Mostrando entradas con la etiqueta conciliación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta conciliación. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de agosto de 2013

SEMANA MUNDIAL DE LA LACTANCIA MATERNA-2013




Si echo la vista atrás, me parece increíble que ya hayan pasado 20 meses con sus 30 días, con sus 30 noches desde aquel primer día en que Paula con pocos minutos en este mundo acercaba su boquita al pecho y empezaba a mamar como una leoncita...

Era tannnn pequeñita... Y esa sensación de la primera vez que abrió su boquita, todo lo que sus comisuras alcanzaban, y hacía lo que su instinto le marcaba, lo que su más fiero instinto le decía que hiciera y buscara. Aún recuerdo esa sensación en mi piel, en mi mente y en mis ojos. Espero no olvidarlo por mucho tiempo.

Desde ese momento, y como en su día conté, ha sido una maravilla, ensombrada sólo en ciertos momentos por inseguridades y falta de apoyo y de tribu cercana, que encontré sin duda en los libros y la red. La lactancia para nosotros ha sido un baile de brazos, colecho, mimos y mucho, pero que mucho amor. Los problemas han brillado por su ausencia (y soy consciente de la suerte que tenemos en ese sentido), y el apoyo en ocasiones también. Por esto, tengo que decir que Olé y Olé por ese Papá con Mayúsculas que ha hecho de soporte, sin el que sin duda, nada hubiese sido tan fácil, y que ha hecho de nuestra vida estos meses y de nuestra  lactancia todo un regalo. Te queremos taaaanto.

Este año, el lema de la Semana Mundial de la Lactancia hace mucha referencia a esto último, y me parece fantástico. ¡Desde aquí me uno a ello! ¡APOYO, por favor!. Para todas esas mamás que quieren dar lo mejor para ellas y para sus hijos, por tanto lo mejor también para la sociedad, para nuestra sanidad, para nuestra economía, para el futuro y sobre todo para nuestros bebés. Mucho apoyo, tan necesario en casi todos los casos. Apoyo siempre cercano, siempre continuo y por supuesto oportuno.

Cuando oigo otras historias de lactancia, tan diferentes, en las que oigo palabras como "sacrificio, esclavitud, enganche...", no puedo evitar sentir un poco de pena. Para mí, ha sido y es, algo (además de óptimo y sano para mi bebé por descontado), algo bonito, algo especial, momentos de unión y de complicidad únicos, de reencuentro, de miradas indescriptibles, de sentirme poderosa, de empatía con mi pequeña, de protección absoluta, de liberación... Sí, he dicho ¡de liberación!, en cualquier parte, a cualquier hora, sin previsión ni preparación, le puedo saciar su hambre, su sed, su necesidad de contacto y del acto de mamar. Cuando está enferma, cuando no puede ni quiere tomar otra cosa, el pecho siempre está indicado. Esa sensación, cuando ha estado malita en alguna ocasión y sólo tomaba tetita, de tener la certeza de que estaba recibiendo alimento, defensas, fuerzas que yo le inyectaba veloz y directas a su cuerpecito...

Ahora, y de forma inevitable, a veces pienso en el momento en que la tetita ya no esté. Siento nostalgia, aunque todavía no ha ocurrido. Lo veo más cerca, ahora que a veces ya no pide, ahora que a veces ya no quiere...

Todo a su tiempo, todo en su debido momento, y sobre todo respetando nuestros ritmos. El suyo, el mío, el de papá también.

Gracias Paula, por todo este tiempo. Gracias Papá Burbujita (mi amor, el hombre de nuestras vidas), por todo el cariño y apoyo en los pocos momentos no tan buenos, por cargar con todo y sostenernos sin que nada nos faltase.

Y no me puedo olvidar de dar unas gracias enormes a esa tribu virtual, que sin saberlo, sin conocernos, y desde la distancia; con sus escritos, con sus consejos, su buena información y de calidad, me han transmitido toda la seguridad y fuerza que a veces se te va sin darte cuenta. Gracias a Carlos González por su maravilloso "Un regalo para toda la vida". Gracias también y de nuevo a Matronasur, por aquellos consejos y recomendaciones, por esa gracia y naturalidad al explicarnos lo fácil que es escuchar a tu instinto.

¡GRACIAS, GRACIAS Y MIL GRACIAS. POR EL APOYO CERCANO, CONTÍNUO Y OPORTUNO!

Ahora ya no puedo imaginar lo que sería nuestra crianza sin la lactancia.


lunes, 22 de abril de 2013

Hay que compartir... ¿En serio?

Esta entrada es una mezcla de reafirmación de lo que yo ya pensaba desde hace tiempo, y un grito de ¡yo tengo razón! a todos los que piensan y proclaman lo contrario, porque lo necesito, porque de vez en cuando, escribirlo aquí es la única forma que encuentro de desahogarme. Pero mejor lo explico...

