Mostrando entradas con la etiqueta educación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta educación. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de febrero de 2014

Te deseo, querida hija...

Muchas veces, cuando te imagino dentro de unos años, caminando por el mundo con tu mochila imaginaria a la espalda, repleta de todas las cosas que te hayan pasado, las que hayas sentido, los acontecimientos felices y los más amargos, todos ellos haciendo de ti la personita en la que te convertirás y de lo que dependerá tu felicidad, aunque intento con todas mis fuerzas no tener ninguna expectativa de lo que serás ni de lo que elegirás hacer y no hacer, no puedo evitar tener muchos deseos para ti, deseos que se basan en el ferviente empeño de intentar que logres tu felicidad plena ayudándote a desarrollarte como la persona única en el mundo que eres, que hagas en cada momento lo que creas más oportuno, siempre desde el respeto y la empatía, que no te dejes llevar por los preceptos que nos vienen ya marcados de lo que se supone que está bien o está mal, sólo basados en opinicones y premisas perpetuadas desde hace siglos, por el simple motivo de no cuestionar lo que nos han enseñado, lo que "todo el mundo hace", lo que se ha ido convirtiendo en lo correcto, tan sólo porque sí.

Por eso, cuando pienso en ti, querida hija, tengo millones de buenos deseos y tan sólo una herramienta para hacer que se cumplan, el ejemplo que cada momento y cada día tratamos de ser en tu vida.

Deseo de todo corazón y con todas mis fuerzas mi pequeña...

- Que seas desobediente. Obediencia, que palabra tan fea y tan empleada para hablar de las virtudes que debe tener un niño. Deseo que no obedezcas nunca a nadie, deseo que actúes siempre según tus principios y que como mucho tomes los consejos cuando lo necesites, de las personas que te quieran, y pienses siempre en el porqué de seguir una norma o actuar de una determinada manera.

- Que no respetes a las personas mayores. Espero hija mía, que respetes siempre a todas las personas y seres vivos. A los mayores, a los pequeños y también a los medianos.

- Que no seas aplicada en el cole, para tener un buen futuro. Deseo de corazón que seas aplicada en cualquier lugar, en cada cosa que te propongas y que cada día de tu vida no pierdas nunca las ganas y la ilusión por aprender y conocer cosas nuevas.

- Que no te comas todo lo que te han puesto en el plato, si no tienes más ganas. Espero que la alimentación sea para ti un placer y una manera de saciar tus necesidades y no más.

- Que no te estés quieta. Que te muevas, que saltes, que corras, que bailes, que juegues hasta no poder más.

- Que no conjuntes la ropa y los colores como se nos ha dicho que pega más, sino como más te venga en gana. Que no vistas por apariencias y otras cuestiones raras. Que uses la ropa para tu comodidad, tu gusto y tu diversión. Me muero de amor y de risa, cuando te veo cómo disfrutas ya desde tan pequeñita, jugando a ponerte y quitarte zapatos, y a ponerte bailarinas de brillantina con pijama y chandal, je je... ;-)

-  Que no aceptes como válido y cierto nada porque sí, ni porque lo diga yo, ni porque lo diga papá, ni porque lo diga nadie. Que te cuestiones cada cosa que te digan, que leas, que escuches, que veas. Eso siempre te hará aprender y mejorar.

- Que no dejes que se te coaccione, ni se pongan límites a tu imaginación, a tus proyectos y a tus metas.

- Que no dejes que la ambición entre en tu vida.

- Que no pierdas nunca la capacidad que tienes ahora de disfrutar de los pequeños momentos. De un besito al despertar, de un pedacito de queso recién cortado, un paseo hasta la plaza en tu triciclo, de esas primeras sensaciones, como la de la arena de la playa en tus pies...


En definitiva querida hija, te deseo que seas muy feliz. Que no dejes que nadie te imponga lo que tienes que hacer por ningún motivo, ni porque sea más mayor, ni porque tenga más estatus, ni porque sea de diferente sexo, color o altura.

Que rías, sueñes, llores, bailes, te enamores, que viajes y disfrutes la naturaleza, leas, aprendas y aprendas y nunca pierdas la ilusión por aprender más y más.

Para ello tengo plena confianza en ti, mi amor. Confío en la buena persona que eres y serás. Y en las buenas decisiones que seguro aprenderás a tomar. Confío en que sabrás apreciar lo que te hemos transmitido desde que naciste, las ventajas y las bondades de tratar con respeto, de dar amor por encima de todo, de intentar ante todo ponerse siempre en el lugar del otro, antes de juzgar, antes de decir, antes de hacer.


martes, 28 de enero de 2014

Los llantos ignorados

¿Por qué está tan normalizado y aceptado socialmente el llanto infantil?.

En su día, ya hablé sobre el llanto en esta entrada, cuando reflexionaba sobre la inmunidad que parecen tener en las guarderías ante el llanto y las lágrimas.

Yo personalmente cada día lo llevo peor.

En la guarde de Paula, hace unas semanas que se ha incorporado un niño nuevo. Sólo asistirá dos días en semana, y el pobre llora casi todo el tiempo (según cuenta la cuidadora). Cuando llego a buscar a Paula y está él, su carita de pena me parte el corazón. Pregunta por su mamá y llora, pero ninguna de las cuidadoras parece verse afectada (con esto no quiero decir que no lo estén, es sólo que me choca la capacidad de abstraerse de ello; yo no puedo evitar acercarme y acariciarle y decirle que sus papás volverán pronto). Paula me mira y le mira con carita triste, se acerca y le da un beso. Yo me derrito viendo que mi hija con lo pequeñita que es, tiene esa capacidad de empatizar con el dolor de un semejante y la bondad y sensibilidad para asistirle y cuidarle. Se siente mal e intenta remediar; no le gusta ver a otros niños o bebés llorar. Da besitos a las páginas de libros o cuentos en las que aparecen personajes con caras tristes.

Definitivamente, deben ser los años y la sociedad los que van endureciendo los corazones y haciendo que determinadas cosas pasen a un segundo plano.

Ójala tú nunca nunca pierdas esa condición mi amor... La condición de la empatía, de ponerse en el lugar de otro que sufre, e intentar remediar y sanar lo que le pase. Ójala...

En los centros comerciales, mercados o tiendas, o incluso parques concurridos, a menudo presencio situaciones que puedo jurar me hacen sentir peor que mal, y me revuelven por dentro. Niños que lloran y lloran y que no son escuchados por nadie... Al menos, eso parece porque nadie se inmuta. Muchas veces sentados o tumbados en sus carritos o sillitas, sin que sus padres muestren la más mínima intención de atender ese llanto.

¿Qué se puede esperar?... Si ya desde ciertos libros de gran tirada y que te venden como escritos por alguien "de reconocido prestigio", recomendados a diestro y siniestro hasta por la vecina del quinto, ya se nos insta a dejar llorar a nuestros hijos sin problema alguno, y ¡no pasa nada!, hasta que vomite si es necesario... ¡No, si encima será que es por su bien!.

No es que los libros y opiniones me parezcan un motivo para justificar esas situaciones, ¡nada más lejos!. Cada cual es responsable de sus hijos y de su crianza. Y cada cual elige entre toda la información que está a su alcance, lo que más le conviene. Es simplemente que trato de buscar porqués... ¿Será que lo que está más al alcance y más cerca, es la información que tiraniza a los niños, y los convierte poco menos que en pequeños diablillos contra los que tenemos que iniciar una lucha constante para que no se nos suban a las barbas y nos tomen el pelo?... Puede ser...

Puede ser también que en los últimos siglos, lo que se ha fomentado haya sido esa forma de crianza en la que el llanto es algo malo y que por tanto debe ser extinguido a base de ignorarlo. Que como buena psicóloga que soy, y habiéndome empollado como la que más la "modificación de conducta" de quinto, sé de primera mano que para extinguir una conducta no deseada (véase en este caso el llanto), no has de hacer más que retirar el refuerzo que la sigue (véase en este caso la atención prestada).

