por fomentar la lactancia materna, por un bien muy valioso para la humanidad,como él mismo lo describió, y que después de estudios, encuestas, y mucho mucho trabajo, piensa que algo está cambiando y que estamos recuperando algo que nunca debió perderse. Que las cosas se pueden y se deben hacer mucho mejor.
Ahora me siento un poco más dentro de una tribu virtual, que ya tengo la certeza que no es de mentira, existen y están ahí, son reales y de carne y hueso, aunque yo en mi día a día no pueda verl@s.
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