Este fin de semana hemos estado con una prima que tiene una hija 6 meses mayor que Paula.

La niña es un cielo y ella que entiende ya un poquito más que nuestra gordi, estaba deseando jugar con ella. Pero cuando llegamos, lo primero que hizo Paula ni corta ni perezosa fue quitarle su muñeca, quitarle también la sillita de juguete en la que la llevaba y allí sentó también a su muñeca, quedándose así con las dos y además con el cochecito, ante la mirada atónita de su prima que no tuvo por menos que echarse a llorar desconsolada ante la situación. ¡Pobre! Y ella que sólo quería jugar un ratito acompañada...

Y en mi cabeza resuenan como tambores las frases de "que vaya a la guardería es muy bueno!, aprenden a compartir, se socializan y aprenden a jugar con otros niños", ¿cómo me explican ahora todos los defensores de las maravillas de la escolarización temprana, por qué una niña que no ha pisado una guardería en su pajolera vida, entiende bastante mejor el concepto de compartir que una niña como la mía, que lleva yendo a la guarde desde los siete meses?. En fin... Recordaré esa escena cuando alguien me lo vuelva a decir.

Yo simplemente pienso que al igual que nos pasa a los adultos, cada niño es un mundo y por tanto tienen comportamientos diferentes. ¡Y me parece fenomenal que así sea!. Tendemos a querer estandarizarles como si fuesen robots y les intentamos convencer de cosas que ni nosotros mismos nos creemos.

- Fulanito, déjale ese juguete a ese niño, que hay que compartir...!

Y Fulanito pensará... ¿Ah sí...?. ¿Hay que compartir??. ¿Y por qué no compartes tú el móvil de 600 Euros que te trajeron los Reyes con la señora que está sentada a tu lado en el banco del parque???... ;-)


No creo que compartir sea una actitud que haya que imponer, ni mucho menos. Para empezar, si no quiere compartir sus cosas, que no lo haga no??. Digo yo que si son suyas, que haga lo que quiera. Creo que si no presionamos, si dejamos fluir los ritmos, en algún momento todos llegan a darse cuenta, que a veces es más divertido y productivo compartir algunas cosas para poder pasarlo mejor. No se debe coaccionar ni chantajear emocionalmente para que compartan. No me parece que sea el mejor camino.


Al margen de este razonamiento, últimamente pienso mucho en los cambios que observo en la peque, posteriores al comienzo de la guarde. Para no demonizar la escolarización, que no es el caso porque lo único que conseguiría con ello es torturarme más de lo que ya hice en su momento, diré que seguramente y dependiendo de la personalidad que  cada niño está formando en estas edades, a unos puede que les ayude en su proceso de socialización, a otros no les afecte, y a otros incluso les provoque cambios importantes haciendo un efecto contrario.

Creo que el caso de mi hija es este último. No sé si el ser la más chiquitita de todos los compis (en tamaño y en edad), la dinámica que se sigue en la clase, el carácter de la educadora, o todo junto han podido influir, pero cada día al ir a buscarla, noto cómo en ocasiones muestra su oposición, primero aferrándose en los primeros ratos a mí y a la tetita como un pequeño koala, y luego a veces enfrentándose, mostrando su enfado y descontento durante el resto de la tarde, incluso yo diría que su rabia. En las mañanas también vamos notando cada vez más esa oposición al cole, ante la desesperación de su madre que ya no puede darle más vueltas a la cabeza buscando alternativas que por el momento no existen.




lunes, 21 de enero de 2013

Tan sólo 24 horas...

Tan sólo 24 horas tienen mis días y sinceramente, no me alcanzan para todo lo que tengo que hacer...

Y digo "lo que tengo que hacer", porque no lo hago..., porque quiero pero acabo por no hacerlo...

El blog me reclama, me reclamo yo misma a través de él, y no veo el segundo adecuado para sentarme a escribir. Y es que ha llegado un momento, después de más de un año de su inauguración, que se ha convertido en una necesidad para mi. Siempre me gustó mucho escribir, pero en este espacio he encontrado el modo y la mejor vía de hacerlo de manera bonita, original y compartiendo.

Compartiendo con otros blogs amigos, y con gente anónima que a pesar de ello te hacen llegar todo el cariño, a través de sus frases o sólo de su visita. Cuando me siento a leer y escribir, es como si me metiese dentro de una pequeña habitación, que queda con la puerta abierta para dejar pasar a todo el que se asoma y le gusta lo que hay dentro.

Siento paz, mucho amor y satisfacción al sentarme en esta habitación a contar y expresar todo lo que aquí está quedando plasmado. Es una habitación cálida, azul, y decorada con todo lo que más me gusta del mundo. No son objetos, son personas, son historias, palabras que a veces rebusco en lo más hondo de mí, pero que otras veces salen solas y casi sin pedir permiso. Me siento relajada y plena. Me siento mejor y quiero que esta o estas historias sigan contándose.