Pero el amor tan grande e incondicional que toda madre o padre siente por un hijo, ¿no es suficiente para replantearnos toda esta historia y preguntarnos, si realmente están en lo cierto todos aquellos que promulgan lo malos y tiranos que son nuestros hijos, que sólo quieren tomarnos el pelo, y por eso debemos ignorarles cuando lloren o monten rabietas?. ¿De veras no vale la pena replantearse por qué un niño llora, qué le ocurre, qué le ha molestado o qué necesita?. Sin duda, merece la pena, por lo menos cuestionarse todo lo que sabemos hasta ahora sobre educación y crianza. El futuro (por lo menos el emocional), de nuestros hijos es el que está en juego. Nada más y nada menos.

Para mí, y creo que ya lo he dicho en otros momentos, es una cuestión de empatía y de conocimiento del desarrollo intelectual y cognitivo de los niños. Nadie nace sabiendo todo, de todo. Hay que ir aprendiéndolo o desaprendiéndolo con los años. Pero qué diferentes serían las cosas si cada adulto fuese capaz de conocer qué es capaz y qué no es capaz de hacer un niño a una determinada edad, qué se puede esperar, dependiendo del momento de desarrollo en el que se encuentre. Intentarlo al menos no es tan difícil.

Los adultos del mañana son niños a los que se les ha enseñado que el llanto es incómodo, que es algo malo, que debe ser ignorado y que por mucho que hagan y por muy mal que se sientan, no se les va a hacer caso. En mi cabeza todo esto se mezcla peligrosamente y se me ocurren términos como indefensión aprendida, depresión... términos muy relacionados y que dan para hablar largo y tendido, pero eso será otro día y otro momento. Todos esos males que llegan un día, y muchas veces no se sabe por qué.

Lo que más me duele es que también aprendan que el resto tampoco haremos nada. Que viven en una sociedad en la que es normal que un bebé o un niño vaya llorando, sin que sus papás ni nadie le hagan caso. Que está aceptado socialmente y que los demás han de callar al verlo, porque al fin y al cabo... "son sus padres y no te puedes meter...". Eso me duele, y mucho... Tanto que a veces he mirado mal a algunos papás que estaban ignorando (o cosas peores) a un niño que lloraba. Y he mirado mal, por no buscar un enfrentamiento verbal, en el que seguro llevo las de perder (lo cual me importa bastante poco), pero lo peor, ese niño o niña también.


Esta mañana leí este post, sobre este tema, en el gran blog "En minúsculas", y algo se removió en mí. Es verdad, no hay que callar, hay que romper el silencio y decir que ESTÁ MAL.

Así que me senté y me puse a escribir lo que siento desde hace mucho y siempre callo.

viernes, 4 de octubre de 2013

Por favor y Gracias

Hace no mucho, me llegó a través de facebook un escrito sobre lo mal educados que están en la actualidad nuestros niños. También decía algo así como que los que tenemos de 30 para arriba, somos la generación del "por favor" y el "gracias", que somos muy educados y que eso ahora al parecer ya no existe...

Mención aparte merece otra imagen que también me llegó por facebook (recordemos siempre que las redes sociales difunden todo, lo bueno, lo malo y lo regular) en la que aparecen dos fotografías, y dice así: "con más de esto...": Y un adulto sentado con un niño sobre sus rodillas al que está dando unos azotes, "habría menos de esto": y debajo una foto de una panda de chavales con aspecto así como un poco macarrilla.

Lamentable, la verdad. Pero más lamentable aún que tuviese algo así como sopotecientosmil "me gustas"... ¿De verdad tanta gente piensa eso...?. Me cuesta tanto creerlo.

Yo con estas cosas, la verdad es que alucino un poco y me enciendo más todavía. Entre otras cosas, porque asisto cada día, y cuando digo cada día, no estoy exagerando, es que asisto cada día, unas cuantas veces, a escenas en las que se falta el respeto descaradamente a los niños con gritos, insultos, amenazas, chantajes y hasta collejas u otras cosas peores. El otro día sin ir más lejos, en la sala de espera del médico (otorrino), una niña de unos 4 años, lloraba porque tenía que entrar a realizarse no sé qué prueba en la que le tenían que meter una sondita por la nariz. Yo sólo de pensarlo me pongo amarilla, pero como soy una adulta hecha y derecha, que no muy valiente pero sí con la mínima capacidad de razonar que algunas de las perrerías que me han de hacer pueden ser por mi bien, entonces aguanto mi miedo y lágrimas en ocasiones; pero esta pobre niña, estaba siendo víctima de toda serie de amenazas, chantajes y hasta insultos, por no querer entrar voluntariamente y airosa ella, a que un extraño le metiese un aparato por la nariz. ¿Pero cómo se puede tener tan poca empatía ¡por el amor de dos!?.¿Es que ninguno de los tres adultos que acompañaban a la pequeña, es capaz  de ponerse por un segundo en su lugar, y sentir el miedo y el rechazo que le puede causar semejante situación...?.

Como decía, a diario (insisto, sí, a diario) veo todo tipo de faltas de respeto en cualquier parte y a todas horas. ¿Acaso a los niños se les pide que hagan las cosas por favor, y después se les da las gracias?. Esto debería ser un verdadero motivo de reflexión para muchos.

Yo creo que no, y lo que observo me da la razón. Yo creo que la mayoría de las veces y la mayoría de los adultos, ordenan cosas a los niños, sin ningún por favor y sin ningún gracias si es que obedecen y lo hacen. Y yo me pregunto, ¿por qué queremos niños obedientes?, ¿por qué la obediencia y sumisión está considerada, de manera casi universal, una virtud entre los niños?. ¿De verdad en el futuro será una caracterítica que nos gustará que tengan nuestros hijos en el trabajo, con los amigos, con la pareja...?. ¿Por qué entonces queremos que lo aprendan desde pequeños?. No lo entiendo. Supongo que las razones apuntan a que es más fácil tener a una persona a tu cuidado que te obedece sin rechistar ni cuestionar órdenes; que enseñar a una persona a razonar y a pensar por sí mismo qué es lo mejor o peor en cada momento, a tomar decisiones, a colaborar en el bienestar familiar, a cuidar de sí mismo, a respetarse y respetar a los demás.


Lo de la obediencia da para mucho, y merece ser tratado en otro momento. Yo, por mi parte, lo digo bien alto e incluso aquí lo dejo por escrito, NO QUIERO QUE MI HIJA SEA OBEDIENTE. Ni conmigo, ni por supuesto con nadie. Las órdenes vamos a dejarlas para el ejército, que allí parece que les gustan más. Mejor, hija mía, desde aquí te digo, puedes tener siempre plena confianza en mí. Yo intentaré velar por tu bienestar mientras pueda. Pero sobre todo, ten confianza en ti misma, puedes llegar a lograr todo lo que te propongas. Cuenta conmigo y con papá para lo que quieras, y si decides hacernos caso en lo que te aconsejemos o propongamos, que sea convencida de que lo que haces es lo mejor, nosotros intentaremos no darte órdenes, y espero que las únicas normas y leyes que rijan tu vida sean siempre el respeto, por ti y por los que te rodean. Así estás siendo educada y así espero que siga siendo.

Es muy difícil, se podría pensar, según desde el prisma que se mire. Debería ser bastante sencillo si nos esforzamos un poco más en conocer las necesidades físicas y emocionales del que tenemos enfrente. Y no sólo sus necesidades, sino también sus capacidades, que a veces es incluso más importante. Si logramos observar y conocer eso, resultará tarea sencilla. Sin ir más lejos, en el ejemplo de la niña en el médico, ¿de verdad alguien puede creer que un niño con 4 años puede ser capaz de entender y razonar que a pesar del miedo y reparo que dá, el que un extraño te meta algo por la nariz, quizá sea mejor que lo haga para saber lo que nos pasa y poder curarnos si hay algo que no funciona bien en nuestras narices?. Desde luego, el que piense que sí, no se ha parado mucho a reflexionar o investigar sobre lo que piensa y siente un niño.

Evidentemente y por desgracia, hay cosas que tienen que hacer sí o sí, no siempre por su propia voluntad. Y cosas que no podrán hacer, aunque su voluntad así lo desee. Su integridad física, la de los que le rodeen, y emocional por encima de todo. Hay mil maneras de hacerlo y de canalizar emociones, cada cual que elija las suyas.

Sólo creo, que si respetamos, obtendremos lo mismo, que si educamos con amor, aprenderán a darlo. Los padres, la familia y educadores somos sus primeros ejemplos.
Así que si queremos que las palabras "por favor" y "gracias" estén entre su vocabulario habitual, empleémoslas habitualmente con ellos. Si queremos que hagan algo, pidámoslo por favor, y si no quiere, no le apetece o no puede hacerlo en ese momento, respetémoslo y si da la casualidad que lo hace: "muchas gracias".


Redecorando... Esto engancha!

Se nos va el veranito, y parece como si antes de que empiecen a caer las primeras hojas, entrasen unas ganas locas de hacer limpieza, vaciar armarios, cambiar ropa usada y pequeña, por otra más nueva o al menos más grande. Todo bien limpio y preparado para la llegada del frío...

El caso es que la baby-room (como comenzó llamándose), y que ya comenzamos a cambiar en el verano, ahora es un espacio precioso adaptado para la pequeñina, con todo a su alcance y a su medida y con todas las cosas que más le gustan. Aquí disfruta y nunca quiere salir, colorea en su mesita, pinta en la pizarra, salta y duerme en sus colchones (también en la alfombra), hace torres con piezas, se peina y mira al espejo, pasa largos ratos sacando y probándose zapatos, monta en su burrito con ruedas... Todo está a su alcance, no hay ningún peligro, todo bien pensado para ella.

Todo comenzó cuando empecé a leer y a profundizar más allá de las cuatro ideas que tenía, sobre el enfoque Montessori. He disfrutado a lo grande creando su nueva habitación. Mientras íbamos cambiando todo, yo estaba lee que te lee "Jugar y Aprender con el método Montessori", qué interesante y qué de ideas, qué de actividades para ponerlo en práctica en casa, en definitiva para un aprendizaje un poco menos guiado, más libre y más pensado para ellos, los pequeños de la casa.

Es importante que sientan su hogar como un espacio en el que ellos también tienen cabida, que las estancias también son para ellos. ¿Podríamos vivir cómodamente un día entero caminando de rodillas por casa?... Así es como los niños lo ven. Al igual que en las escuelas, es importante que intentemos adaptar ciertas cosas para que les sea más fácil y funcional. Algunas veces y en determinados casos nos es muy complicado, tal y como tenemos estructuradas nuestra vida y nuestras casas, pero no lo es tanto por ejemplo, en sus habitaciones.

Nosotros hemos tomado muchas ideas que nos parecieron divertidas y muy coherentes para un espacio infantil.





- Hemos colocado el colchón de una camita de 90 cm. que teníamos para cuando Paula se hiciese mayor, y el colchón de su cuna (esa que nunca usó) haciendo una gran "L" en el suelo, con muchos peluches que le han ido regalando y que le encantan y varios cojines por encima. En medio una alfombra que aislará un poco del frío y que le permitirá saltar entre los colchones y en el suelo con menos riesgo.

- Hemos colocado en una de las paredes una súper pizarra grande y a su altura, para que deje volar su imaginación pintando y borrando a su antojo. Esto les permite la libre expresión y el ensayo y práctica cuando empiezan a escribir.



- Le hemos redecorado una mesita de su tamaño con tres sillitas mini de las que se levanta y se sienta con soltura y sin problemas. Aquí dibuja y colorea que da gusto... Es de las cosas que más le gustan.



- En sus muebles y armarios, casi todo está a su alcance y ella da buena cuenta de ello... porque se lo pasa en grande sacando por ejemplo zapatos y calcetines y ¡prueba que te prueba!. Los cuatro cajones que el mueble tiene un poco más altos, y que por el momento nos parece que pueden tener más riesgo los hemos asegurado.

- Hemos colocado en las estanterías a su altura, varias cajas con sus juguetes preferidos para que le sea mucho más sencillo tanto sacar como recoger. En una bandeja tiene sus pinturas y tizas, siempre muy a mano.


- Algunos marcos con imágenes de animalitos y con colores, a su altura para que pueda mirarlos y disfrutarlos. Ahora ya los señala y los nombra.

- No podía faltar un espejo, colocado a su justa medida y con espacios suficientes para sus peines, algunas diademas y pinzas para el pelo. Una dulzura cuando se mira, se peina y se pone su diadema, y todo ella solita.



- Una papelera, decorada y forrada por mamá, llena de bailarinas donde ella ya tira sus pañuelos usados o las cosas que encuentra por el suelo y no sirven.

- Junto a los colchones, y para que los tenga siempre a mano, hemos puesto una cesta de mimbre con un montón de libros que le encantan. Algunos son sólo de imágenes y otros que comparte con nosotros mientras le leemos y ella mira las ilustraciones que ya va nombrando. ¡Le encantan los libros! ¡y a mí que le encanten!. En el salón también hemos dejado un par de estanterías de las de abajo, que están a su altura para que tenga más libros y muñecos, ya que también aquí pasa muchos ratos.

- Una foto del cole con su profe y todos los compañeros cuelga también a su altura, y mientras les señala va aprendiendo a decir sus nombres.

- Las paredes las hemos dejado blancas tal y como estaban. En ellas está el árbol que le hicimos en su día y que le encanta, su imagen del principito y poco o nada más. Las paredes mejor poco cargadas y siempre con colores suaves o pastel, puesto que de lo contrario podría suponerles una sobreestimulación que no es lo más adecuado para su correcto desarrollo y aprendizaje.




Ha sido una gran idea. Más incluso de lo que nos imaginábamos cuando la empezamos. Ahora poco a poco y según crezca iremos adaptando este espacio a sus necesidades, iremos cambiando unos juguetes por otros para permitirle aprender cosas nuevas mediante el juego, y según lo que vaya demandando, lo iremos cambiando.

Los seis primeros años de vida de los niños son fundamentales en la formación y desarrollo de su personalidad y su capacidad intelectual. María Montessori en su enfoque, hace hincapié en que la infancia la debemos tomar como una etapa en sí misma y no como una preparación para la edad adulta. Todos los niños quieren aprender y aprenden por medio del juego y la experimentación de su entorno. Pero siempre debería ser un aprendizaje de dentro hacia fuera (ellos tienen predisposición a aprender y no hace falta que les forcemos, tan sólo dejándoles jugar libremente espontáneamente desarrollarán sus habilidades, les surgirán mil inquietudes, retos y curiosidades que saciar), y no al revés como solemos empeñarnos. De ahí al fracaso escolar sólo hay un paso.

Aunque el libro es recomendable 100% y muy interesante en cuanto a la educación y crianza de los primeros años, decir como brevísimo resumen, que María Montessori en su enfoque respecto a la crianza de los seis primeros años, pone énfasis en tres puntos claves:

- Lo más importante, que debería haber la máxima libertad posible, física e intelectual para el niño.
- El entorno, y cómo esté dispuesto tiene una gran influencia en el desarrollo y el aprendizaje.
- La forma en la que traten al niño, los adultos  con los que convive (en especial los padres), tendrá una profunda influencia en su desarrollo.

Y a partir de ahí, el libro es más y más interesante. Esta señora ya en su momento, hace más de cien años tuvo una visión de la educación revolucionaria y que hoy en día no ha hecho más que reafirmarse.

Y como ya decíamos en el título de esta entrada, como esto de redecorar parece que engancha, y la llegada del otoño nos está animando a remover, imaginar, limpiar y cambiar, ¡hemos dado un nuevo aire también al blog!.

Soy poco amiga yo de cambiar las cosas que me gustan mucho, y desde luego mi blog era una de ellas. Pero ahora, como los armarios al inicio de temporada, parece más limpio, más funcional y sobre todo menos sobrecargado, algo que lo ralentizaba en exceso y que hacía que en determinados equipos, nunca acabase de cargar o lo hiciese tarde y mal.