Ahora que desde el día de Reyes, el blog se me hizo palpable a través del regalo del Papá Burbujita, lo siento más real que nunca y siento un orgullo especial al verlo convertido en libro, que enseñaremos a Paula en cuanto tenga ganas de verlo. Ella al fin y al cabo, es el impulso y la fuerza de todo esto.

Lloré como una magdalena cuando lo tuve en mis manos. Fue muy bonito. Lo leía como si lo hubiese escrito otro, y me emocionaba con cada palabra como si no las hubiese leído antes. Lloré sobre todo con esa dedicatoria que Papá Burbujita, como editor del libro nos regalaba en la primera hoja a la Mamá y a la pequeña Burbujita...

"Me gusta pensar que éste, que es hoy tu regalo, será en un día no tan lejano un regalo para Paula. Ansioso, espero escuchar a nuestra pequeña decir... Mami, cuéntame un cuento".

Tengo más ganas que nunca de escribir, tengo más ideas que nunca, más entradas en la cabeza, más risas, penurias, ideas, artículos que compartir, que nunca.... Pero tengo MENOS TIEMPO que nunca antes...

Paula está en un momento precioso. Cualquiera que ya haya  pasado por esto sabe que es verdad, y que no estoy cegada por el amor materno que ve en cada etapa, la más bonita y maravillosa de todas las etapas que vivirá su retoño. Ahora cada día me descubre y se descubre algo nuevo, y es literal, porque llevamos unas semanas que el papi y yo nos miramos ante cada cosa, diciéndonos "pero tú la habías visto hacer esto antes???"...

No puedo ni quiero perderme ni un segundo de sus días. Ya me pierdo bastantes mientras trabajo... Y cuando llegamos a casa, se nos van las pocas horas entre tetas, canciones, juegos, baños y correteos por el salón, (de mamá encorvada con la pequeña intentando dar sus primeros pasos con más pena que gloria y algún que otro coscorrón que ya ha caído...).

No lo voy a negar. Es agotador. Maravilloso, pero agotador. Empieza a reivindicar con fuerza su libertad, su capacidad de hacer todo sola, de arrastrarse sola, de comer sola, de trepar sola, de ¡caer! sola... Y yo intento y casi siempre consigo, no frenar esos pasos, dejar que se sienta autónoma y libre, que investigue y descubra el mundo desde su prisma. Esto deja a la madre asustadiza, primeriza e hiper-protectora que soy, en un lugar que al final del día hay que recoger en pedazos.

Pero sé que todo pasa, que al final logras organizarte de mejor manera, que los primeros pasos se convierten en los segundos, y los segundos en los terceros... y en los enésimos... Y dejas de ver tantos peligros alrededor, y los ratos de juegos los vas solapando con ratos para ti. Y tu bebé se va haciendo más mayor y las necesidades evolucionan y cambian.

Y sobre todo, que nos vamos adaptando a cada etapa, y el tiempo dejará de ser mi enemigo. Estoy segura de ello.




jueves, 15 de noviembre de 2012

Cuentos Chinos


Poco a poco vamos volviendo a la normalidad. A nuestra normalidad.

Hoy volvemos a comenzar la mañana llorando mi gordi y yo. Como ha estado malita tantos días y más de una semana sin pisar la guarde, ahora reclama su derecho a quedarse en casa con mami y estar todo el día recibiendo y dando mimitos sin parar.

Me parte el alma tener que soltarla y dejarla llorando, viendo cómo me voy sin que su llanto parezca tener efecto en su papá y su mamá que se marchan sin mirar atrás.

Y claro que tiene efecto... Lo que pasa que no puedo hacer lo que el cuerpo me pide, que es darme la vuelta, cogerla de nuevo y salir corriendo de allí sin decir ni adiós!.

En estos momentos, más que nunca, me parecen cuentos chinos, todos los pretextos que me suelen dar familiares y compañeros para defender las bondades de las guarderías.

Me parece un cuento chino pensar que los niños se tienen que socializar cuanto antes. Porque perdónenme ustedes pero los bebés NO se socializan con sus semejantes de su edad; tres narices les importa relacionarse con otros niños cuando antes de los 15 ó 18 meses ni siquiera se reconocen como un niño propiamente dicho, separado y desvinculado del cuerpo de mamá. De hecho sólo hay que observar a los niños de estas edades en la guardería... Juegan o se entretienen unos al lado de los otros, pero no unos con los otros. Prefieren estar con un adulto, les transmite más seguridad y calma. No es de extrañar, los adultos deben recordarle más a sus papás.