El már sigue de fondo. El azul está por todas partes, como antes. Hay florecitas que tanto nos gustan y mucha claridad. Sencillez (como su dueña ;-) y mucho mucho amor que le ha puesto el Papá Burbujita al redecorarlo. Eso sí, aún falta trabajo por hacer... Hay cosas que aún no funcionan, cosas por poner y cosas por quitar... En fin, el tiempo es algo que escasea en nuestras vidas últimamente.

lunes, 16 de septiembre de 2013

!Y dale con el Chupete!

¿Hasta qué punto en las guarderías deberían inmiscuirse en las costumbres y hábitos que cada niño tenga?... Desde mi punto de vista, la respuesta sería, "hasta ninguno".

Digo yo que si mi hija usa o no usa chupete, y hasta cuándo lo use, ¿no debería ser una cuestión que sólo incumba a su padre, a mí, y sobre todo a ella?.

Parece ser que no. En la guarde de Paula no dejan que usen el chupete a partir del segundo curso. ¿Por qué...?. La verdad es que no lo sé... No he preguntado por miedo a una respuesta que no me convenza nada y entremos otra vez en la fase de "odiamoslaguarderíanecesitosacarlayayaya". Imagino que los motivos apuntan a temas de no dependencia, hacerse mayores, que no se vean unos a otros y quieran imitar conductas, y bla bla bla.

Que conste que no tengo nada a favor ni en contra del chupete, y que si me he de decantar por alguno de las dos posturas, más bien estaría en contra, puesto que como burda copia que es de la teta materna, no es que sea un objeto amado y defendido por mí. Pero es simplemente que no me parece justo hacerles desprenderse de forma brusca y cómo no, dirigida por nosotros los adultos, (con ese súperpoder que nos caracteriza y que los años te dan para conocer lo que es mejor en cada momento para otro ser humano, sobre todo si éste es dependiente, como un niño o un anciano...), de un objeto al que tú mismo le has hecho adicto.

Recuerdo que Paula tardó varios meses en usar chupete, aproximadamente hasta poco antes de empezar la guardería. Todo el mundo me decía desde los pocos días de nacer que por qué no le ponía un chupete ¡ya!, que era muy bueno para ellos, que a mí me vendría muy bien, que descansaría más, ¡que usaba mi pecho de chupete!... La verdad es que yo no entendía muy bien todo eso, yo la veía satisfecha y contenta, y yo también lo estaba. Ella no lloraba nunca y yo era feliz dándole el pecho cada vez que abría un ojo, y me preguntaba cómo era posible que mi hija usara mi pecho de chupete si ella en su corta vida, no sabía ni lo que era ese aparato. Ahora con muchas menos inseguridades, sé que es imposible que ningún niño use el pecho de chupete. Ahora sé que más bien es al revés, que la teta fue inventada antes que el chupete y que la mente brillante que inventó el susodicho artilugio, seguro que lo hizo con el único y exclusivo fin de engatusar y engañar a esos gordetes llorones, que pasan todo el día colgados de la tetita de su mamá, a ver si se confunden un poco y piensan por un ratito que esa cosita de goma o látex es el pecho de la mamá.

Pero probé, porque como digo las inseguridades de ser primeriza y de los primeros meses planeaban sobre mí a menudo. Probé varias veces desde el principio, pero mi niña decía que aquello para otro, que a ella le daba unas arcadas que se moría. Pero al parecer es que a todos los niños les pasa y hay que seguir insistiendo... Yo seguía sin entender muy bien para qué insistir. Nosotras estábamos bien. Yo en el fondo me alegraba de que no le gustara. Total, ¿para qué quería yo que le gustase una cosa que más tarde o más temprano tiene que dejar de usar?.

Pero un día quiso, debió parecerle bien tener ese recurso que le estábamos ofreciendo para esos pequeños momentos que mamá no estaba tan cerca.

Y digo yo, ¿quién soy yo y quién son ellas, después de haberle creado esa adicción, para ahora querer quitársela de un día para otro y sin más explicaciones?. Pues oye, no me parece bien.

Tengo claro que en algún momento tendrá que dejar de usar chupete. Tengo claro también que aunque no es condición necesaria y suficiente, su uso continuado durante años puede acarrear problemas en la dentadura. Pero lo que más claro tengo de todo, es que será un proceso principalmente guiado por ella, que yo estaré a su lado para ayudarla y apoyarla en él, pero no para imponerla tiempos ni premisas, que no habrá reproches ni chantajes, engaños ni regañinas. Nada de "estás feísima con ese chupete" (frase textual que he oído en la guarde), "el chupete es para bebés", "tú ya eres muy mayor para eso", "dejáselo para que se lo lleven los Reyes Magos"... Y un sinfín de cosas más que francamente, no son de mi estilo ni me parecen demostrar mucha empatía con las necesidades emocionales del niño.

Cuánto ganarían si se aplicaran el mismo cuento cientos y cientos de fumadores, algunos incluso que lo hacen delante y al lado de sus hijos con lo que ello conlleva. Eso sí es un verdadero problema para su salud.


Una vez alguien en algún rincón de este mundo, tuvo una idea, primero un sueño, y se materializó a través de "La gallina pintadita" y su maravilloso Árbol de losChupetes. Quién sabe... nos pilla un poco lejos, pero quizá algún día lo visitemos.



viernes, 13 de septiembre de 2013

Un pan debajo del brazo.

No puedo entender a las personas para las que tener o no tener hijos, o tener o no tener más hijos, se convierte en una cuestión meramente económica. "No me puedo permitir tener otro hijo"... Alucinante, la verdad...

Como si fuese un BMW. Mire, es que no puedo tener un BMW porque es muy caro de mantener, que luego hay que cambiarle las ruedas y las pastillas de freno, y sale muy caro. Y claro, ¡cada revisión es una pasta!. Pues lo mismo... No tengo otro hijo, que es muy caro de mantener... Pensar en los hijos como si fuesen un producto o capricho más, un artículo de los muchos que vamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida, me parece muy triste y hasta egoista si cabe.



Yo creo que tener y formar una familia es un acto de amor, de lealtad y de compromiso incondicional con las personas que la forman. No es una cuestión económica, no son unas vacaciones, ni un coche, ni un ordenador. O no debería serlo. Quizá pienso así porque crecí en una familia de tres hermanos, porque he aprendido, he reído y he llorado a su lado, porque quiero a toda mi familia a rabiar, y no siempre había para todo ni para todos, pero no puedo imaginar ni por un momento que alguno de ellos no hubiese existido.

No me parece justo pensar en los hijos en cifras, sacar una hoja de excel y rellenar celdas y celdas con los números que nos costará mantenerlo. ¿Mantenerlo?. Ya me chirría un poco la palabra. ¿Mantenerlo cómo...?. ¿Mantenerlo con vida?, esto es relativamente fácil a nada que le pongas un poco de empeño, ¿mantenerlo seguro, amado y feliz?, esto tampoco me parece algo muy relacionado con los ingresos mensuales. Mantenerlo alimentado, abrigado y bajo techo, eso ya es otro cantar, entramos en terreno económico. Pero, también queremos y debemos alimentarnos y sobrevivir nosotros ¿no?. Eso contamos con hacerlo. Las cosas pueden ponerse mal, muy mal y peor, pero siempre hay soluciones, siempre hay recursos si lo único que falla es el dinero. No sé por qué, pero me ha venido a la cabeza la película "En busca de la felicidad". Un poco yanqui, como no... pero muy muy bonita.

No es condición necesaria para ser infeliz, ser pobre. Hay niños tremendamente infelices viviendo en casas enormes, con habitaciones llenas de juguetes y play station. No es una idea hippie, como piensa por ahí alguno que otro que yo me sé..., ni tampoco una idea traída de un mundo feliz y mágico. Es la cruda realidad, lo mejor que le podemos regalar a un hijo es nuestro tiempo, ese del que tanto carecemos hoy en día.