Un cuento chino me parece también, pensar que es muy bueno para ellos porque así se inmunizan... Ésta, sinceramente es la mejor de todas las excusas!. La maduración del sistema inmunológico lleva un proceso, como todo en la vida, y se va desarrollando y formando con el paso del tiempo y a base de entrar en contacto con diferentes virus o bacterias. Pero todo lleva su tiempo!, y acelerarlo de esta forma... no creo que sea la mejor manera. Dicho por mi pediatra no hace muchos días: "no se inmunizan yendo a la guardería... no nos inmunizamos nosotros que tenemos un sistema inmunológico desarrollado y fuerte! como para inmunizarse ellos..."

También es muy buena la excusa de que se espabilan antes. Esto me hace reflexionar bastante. ¿Qué entienden exactamente por espabilar la gente que dice y piensa eso?. Creo que se refieren a aprender a defenderse (a ellos mismos y a sus cosas), aprender a guardar turno, aprender que no son el centro del universo, a acatar órdenes... 0_0 ... No sé, no sé,... Esto directamente me deja sin palabras.  Mi bebé con 11 meses tiene que defenderse, ¿de qué...? ¿tiene que aprender a guardar turno?... Me parece a mi que estamos queriendo que los niños dejen de ser niños cuanto antes y sobre todo, antes de lo que les toca.

Que no esté tan "enmadrada/o" es también una de las razones alegadas con más asiduidad... ¡Odio esa palabra! Y por más que lo pienso y lo repienso, no le encuentro el lado malo.

En fin, no sigo porque las razones son cada vez más infundadas desde mi punto de vista. Nadie se para a pensar si es cierto o no, que a los niños tan pequeños les guste estar con otros niños (que NO lo es, ya os lo digo yo que también sé ponerme en plan "sabelotodo"), si es cierto o no, que les venga bien para inmunizarse ponerse malos tres días sí y uno no, etc.

Me hace gracia que a nadie en su sano juicio se le ocurre opinar sobre determinados temas pero otros son de dominio público. Nadie opina por ejemplo sobre una operación de cirujía a corazón abierto, nadie se atreve a dialogar con sus amiguetes en plan: "yo creo que es mucho mejor que te seccionen la ahorta y no la carótida, el resultado es inmejorable!". Sin embargo, a diestro y siniestro te encuentras personas a diario que opinan sobre cuándo y cómo deben socializarse los niños, lo bien que se educan en las guarderías y no bajo las faldas de su mamá, y un largo etc de temas que están muy bien fundamentados y documentados científicamente, pero claro está, sólo para quien está interesado en esos fundamentos.

No nos engañemos, las guarderías nos vienen muy bien a los adultos, NO a los bebés. Vivimos en una sociedad que hemos creado por y para los adultos, y sin pensar en las necesidades de los más pequeños, por tanto, poco o nada importa lo bien o lo mal que les venga estar en el cole o guarde 8, 10 e incluso 12 horas que están algunos.

No estoy con esto demonizando las guarderías y escuelas infantiles. Dejo a mi hija en una de ellas, muy a mi pesar, eso sí. Es sólo que no me gusta como está establecido y pensado el sistema educativo en nuestro país. Pienso que todo forma parte del mismo negocio y de la misma estructura, pensada como decía, por y para el bien de algunos adultos.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Miércoles Mudo: Por nuestro futuro



14N- Novena convocatoria masiva de la Democracia Española.






martes, 6 de noviembre de 2012

El espejo del alma

Dicen que la cara es el espejo del alma. Hoy es para mi, más cierto que nunca.

Al llegar al trabajo esta mañana, una de las primeras cosas que me han dicho es:

"Madre mía Ángeles...! ¡Qué cara tienes!. Tienes la misma cara que si hubieses estado toda la noche de fiesta, y te hubieses venido de empalme directamente al trabajo."

Nada más lejos de la realidad, he pensado yo... Curiosamente esta noche, Paula sólo se ha despertado un par de veces para tomar tetita y prácticamente ni ha abierto el ojo para ello. Parece que por fin, bronquiolitis, otitis y demás itis que nos han acompañado los últimos días, van dejando paso a la salud y "buen" descanso, y digo "buen" entre comillas porque nuestro descanso sería la tortura de muchos...

Vagamente, mientras daba cuatro cepillazos a mi pelo, me miré al espejo esta mañana. No me paré, por falta de tiempo y sobre todo de ganas, a mirar la cara que llevaba.

Pero así, tal como ven mi cara los demás, así está mi alma. Agotada, cansada, triste, muy triste hoy, y también algo enfadada, por qué no decirlo. Creí que no llegaría el momento de tener que escribir algo así, pero en días como hoy, siento que no puedo más. Mi cuerpo está diciendo "BASTA YA", mi mente también.

Sufro día tras día al separarme de mi pequeña e intento cuando llego a casa, suplir todo el tiempo que no nos tenemos los unos a los otros con todo el cariño, todas las caricias, los abrazos, los besos que no nos hemos dado durante esa parte del día. Le robo ese tiempo a cualquier cosa que también debería hacer, como la limpieza de la casa, la ropa y hasta mi propio cuerpo. En los últimos meses lo único que hago para mi misma es ducharme de manera rápida y fugaz. No me quejo de esto, lo hago porque quiero y porque en este momento de mi vida, me llenan más el cariño y amor de los míos que llevar mis cejas perfectas y el pelo retocado cada día.