Lo que creo es que hemos perdido un poco el norte. Creo que estamos tan acostumbrados a las comodidades, a tenerlo todo, a querer más de todo, a la cultura del que más vale es el que más tiene, el que más gana y de paso el que tiene el mejor trabajo, el mejor coche y el  que viaja más lejos cada año.

Creo que estamos tan colmados de eso, que otros valores mucho más importantes como la familia, la humildad y el valor de cosas mucho más pequeñas a priori, han quedado atrás. Preferimos pasar mucho menos tiempo con los nuestros pero ganar un poco más, para comprar un montón de cosas que no necesitamos.

Quizá por eso, la mujer que decide quedarse en casa a cuidar y educar a sus hijos, es una maruja, y por supuesto esos hijos unos desadaptados y antisociales por no estar muchas horas al día en una guardería socializando con otros tantos. (Léase esto último con el modo ironía activado.)

La familia para mí tiene otro significado. Se ayudan, se aman, se necesitan y comparten penas y alegrías. Tener a mi hija es lo mejor que he vivido, y tenerla cada día a mi lado no hace más que darme alegrías y satisfacciones y ningún bache económico que pasemos va a cambiar eso ni borrar todo el amor que nos damos. Si tuviese que vivir con menos, lo haría sin duda, viviría hasta sin nada, pero lo que ya no imagino es la vida sin ella.

Me acuerdo muchas veces de una cita de nuestro querido Carlos González en su libro "Bésame Mucho", en la que cuenta que su padre siempre le decía:

"Puedes críar un hijo más de los que creas que puedes mantener, y a uno menos de los que creas que tienes tiempo para cuidar".

Qué acertado estaba ese padre... Quizá la decisión de tener o no tener hijos debería ir más en función de lo que vayas a poder dedicarte a criar a ese niño. Porque total...¡ellos vienen con un pan debajo del brazo!.


martes, 23 de julio de 2013

Redecorando baby-room

Ayer mismo, esperábamos con ilusión que vinieras a conocer tu habitación que mamá y papá habían preparado con todas las ganas y anhelo, que como buenos primerizos derrochábamos día a día.

Bonita, la habitación quedó bonita, para que negarlo. Sencilla, funcional y dulce. Así la veíamos entonces.

Pero lo funcional para nosotros, resultó no serlo tanto para ti. No pensábamos ni por un momento en que durmieses allí a tu llegada, eso ya llegaría... Pero no llegó. Tuvimos una preciosa mini-cuna en nuestra habitación, pegadita a nuestra cama, que usaste en contadas ocasiones (creo que con los dedos de las dos manos, alguno me sobraría seguro...), pero tú preferías dormir y mamar sobre el pecho de mamá, o como muy lejos, a mi lado en la cama.

La habitación ha tenido su uso, para qué lo vamos a negar. Hemos pasado largos ratos tomando tetita con musiquita relajante, vistiéndote, jugando... Pero nunca durmiendo.

Y en las últimas semanas, no he parado de darle vueltas a la cabeza, leyendo y leyendo sobre habitaciones, espacios adecuados al niño en el hogar, sobre métodos Montessori y alguna que otra teoría que nos muestra cómo podemos crear en nuestro propio hogar, espacios más preparados para el desarrollo saludable de la personalidad y social de nuestros peques. Espacios en los que todo está al alcance de su mano, en los que no hay peligros al jugar, al saltar, al dormir, al hacer lo que quiera y se le ocurra, que es de lo que se trata, para que desarrollen su creatividad e imaginación, mediante el juego.

He leído mucho en fantásticos blogs, páginas web, he adquirido el libro "Aprender y jugar con el Método Montessori" de Lesley Britton (un libro que nos ayuda a traer a casa y a nuestro día a día las ideas de esta forma de entender la infancia y la educación, que está ámpliamente documentada y demostrada como óptima para los niños), que devoro noche tras noche, mientras que papá y yo nos hemos puesto el mono de trabajo, y vamos transformando tu nuevo espacio.

Y no es que para redecorar una habitación se necesite hacer un máster sobre fantásticos métodos... que no es eso... Es que mami cuando un tema le interesa mucho, cada vez va a más, y a más, y a más..., y no tiene fin. Y de un libro voy a otro, y de una web a otra, y de un tema a otro, porque francamente, me maravilla como las observaciones y reflexiones de una señora, que crearon todo un método hace 100 años, siguen vigentes reafirmándose hoy en día, con nuevos estudios e investigaciones al respecto. Y es que esta señora, "¡tenía ojo! te lo digo yo..." ;-)

Prometo plasmar con mil fotos (bueno, con alguna menos...), el fin de nuestra creación. Ya está cerca.

Lo primero ha sido crearnos una SÚPERCAMAGIGANTE de 2.40 X 2, trayéndonos y atando en el sentido más literal de la palabra (con bridas) la camita de 90 cm a nuestra cama de 1,50 m, para dormir los tres más a pierna suelta que nunca. Y de ahí en adelante, las ideas corren, la imaginación fluye y el pasillo y escalera se llena y vacía de trastos a una velocidad vertiginosa. Y hasta mamá te está pintando una mesita que estoy segura te va a encantar.

Tú, con tus risas, tus saltos, tus juegos y tus caras de alegría, nos reafirmas con creces que vamos por el buen camino.

viernes, 12 de julio de 2013

La silla de pensar

¿Por qué no creo en las sillas/rincones/habitaciones de pensar?.

La silla de pensar es un método para castigar a los niños cuando estén llevando a cabo una conducta que nos parece inadecuada, que consiste en apartarle de la escena y sentarle en una sillita para que piense y reflexione sobre lo que ha hecho (en realidad sobre lo mal que lo ha hecho...). No deja de ser una variación con nombre más exótico y molón del clásico "time out o tiempo fuera", que no es otra cosa que retirar al niño del lugar en el que se encuentra cuando se "está portando mal" y tenerle en otro lugar durante unos minutos, que según lo establecido, (por algunos psicólogos que no piensan como yo...), ha de ser 1 minuto por cada año de edad.
Creo que esta entrada la empezaré por el final, por decir que la conclusión es que me parece cruel, humillante, ruín y de la mínima empatía, apartar a un niño indefenso, por el artículo 33 (por muchas explicaciones y razones que le des) cuando NOSOTROS creemos que se ha equivocado o que ha actuado mal.

Hace no mucho oí a una mamá como contaba que a su hijo de dos años le habían pegado en el cole y que la cuidadora le había dicho que son cosas que pasan a esa edad, y que al otro niño lo habían enviado a la "sillita de pensar", pero claro no había que olvidar que sólo tenía 20 meses...


En fin, mis ojos un día van a salirse del lugar que ocupan, de tantas y tantas aberraciones
que oigo y presencio.



Y el motivo de que me ha llevado a escribir sobre esto es que, aunque a la pequeñina le queda aún un curso más en la guarde, últimamente no sé muy bien por qué, me planteo muchas veces cómo va a ser el cole de Paula después de esta etapa, qué tal se adaptará al cambio, qué tipo de enseñanza les darán, cómo resolverá su profesora determinadas situaciones o conflictos, etc.

Por fortuna no lo utilizan en la clase de mi hija. Me consta que cuando algún niño pega, muerde o en definitiva molesta a los demás, lo apartan directamente de ese otro niño o del juego en ese momento. Limando un poco las formas, lo prefiero así. Me parece más adecuado no permitir, en el sentido más físico de la palabra, que un niño pegue a los demás, (y sí, no permitir aunque esto signifique que te tengas que poner en medio a modo de parapeto y simplemente digas, "No, eso no está permitido") que mandarlo a pensar en no sé qué narices creen que va a pensar en una silla y apartado.

Y dicho esto, ahora sí, diré las razones por las que esta práctica me parece una mala idea. Seguro que hay tantos motivos para no usarla, como personas en el mundo estén en desacuerdo. Todas ellas igual de buenas, seguro. Las mías, desde un punto de vista personal y también como psicóloga (...porque hay más psicología infantil después de Super Nanny...) son estas:

- ¿Por qué entrar en valoraciones?. ¿Por qué dejarle sólo pensando que algo está mal, si a lo mejor para el niño está perfecto?. Pegar, tirar un jarrón y romperlo, sacar las cosas de los armarios, son conductas que a casi todos nos pueden parecer que "están mal" o son inadecuadas. ¿Seguro?... Si logramos ponernos por un momento en la mente de ese niño, seguro nos podría dar mil y una razones por las que esas conductas están requetebien!. Mejor mostrarle y enseñarle poco a poco las consecuencias de sus actos, y las cosas que en determinados contextos no debería hacer porque pueden molestar a otros.

- ¿Castigado a pensar?... Esto no merece ni comentario. Reflexionar, pensar, valorar, NUNCA debería ser un castigo.

- Cuando se sienten en la silla, rincón o habitación de aislamiento a pensar, ¿de verdad a alguna mente inteligente se le ha ocurrido que van a reflexionar sobre su conducta y lo mal que han actuado, y se levantarán convendidos de que no deben volver a actuar así?... Es muy inocente creer que el niño va a pensar en positivo él solito. Yo creo que muy al contrario, su cabreo se acrecentará, tendrá rabia contenida, enfado, y los pensamientos que llegan a la mente bajo esos estados no suelen ser muy buenos...

- Lo más normal es que generemos tristeza y frusración en el niño. Sensación de abandono, de incomprensión y de ser juzgado. Yo al menos, no es lo que quiero que mi hija sienta, por muy mal que se haya comportado.

- El castigo no enseña nada bueno, no es ninguna lección en sí mismo. Castigan las personas que se encuentran en una posición de superioridad sobre otras, ya sea física o emocional. Así que lo que estamos dejando claro forzándoles a sentarse a pensar, es que nuestra posición con respecto a ellos es de superioridad, que nos deben obedecer sin cuestionar, y que no importa lo que piensen, siempre que actúen como a nosotros nos gusta.

- El camino a seguir ante una conducta inadecuada, creo que debe ser de acompañamiento, de diálogo, de comprensión y apoyo. Somos sus acompañantes y cuidadores, no sus jueces.

- Aunque la técnica funcione, no dejarán de hacer lo que sea que haya generado el castigo porque piensen que está mal, o que las consecuencias no son deseables, muy lejos de esto, dejarán de hacerlo por miedo al castigo, y por evitar ese mal rato. Una vez más, no estamos enseñando nada.

- Encuentro un riesgo bastante grande en educar a los niños bajo un sistema de recompensas y castigos, (ya hablé de ello aquí), y es que no estamos fomentando el desarrollo de la responsabilidad. No les hacemos responsables de sus conductas, somos nosotros en último término los que dirigimos qué hacer y qué no hacer. Y esto, me parece sumamente contraprudecente si queremos que se conviertan en adultos responsables de sus actos y consecuentes.

Es más fácil y rápido corregir, enseñar mediante el castigo y los premios, modificando poco a poco la conducta y personalidad que los niños van mostrando. Pero, sin duda, a mi me parece que vale la pena invertir tiempo (mucho tiempo, es cierto), ilusión, y fuerzas en enseñar y educar desde la libertad, desde el diálogo, desde el ejemplo, acompañando en todos los momentos con empatía, teniendo siempre en cuenta el momento de desarrollo en el que se encuentre el niño, valorando hasta dónde le podemos pedir, hasta dónde pueden llegar a comprender. En un futuro todo ese amor y comprensión estoy segura que dará sus frutos. Y entonces vendrá el tiempo de cosecha, el tiempo de recoger todo ese amor y empatía.



martes, 23 de abril de 2013

Día Internacional del Libro

Los libros han sido un referente en mi vida desde muy pequeña. ¿El porqué?... No lo sé. Sí que es verdad que en mi casa siempre ha habido libros, y también tengo el recuerdo entrañable de la buena costumbre que siempre ha tenido mi abuela de regalarnos y comprar libros muy asíduamente.

El caso es que sin ser una casa en la que mis padres estuviesen todo el día con un libro en la mano, mi afición por la lectura es un hecho. Si algún día no leo, algo muy raro ocurre. No tengo tiempo últimamente ni para respirar, pero en los últimos minutos del día y aunque el agotamiento hace mella y no me da mucha tregua, siempre tengo mi ratito a la luz de la lamparita pequeña, sumergida en la lectura de unas pocas o muchas hojas, mientras la pequeña burbujita está ya en el quinto sueño con su respiración pausada a mi lado.

Me gusta leer y me gustan los libros. Sí, sí, los libros de carne y hueso... No esos con pantalla y botones que no huelen a papel, a librería. Sé que hay muchas y muy buenas razones para pasarse al e-book, y sé que si antes o después claudico, lo haré por esos árboles que estamos agotando poco a poco. Pero seguiré pensando que no hay comparación posible que salga bien parada, con la sensación de abrir y empezar un libro, ir pasando las hojas, tocarlas, olerlas, y llegar a su fin cerrando la tapa y guardando de nuevo en la estantería todas esas palabras, historias, personajes.

No voy a negar que me encantaría que mi hija heredase ese gusto y pasión por la lectura. Soy de las que piensa que casi todos los males de la humanidad se curan leyendo. No negaré tampoco que me gustaría que la única ambición que conozca sea la del saber y conocer cada día más, que quiera informarse, formarse, contrastar, aprender y en definitiva educarse y cultivarse a sí misma.

Desde casa le intentaremos transmitir esa idea como el mejor camino a la libertad de pensamiento.



Este fin de semana he estado recuperando libros de casa de mi hermana que en su día heredaron mis sobrinos cuando yo me hice mayor, y que más de 30 años después vuelven a mis manos para que los herede mi pequeña. Me he quedado gratamente sorprendida al ver que con varios garabatos, pocas arrugas y algún desconchón, ahí sigue ¡casi como nueva! mi enciclopedia de Barrio Sésamo que tanto usé en su día.



 



En el cole también han querido celebrar este día y les han dejado llevar un cuento al que quisiera, para verlos y jugar entre todos.

Ahí iba mi niña, más contenta que unas castañuelas con su cuento de primeras palabras que le encanta porque tiene animalitos y ella hace los gestos y sonidos de algunos de ellos.

Desde "Burbujita, tú y yo" nos sumamos a la celebración de este día, animando a tod@s los peques del mundo a que abran un libro y se dejen llevar por la fantasía y los sueños que cada uno de ellos encierra dentro de sí.

lunes, 22 de abril de 2013

Hay que compartir... ¿En serio?

Esta entrada es una mezcla de reafirmación de lo que yo ya pensaba desde hace tiempo, y un grito de ¡yo tengo razón! a todos los que piensan y proclaman lo contrario, porque lo necesito, porque de vez en cuando, escribirlo aquí es la única forma que encuentro de desahogarme. Pero mejor lo explico...

Este fin de semana hemos estado con una prima que tiene una hija 6 meses mayor que Paula.

La niña es un cielo y ella que entiende ya un poquito más que nuestra gordi, estaba deseando jugar con ella. Pero cuando llegamos, lo primero que hizo Paula ni corta ni perezosa fue quitarle su muñeca, quitarle también la sillita de juguete en la que la llevaba y allí sentó también a su muñeca, quedándose así con las dos y además con el cochecito, ante la mirada atónita de su prima que no tuvo por menos que echarse a llorar desconsolada ante la situación. ¡Pobre! Y ella que sólo quería jugar un ratito acompañada...

Y en mi cabeza resuenan como tambores las frases de "que vaya a la guardería es muy bueno!, aprenden a compartir, se socializan y aprenden a jugar con otros niños", ¿cómo me explican ahora todos los defensores de las maravillas de la escolarización temprana, por qué una niña que no ha pisado una guardería en su pajolera vida, entiende bastante mejor el concepto de compartir que una niña como la mía, que lleva yendo a la guarde desde los siete meses?. En fin... Recordaré esa escena cuando alguien me lo vuelva a decir.