Soy una buena persona, me preocupo por el bienestar de los demás, los que tengo cerca, y los que no lo están tanto. Intento hacer todo, lo mejor que puedo y que sé. Y aún así, las discusiones en casa como las de hoy me dejan sin saber muy bien de dónde y por qué me llegan las acusaciones. Pero el caso es que me van minando física y psíquicamente.

Las últimas semanas, por no decir los últimos meses, están siendo muy duros. No me acabo de adaptar a separarme de Paula, y quizá por este motivo esté descuidando otros aspectos de mi alrededor con la vana esperanza de que las horas separadas hagan la mínima mella posible en las vidas de Paula y mía, en su personalidad y en su futuro. Y hasta ahí, y ni un milímetro más, es la parte de culpa que estoy dispuesta a asumir. Siempre, insisto, SIEMPRE me pongo en la piel del que tengo al lado, y más aún si es alguien a quien quiero.

El caso es que lo físico y lo anímico se pelean y se dañan mutuamente en mi cuerpo últimamente. Y temo no tener esa facilidad para reparar lo psíquico, de la que gozo para curarme y repararme del cansancio, los dolores, las contracturas, el dolor de ojos y la pérdida de peso.



Como digo, son días duros. La peque ha estado más malita de lo que venían siendo los simples catarros que pasaban por nuestra vida sin pena ni gloria, y no soporto verla enfermar. Hemos ido de médico en médico viendo impotentes, como le tenían que poner ventolín con una mascarilla mientras le aspiraban mocos con una sonda para testar el maldito virus respiratorio sincitial, que ahora ya conozco más que a mis vecinos.

Supongo que la rabia, la impotencia, el cansancio y el malestar se han mezclado explosivamente unos con otros y los de unos con los de otros hasta estallar.

Espero y confío en que pasada la tormenta llegue la calma como casi siempre pasa...








martes, 23 de octubre de 2012

Elegir la guardería.


La experiencia es un grado, ahora lo puedo asegurar...

Recuerdo haber recorrido todas las guarderías cercanas a casa (privadas..., puesto que las públicas no se adaptan a los horarios laborales actuales...). Digamos en un radio 'aceptable'... valorando la proximidad al domicilio, buscando que el recorrido fuese el menor (sobre todo de cara al frío invierno), pensando además que así sus compañeros de guardería serían también sus amigos del barrio...

Recuerdo cada entrevista que mantuvimos, previa cita, con los diferentes gerentes (mujeres por lo general), de estos centros educacionales. Entrevistas muy diferentes donde, en principio, todo son buenas y tranquilizadoras palabras. Te explican las pautas y reglas básicas por las que se rigen y el funcionamiento de la cocina mientras te van calculando la cuota mensual...

Recuerdo haber estado en todas aquellas escuelas infantiles... miraba con ahínco los pequeños detalles que, al parecer, tanto debíamos tener en cuenta: aulas limpias, amplias, aseadas... Ventanas y enchufes fuera del alcance de los niños, escaleras protegidas por barreras de seguridad, mobiliario sin cantos vivos...

Recuerdo, que además del trauma que supone la separación física se une la preocupación por la atención que recibirá en el centro donde pasará gran parte del día y la carga económica que ello conllevará... Esto hace plantear muchas dudas e inquietudes... ¿cuántos cuidadores estarán a su cargo? ¿cuántos compañeros tendrá en clase?... a parte de las propias inseguridades que esto te plantea como padre... ¿estaré obrando bien? ¿esto es lo mejor que puedo hacer? ¿es necesario?



Ahora me doy cuenta de otras tantas cosas que pasamos por alto y que quizás sean mucho más importantes a la hora de escoger:

No recuerdo información clara: Hay puntos comunes a todos los centros. Muchas veces, por falta de información nos pasan factura: 'Tendrá un cuidador y una persona auxiliar de apoyo (común a todas las clases). Compartirá la clase junto a otros 7 siete compañeros...' (y ya nos parecían muchos...)
Pero esto solo es válido para menores de un año, la verdad es esta:
- En el caso de niños menores de 12 meses, 8 niños por clase.
- Si tienen entre uno y dos años, 20 niños por clase.
- Si ya tienen entre tres y seis años, 25 niños por clase.

No recuerdo haber conocido a su cuidador. Está muy bien entrevistarse con la dirección de centro, pero el día a día se batalla con el cuidador asignado, ¿será una persona alegre? ¿dedicada? ¿tiene paciencia y es competente en su trabajo?.