Yo simplemente pienso que al igual que nos pasa a los adultos, cada niño es un mundo y por tanto tienen comportamientos diferentes. ¡Y me parece fenomenal que así sea!. Tendemos a querer estandarizarles como si fuesen robots y les intentamos convencer de cosas que ni nosotros mismos nos creemos.

- Fulanito, déjale ese juguete a ese niño, que hay que compartir...!

Y Fulanito pensará... ¿Ah sí...?. ¿Hay que compartir??. ¿Y por qué no compartes tú el móvil de 600 Euros que te trajeron los Reyes con la señora que está sentada a tu lado en el banco del parque???... ;-)


No creo que compartir sea una actitud que haya que imponer, ni mucho menos. Para empezar, si no quiere compartir sus cosas, que no lo haga no??. Digo yo que si son suyas, que haga lo que quiera. Creo que si no presionamos, si dejamos fluir los ritmos, en algún momento todos llegan a darse cuenta, que a veces es más divertido y productivo compartir algunas cosas para poder pasarlo mejor. No se debe coaccionar ni chantajear emocionalmente para que compartan. No me parece que sea el mejor camino.


Al margen de este razonamiento, últimamente pienso mucho en los cambios que observo en la peque, posteriores al comienzo de la guarde. Para no demonizar la escolarización, que no es el caso porque lo único que conseguiría con ello es torturarme más de lo que ya hice en su momento, diré que seguramente y dependiendo de la personalidad que  cada niño está formando en estas edades, a unos puede que les ayude en su proceso de socialización, a otros no les afecte, y a otros incluso les provoque cambios importantes haciendo un efecto contrario.

Creo que el caso de mi hija es este último. No sé si el ser la más chiquitita de todos los compis (en tamaño y en edad), la dinámica que se sigue en la clase, el carácter de la educadora, o todo junto han podido influir, pero cada día al ir a buscarla, noto cómo en ocasiones muestra su oposición, primero aferrándose en los primeros ratos a mí y a la tetita como un pequeño koala, y luego a veces enfrentándose, mostrando su enfado y descontento durante el resto de la tarde, incluso yo diría que su rabia. En las mañanas también vamos notando cada vez más esa oposición al cole, ante la desesperación de su madre que ya no puede darle más vueltas a la cabeza buscando alternativas que por el momento no existen.




domingo, 21 de abril de 2013

Conociendo a Nuestros Hijos

Los días pasan acelerados, las horas se me escapan de las manos sin darme cuenta, entre juegos, baños, comidas, meriendas y también, para que negarlo, muchas horas de calle y aire libre últimamente, que ya había ganas.

Las ideas, las palabras, los pensamientos se agolpan, los post se amontonan en la cabeza, pero no en el ordenador que es donde quieren y deben estar.

Y lo peor, que lo echo de menos una barbaridad. Sé que la organización irá llegando. Sé que las etapas cambian y los tiempos los vas encontrando. Pero estos meses, entre el trabajo, la casa, la peque, y el cansancio que me está acechando de manera preocupante... pocos momentos encuentro para sentarme a relajarme como tanto me gusta en nuestro rincón.

Pero hoy quería escribirlo. No podía dejar de contarlo, y de paso aprovechar para dar difusión al evento organizado por la Asociación Besos y Brazos para quien le pueda interesar . Estoy "como niño con zapatos nuevos"...

¡¡TENGO MI ENTRADA PARA EL III CICLO DE CONFERENCIAS "CONOCIENDO A NUESTROS HIJOS" !!

 

Llevaba desde que salieron, detrás de sentarme dos minutos y darle a comprar. Y ya empezaba a pensar que al final me quedaría sin ellas...

El cartel merece la pena. No tiene desperdicio. Ya estoy deseando que lleguen. Conozco de las andanzas de los tres primeros. Al cuarto no tengo el gusto. Pero seguro estará bien elegido y no defraudará.

Y con esto y un bizcocho, nos vamos a la cama que mañana comienza la dura semana y habrá seguro, muchas cositas nuevas que contar. Y como cada nueva semana, no me falta en mente el propósito de sacar de donde no lo haya, más ratitos para sentarme y hacer lo que tanto me gusta, escribir y contar.





jueves, 28 de febrero de 2013

De los Premios y Castigos

Llevo varios días con algo rondando en la cabeza que necesitaba escribir.

Desde que Paula empezó la guardería, hemos observado que casi todos los días traía en una de sus manitas un sello de tinta, de esos infantiles con diferentes dibujitos.

Yo siempre le pregunto por ello (obviamente ella no me contesta...), y le digo "¡Qué divertido, te han puesto un sello, qué bonito Paula!".

Ella me mira, sonríe, se señala su manita, parece que le hace gracia la cuestión...

El caso es que hace no mucho, al ir a buscar a la peque, y como siempre suelo hacer charlando un rato con su educadora, comenté algo sobre los sellos que llevaba en sus manitas habitualmente, y lo divertido que debía ser para ellos cuando jugaban con ellos. Me quedé sorprendida porque me dio a entender que no era algo que hicieran habitualmente, si no siempre. Y que todos los días ponían un sello a los niños que se habían portado bien.

¿En serio?????... Pensé yo para mis adentros, porque si en ese momento lo pienso para afuera, quizá hubiese dicho cosas muy feas. ¿Y eso no se podría considerar una forma de castigo...?. No es más que un premio para los grandes afortunados que se han portado bien, y un gran castigo para los pobres que "se han portado mal" y tienen que ver como a sus compis les estampan el dichoso dibujito de colores que mostrarán orgullosos a mamá y papá, mientras ellos se quedan con tres palmos de narices mirando...

No soy partidaria de educar a base de premios y castigos. No me parece una forma adecuada. No haces entender nada al niño, nada bueno al menos, desde mi punto de vista. Es muy rápido, es eficaz a corto plazo y puede incluso que te resuelva en determinados momentos, alguna situación conflictiva. Aún así, yo no lo usaría, ni quiero que se use con mi hija... Prefiero que Paula no haga regir su conducta por un sistema de recompensas y castigos establecido. Prefiero que encuentre sus propios premios o castigos en lo que hace. Que entienda por qué es mejor actuar de un modo u otro, en vez de hacerlo para conseguir algo a cambio.

A su edad, todavía es imposible que entienda nada de esto, tampoco lo espero. Y también sé que a veces es inevitable e inconsciente premiar o castigar, con nuestras caras, con nuestros gestos, con palabras que creemos inocentes incluso, la aprobación social también es un premio o un castigo para ellos. Entiendo también que es ¡entre complicado e imposible! divertir y pasar un día en paz y armonía con un grupo de niños tan pequeños y que tienen sueño, mocos, hambre, cansancio, que añoran a papá y mamá, ... pero eso no es excusa para intentar controlar su conducta de ese modo, porque los premios y castigos no son más que eso, una forma de control que ejercemos los adultos.

Como decía,  a corto plazo puede que funcionen, puede que incluso más fácil que enseñarles a pensar en ello. Pero todo eso se esfuma con el paso del tiempo. Así los niños nunca aprenderán a reflexionar y a pensar por sí mismos sobre lo que es bueno o malo. Siempre dependerá de nosotros, del adulto que decide por ellos lo que está bien y lo que está mal, en vez de guiarle y enseñarle el por qué y las consecuencias de sus actos.

Como digo, sé que es muy difícil, mucho más que utilizar las recompensas y los castigos. Pero a la larga es más fructífero, de eso no me cabe ninguna duda. Y en cuestión de educación, creo que merece la pena pensar e invertir a largo plazo ¿no?.

Al margen de todo esto, lo que más me cabrea de esta historia, es que Paula ha venido últimamente varios días a casa sin sello alguno... Y por supuesto, lo primero que ha asaltado mi mente es, ¡¿qué narices puede hacer una bebé o niña de 15 meses para portarse mal?!. Es que no se me ocurre nada que mi hija pueda hacer que alguien pueda tachar de mal comportamiento.