No recuerdo haber dejado claro cosas que ahora entiendo básicas:

¿Duermen todos juntos o por grupos?
¿Qué hacen cuando un niño no quiere dormir o se despierta antes de hora?
¿Qué hacen si un niño llora? ¿Es atendido y cogido en brazos?, ¿le dejan llorar y ya se le pasará?
¿Tapan a los niños con sabanitas o mantas en invierno? ¿Ahorran en calefacción?
¿Usan algún tipo de hamaquitas, los tienen en el suelo?
¿Pueden entrar los padres a las clases o deben quedarse fuera esperando a que te saquen al crio hasta la puerta?
¿Cuáles son los procedimientos en caso de emergencia? ¿Qué pasa si mi hijo se pone enfermo en la guardería?
¿Titulaciones de los profesionales que trabajan en la escuela?
¿Me permiten que lleve la leche materna en un biberón y ellos se la calientan al baño Maria?
¿Cómo se hace la adaptación en el centro? ¿Te permiten estar?
¿Disponen de menús para alérgicos?
¿Que tipo de material que usan?. ¿Alguna metodología?
¿Utilizan silla de pensar o pegatinas o alguna cosa así?
La comida, ¿es propia? ¿facilitan los menús para saber qué comen?
¿Días de vacaciones en los que cierran, puentes etc...?
¿Qué metas tienen en cuanto autonomía y conocimientos de los niños?
...
En definitiva...
¿Porqué no se informa correctamente a las familias en temas tan trascendentales?
Las guarderías conocen de sobra estos y otros muchos casos que son dudas comunes de padres y madres a lo largo de los años... ¿Es que lo único que importa es que pagues la matricula para llenar su cupo?


martes, 16 de octubre de 2012

¿Concilia... qué?

Eso, ¿concilia... qué?...

Con esto de tener a la sobri ingresada en el hospital desde hace ya más de una semana, me ha dado por pensar en varias cosas que tienen que ver con la hospitalización de los más pequeños. Unas, las que me ocupan en este post, y otras de las que hablaré en otra entrada para no alargarlo mucho.

Mi madre, es decir, la abuela de la niña, tuvo su permiso correspondiente de tres días (que son dos por ley, ampliado a tres por convenio) por la hospitalización de su nieta, o sea, familiar de segundo grado de consanguinidad. Y a mi hermana, la madre de la criatura, por su primer grado de consanguinidad correspondiente... ¿qué cuánto en este caso?... pues ¡los mismos tres míseros días! que se dan hasta el segundo grado (recordemos que siguen siendo dos, ampliados a tres por su convenio).

La verdad es que nunca me había parado a pensarlo. No había tenido la necesidad afortunadamente. Ahora que se nos ha dado el caso en la familia, lo pienso y me dan escalofríos. Mi hermana ha podido cambiar una semana de vacaciones que se había dejado para las navidades y la ha añadido a los tres días que por convenio le corresponden. Aún así, el viernes finalizará este período. Y como la cosa ha sido complicada y todavía le quedan días de estancia en el hospital, cruzaremos los dedos para que el fin de semana le den el alta, porque si no, ¿cómo se supone que actúa una madre?. ¿Se va a trabajar su jornada de 8 horas dejando a su hija sóla en el hospital con 11 años?.

Francamente, no me parece viable. Un niño ingresado debe estar acompañado por sus padres. Para empezar, si en un determinado momento surge una complicación y hay que intervenirle o hacerle cualquier prueba de inmediato... ¿Quién la autorizará?. No pueden intervenir de forma urgente, tanto si es una prueba médica como una operación quirúrgica, a un niño pequeño sin la autorización de mamá, papá, o en su defecto su tutor legal. ¿Qué pasa entonces?.

Sé que existe una baja para uno de los dos padres trabajadores, cuando el niño padece cáncer u otra enfermedad grave. Lo que no sé es si se ha hecho un listado con las enfermedades que sí son graves y las que consideran que NO lo son. Pero claro, si mi hijo está ingresado porque se le ha complicado una apendicitis a peritonitis, aunque esté grave y para mi sea lo más importante del mundo acompañarle en esos momentos, da igual. Creo que eso no se considera grave. Te aguantas y punto.

Cada día me asombra más lo poco que tenemos en cuenta a nuestros pequeños y el poco lugar que ocupan en nuestras aceleradas y ocupadas vidas. En vez de adaptarnos nosotros a sus necesidades, les obligamos a adaptarse ellos a unas vidas que no son adecuadas para los niños, (en mi opinión tampoco para un adulto pero esa es harina de otro costal...).

La verdad, entiendo que muchas mamás y papás se vean obligados a presentarse en la consulta de su doctor llorando a moco tendido, porque la situación de tener a un hijo ingresado les abruma y supera de tal manera que no son capaces de realizar sus tareas laborales con el rendimiento adecuado, suplicando una baja porque su estado emocional no les permite trabajar en las mejores condiciones. ¿De verdad todo esto es necesario?. ¿No hay mejor manera de hacerlo?.

De nuevo vuelvo a gritar en silencio desde mi pupitre...



viernes, 6 de julio de 2012

La lactancia tras la incorporación

Después de tres semanas, ahora puedo decir que, ¡se puede continuar con la lactancia tras incorporarse al mundo laboral!.

¿Es más complicado?. No tanto...
¿Más incómodo? Mucho...
¿Menos bonito? Seguro. Sobre todo en los momentos que ella no está. Pero lo llevamos como podemos.

En la hora que dispongo para comer de 14:00 a 15:00, emprendo camino hacia el garaje, donde me esperan mi neverita portatil y mi sacaleches y me extraigo dos bolsitas que posteriormente les dejo en la guarde para que le puedan dar esa leche al día siguiente. A las 14:30 estoy lista y subo a comer en el rato que me queda.

Por la noche seguimos con tomas nocturnas, que pueden ser más o menos, dependiendo de la noche y de cómo se encuentre mi bebota; que por cierto en los últimos días no levanta cabeza la pobre, entre toses, décimas de fiebre, y ahora ¡los oídos!. Y como todo el mundo me dice: "es lo normal cuando entran a la guarde", "pero no te preocupes, se hacen más fuertes"...

Han sido múltiples las veces, y múltiples también las razones que he tenido que escuchar desde que me incorporé, acerca de las bondades y beneficios de la guardería... Supongo que la gente lo hace de buena fé, que pretenden animarme, pero ¿de verdad soy la única que piensa que donde mejor está mi hija es conmigo, y que maldita la falta que le hace a un bebé con 7 meses entrar en sociedad y tener muchos amigos?...

No sé, últimamente me siento como un ser extraño entre mis compañeras. Como si nadie entendiese lo que estoy sintiendo y experimentando. Hay muchas mamás en mi trabajo, pero las oigo hablar y comentar en los ratos que compartimos entre café y café, y siento como si perteneciese a otro planeta. Ellas deben pensar lo mismo, porque me miran con asombro y extrañeza cuando digo cada día que bajo a sacarme leche, cuando salgo pitando como una bala deseando reencontrarme con ella, cuando hablo de los grandes beneficios de la lactancia materna, de lo poco que me gusta tener que dejarla en una guardería y que si tuviese la mínima oportunidad me gustaría dedicarme a cuidarla yo misma las 24 horas como he estado haciendo hasta ahora.

Escucho afirmaciones como que dar el pecho es muy esclavo, que es muy duro, que acabas hasta las narices de la lactancia, que se crían igual de bien con pecho que con biberón, que ir a la guardería les viene muy bien, y hasta que se hacen más duros!

Escuchando todo esto me acordé de un cartel que había visto no hace mucho en el ambulatorio, en una de mis últimas excursiones a la pediatra. Lo copio aquí mismo porque me encantó y porque viene muy a cuento:

"Una experiencia agradable para tu hijo y para ti, desde el nacimiento y hasta que tú quieras. Si no es así, busca ayuda. Consúltanos".

Es decir, que afortunadamente se da por hecho que la lactancia ha de ser una experiencia agradable. ¿Cómo podría ser de otro modo?. ¿Cómo, no una ni dos, si no varias mamás pueden afirmar llenas de razones que la lactancia la han vivido como algo esclavo y cito textualmente palabras que me han llegado a decir: "coñazo"...?

Y mis ojos se van abriendo cada vez más grandes, y mi cara seguro debe ser una mezcla de incredulidad y tristeza.

Para mi la lactancia ha sido y es, unos de los mejores momentos que he pasado y  paso con Paula. Ya en mi relato sobre nuestra lactancia cuento cómo fue desde el primer día y con la intensidad y el amor que lo he vivido.

Pero cuando vi los carteles en el ambulatorio promoviendo la lactancia materna, me llamó mucho la atención éste en concreto. En un principio pensé... "Pues claro, la lactancia siempre se disfruta". Pero al parecer no es así... Y es una pena.

Así que sería bueno que mucha gente lo viera y se concienciara de que si no lo está disfrutando puede acudir a profesionales para que le ayuden a encontrar la manera de llevar una lactancia exitosa y sin agobios. Se puede también acudir a grupos de apoyo a la lactancia, que seguro transmitirán toda la calma, trucos y claves para solventar los obstáculos que puedan surgir. Todo lo que haga falta, pero nunca pasar por esa etapa tan bonita como una esclavitud o un agobio constante.

Desde que nació mi hija y salíamos por ahí a visitar amigos o familia, o a dar un paseo, recuerdo que siempre le decía a mi marido, "que gozada es lo de dar el pecho cuando tienes que salir de casa, porque ya lo llevas todo puesto!!".