No me quiero poner trascendental ni metafísica, pero ¿qué es portarse mal?. No estarse quieta y sentada mientras la profe canta una canción o cuenta un cuento, dejarse la comida en el plato, chillar, llorar, tirar juguetes al suelo... No me puedo creer que estemos hablando de niños de entre 1 y 2 años.                                                                                                                                                                                     

Creo que en parte, el problema es que algunos adultos quieren que los hijos, los alumnos, los sobrinos, nietos... hagan las cosas "porque lo digo yo", porque yo soy el adulto y el que sabe cómo hay que comportarse. Adultocentrismo que lo llaman algunos por ahí... Una forma de educar que se ha ido transmitiendo de generación en generación, y que debemos dejar atrás y empezar de nuevo.

En estos momentos, y sin que tuviese relación alguna con el incidente de los sellitos, estoy leyendo el libro de Naomi Aldort, "Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos". Es una maravilla en cuanto a este tema. No lo he acabado y me gustaría escribir algún post sobre él cuando lo termine. De momento, y si tuviese que resumirlo todo en una frase, sería sin duda "Ponte en su lugar". ¿Hay algo más sencillo y más difícil a la vez?.

A mi personalmente, el castigo me parece una falta de respeto, una forma de educar basada en el miedo y no en la libertad. Y ojo, educar en libertad no significa "NO EDUCAR". Si aprendemos a respetar a lo que nos rodea, los límites nos los pondremos nosotros mismos, allá donde pudiésemos interferir en la libertad de los demás.


                            

viernes, 15 de febrero de 2013

Febrero: Pasado el 14 llega el 15...con mas amor...



  

Desde aqui lanzamos nuestra burbujita llena de amor, ternura, calma, paciencia y fuerza ... mucha fueza....


Que el poder de un abrazo, el valor de una caricia y el ahinco del dia a dia, por un futuro mejor, sea bandera de enfermos y familiares,  sanos y afectados en cualquiera de sus grados...





miércoles, 30 de enero de 2013

30 de Enero - Día de la Paz

El Día Escolar de la Paz y la No Violencia (School Day of Non-violence and Peace) se celebra todos los días 30 de Enero. Su objetivo es la educación en y para la tolerancia, la solidaridad, la concordia, el respeto a los Derechos Humanos, la no-violencia y la paz. En este día, los colegios y centros se convierten en instrumentos de paz y entendimiento entre personas de distinta formación, raza, cultura y religión.

El Día Escolar de la Paz y la No Violencia (DENIP) es una jornada educativa no gubernamental fundada en España en 1964 por el poeta y pacifista mallorquín Llorenç Vidal Vidal y que se practica en el aniversario de la muerte del Mahatma Gandhi (30 de Enero).

Y mi niña, como no podía ser de otra manera, y puesto que también tiene su propia jornada escolar, ha decorado con las huellas de sus deditos una paloma de la paz que la profe les ha hecho para colgar y llevársela a casa. ¡Salía encantada con su paloma!.

Y no es para menos...






Es una iniciativa bonita. Triste que tenga que ser necesaria, pero bonita.

Me gusta ser optimista y pensar que algún día lo conseguiremos, que este mundo no está destinado al fracaso y a la extinción. Que en un futuro no tan lejano que crearán adultos, que hoy son niños y niñas como la mía, habrá paz, los pueblos sabrán respetarse y se recuperará poco a poco este mundo enfermo.

Por un mundo lleno de paz y de amor... Tal y como algunos lo imaginaron alguna vez...

jueves, 15 de noviembre de 2012

Cuentos Chinos


Poco a poco vamos volviendo a la normalidad. A nuestra normalidad.

Hoy volvemos a comenzar la mañana llorando mi gordi y yo. Como ha estado malita tantos días y más de una semana sin pisar la guarde, ahora reclama su derecho a quedarse en casa con mami y estar todo el día recibiendo y dando mimitos sin parar.

Me parte el alma tener que soltarla y dejarla llorando, viendo cómo me voy sin que su llanto parezca tener efecto en su papá y su mamá que se marchan sin mirar atrás.

Y claro que tiene efecto... Lo que pasa que no puedo hacer lo que el cuerpo me pide, que es darme la vuelta, cogerla de nuevo y salir corriendo de allí sin decir ni adiós!.

En estos momentos, más que nunca, me parecen cuentos chinos, todos los pretextos que me suelen dar familiares y compañeros para defender las bondades de las guarderías.

Me parece un cuento chino pensar que los niños se tienen que socializar cuanto antes. Porque perdónenme ustedes pero los bebés NO se socializan con sus semejantes de su edad; tres narices les importa relacionarse con otros niños cuando antes de los 15 ó 18 meses ni siquiera se reconocen como un niño propiamente dicho, separado y desvinculado del cuerpo de mamá. De hecho sólo hay que observar a los niños de estas edades en la guardería... Juegan o se entretienen unos al lado de los otros, pero no unos con los otros. Prefieren estar con un adulto, les transmite más seguridad y calma. No es de extrañar, los adultos deben recordarle más a sus papás.

Un cuento chino me parece también, pensar que es muy bueno para ellos porque así se inmunizan... Ésta, sinceramente es la mejor de todas las excusas!. La maduración del sistema inmunológico lleva un proceso, como todo en la vida, y se va desarrollando y formando con el paso del tiempo y a base de entrar en contacto con diferentes virus o bacterias. Pero todo lleva su tiempo!, y acelerarlo de esta forma... no creo que sea la mejor manera. Dicho por mi pediatra no hace muchos días: "no se inmunizan yendo a la guardería... no nos inmunizamos nosotros que tenemos un sistema inmunológico desarrollado y fuerte! como para inmunizarse ellos..."

También es muy buena la excusa de que se espabilan antes. Esto me hace reflexionar bastante. ¿Qué entienden exactamente por espabilar la gente que dice y piensa eso?. Creo que se refieren a aprender a defenderse (a ellos mismos y a sus cosas), aprender a guardar turno, aprender que no son el centro del universo, a acatar órdenes... 0_0 ... No sé, no sé,... Esto directamente me deja sin palabras.  Mi bebé con 11 meses tiene que defenderse, ¿de qué...? ¿tiene que aprender a guardar turno?... Me parece a mi que estamos queriendo que los niños dejen de ser niños cuanto antes y sobre todo, antes de lo que les toca.

Que no esté tan "enmadrada/o" es también una de las razones alegadas con más asiduidad... ¡Odio esa palabra! Y por más que lo pienso y lo repienso, no le encuentro el lado malo.

En fin, no sigo porque las razones son cada vez más infundadas desde mi punto de vista. Nadie se para a pensar si es cierto o no, que a los niños tan pequeños les guste estar con otros niños (que NO lo es, ya os lo digo yo que también sé ponerme en plan "sabelotodo"), si es cierto o no, que les venga bien para inmunizarse ponerse malos tres días sí y uno no, etc.

Me hace gracia que a nadie en su sano juicio se le ocurre opinar sobre determinados temas pero otros son de dominio público. Nadie opina por ejemplo sobre una operación de cirujía a corazón abierto, nadie se atreve a dialogar con sus amiguetes en plan: "yo creo que es mucho mejor que te seccionen la ahorta y no la carótida, el resultado es inmejorable!". Sin embargo, a diestro y siniestro te encuentras personas a diario que opinan sobre cuándo y cómo deben socializarse los niños, lo bien que se educan en las guarderías y no bajo las faldas de su mamá, y un largo etc de temas que están muy bien fundamentados y documentados científicamente, pero claro está, sólo para quien está interesado en esos fundamentos.

No nos engañemos, las guarderías nos vienen muy bien a los adultos, NO a los bebés. Vivimos en una sociedad que hemos creado por y para los adultos, y sin pensar en las necesidades de los más pequeños, por tanto, poco o nada importa lo bien o lo mal que les venga estar en el cole o guarde 8, 10 e incluso 12 horas que están algunos.

No estoy con esto demonizando las guarderías y escuelas infantiles. Dejo a mi hija en una de ellas, muy a mi pesar, eso sí. Es sólo que no me gusta como está establecido y pensado el sistema educativo en nuestro país. Pienso que todo forma parte del mismo negocio y de la misma estructura, pensada como decía, por y para el bien de algunos adultos.

ESTO