Ahora, como decía, se hace un poco cuesta arriba el pasar esas horas que pasamos separadas. Pero cuando bajo a sacarme leche es mi mejor momento de la jornada laboral. A veces incluso, me bajo el móvil y miro sus fotitos, y se me dibuja una sonrisa en la cara de tonta, que no puedo con ella. Y pienso en que mi bebé al día siguiente tendrá lechita rica para beber en mi ausencia. Ni me planteo en ningún momento dejar de sacarme leche. No quiero que disminuya la producción, para que podamos seguir el resto del día, con nuestra lactancia como hasta ahora.

Después llego a casa y ... ESE SÍ QUE ES NUESTRO MOMENTO... Entro por la puerta con ella encima, y ya en cuanto me siento en el sofá va abriendo la boquita y acercándose y agarrando la camisa impaciente. Qué gozada ese momento... Las dos tranquilitas recuperando en unos minutos, todas las horas que no nos hemos visto en el día.

Y a pesar de lo que digan algunas personas, incluso supuestas periodistas que se atreven a hablar y a juzgar a las mamás que defendemos y estamos a favor de alimentar a nuestros hijos de la manera en que la naturaleza dice que se debe hacer, doy fé de que se puede seguir lactando una vez incorporada al mundo laboral, a ese que no te lo pone nada fácil, pero aún así ES POSIBLE.

Y me alegro de haber encontrado la forma de cuadrar nuestras vidas perjudicándolas lo menos posible.

La lactancia se puede y se debe disfrutar, que no nos cuenten cuentos.

martes, 12 de junio de 2012

Dos días

Dos días llevamos de adaptación a la guardería.

Primer día. Una hora. Me voy a casa y según entro me derrumbo. Me había estado autoconvenciendo para no llorar y ser más comprensiva conmigo misma y con el proceso que tenemos por delante. Pero no puedo, no concibo la casa sin ella. Veo sus muñecos esparcidos por el sofá, su colchita y su mantita de juegos y no puedo ni quiero contener las lágrimas. La echo de menos, y aunque sé que sus necesidades más inmediatas estarán atendidas, cada vez siento más inseguridad respecto a lo que estoy haciendo. Paseo por la casa, subo, bajo, intento emplear el tiempo pero no me apetece hacer nada. No puedo ni ver el blog, me recuerda que no está a mi lado.

Paula ha estado tranquila. No sabe muy bien dónde y con quién está y observa, más que otra cosa. Pero cuando llego a recogerla se desmorona. Me ve, empieza a lloriquear y se agarra a mi con fuerza. Me enseñan un par de fotos que su cuidadora ha hecho con el móvil para que viese que ha estado tranquila. También me advierte que el primer día no lo suelen pasar muy mal, es peor el segundo. Yo ya lo imaginaba y no se equivocaba. Por la tarde en casa no para de llorar, tiene mocos, muchos mocos, y sólo quiere estar con mamá. No me quita ojo. Por la noche nos hemos despertado varias veces, parece que le costaba un poco respirar con tanto moquito. Pero con un poco de tetita todo se pasa y continuamos durmiendo.

Segundo día. Uff... Nos levantamos a las 9,00 h. Me mira, se ríe como siempre. Me la como a besos y le empiezo a cantar una canción inventada que le dice que vamos al cole a jugar con otros niños y con una "seño" muy muy buena que te quiere. Seguimos con muchos moquitos. Nos vestimos y nos disponemos a hacer nuestra toma de pecho mañanera, pero nada de nada. Es como si se oliese un poco lo que pasa. No quiere hacer la toma. Viene su abu Juan para acompañarme a llevarla y hacer que el intervalo sea menos doloroso. A las 10,00 h. nos vamos al cole. Hoy estará una hora y media. Me dedico a hacer recados y mi padre me invita a desayunar. Intentamos matar el tiempo y acabamos en casa, donde según entramos, mi padre dice, "cómo se la echa de menos aquí en casa". Pero no lloro, delante de él no lloro. A las doce menos cuarto estoy allí como un clavo.

Está sentada entre las piernas de su profe, protestando mientras ella canta para todos. La cojo y me doy cuenta que está sollozando. Con esos suspiros fuertes que se tienen cuando te has dado un atracón a llorar. Hoy ha sido un poco más duro. Ha llorado cuando me fui. Se ha dormido un rato (no pregunto si ha sido por agotamiento de tanto llorar porque temo que la respuesta sea que sí), se despertó llorando (supongo que le resultó extraño despertarse allí), y me dicen que ha sido difícil calmarla. Llegamos a casa, le doy el pecho y cae rendida.

Esto está siendo muy duro. No se me ocurre qué podría hacer para evitar hacerle pasar por esto.

Todo el mundo me dice que más tarde o más temprano se tienen que acostumbrar, pero yo pienso, ¿no puede ser más tarde que temprano?. Es tan pequeñita... que sólo espero que esto no le afecte a lo que es y a lo que será, que no deje de ser esa niña alegre y risueña que ahora es.



ESTO