Supongo que a esto se refería mucha gente cuando me decían que es muy bueno que vayan a la guardería porque allí aprenden a socializar...
Yo nunca he entendido ni compartido mucho estas afirmaciones la verdad. Pero ahora todo lo veo tan claro... ¡Mañana nos vamos de cumpleaños!. Sí, sí... Paula está invitada al cumpleaños de su compi, que ya elevamos a la categoría de amigo Arián (je je ;-). En fin, que dentro de poco, creo que tendrá más agenda que su madre, que siendo sinceras, poco tiene que correr ya para eso...
La realidad es que la familia al completo estamos invitados a la fiesta. Son niños muy pequeños todavía para asistir a un cumple y quedar allí sólos a cargo de los papás del homenajeado; y por tanto allí estaremos los tres, dispuestos a socializar como nunca, pues creo que nos hace más falta a nosotros que a la chiquitina, que ya conoce de sobra a sus compis, pero nosotros los papás, tenemos que entablar amistades, relaciones, conocer y poner caras a un montón de papis y mamis que no conocemos, los que intuyo serán nuestros compañeros de batallas, de historias, de compra de regalos, de esperas a la puerta del colegio, o en la sala del pediatra, de acompañamiento en los caminos de idas y venidas al cole, y por qué no, de algunos o muchos favores que podemos tener que pedirnos, en los próximos años de escolarización.
Vivimos en una localidad relativamente pequeña, en la que voy intuyendo que el vecindario en mayor o menor medida se conoce, y las mamás y papás compartimos muchos espacios, muchos lugares en los que se van formando lazos más, o menos fuertes. Nosotros estamos comenzando, pero como digo, quedan años por delante, muchos y espero que bienavenidos.
Yo soy más de pensar que con 2 años, "¡ande vamos invitándonos a fiestas y creando agenda!". Aún ni siquiera entablan relaciones de afecto y de lo que podríamos llamar amistad entre ellos. A diario conviven juntos pero cuando les observas desde la distancia, sin intervenir y sin hacer ruido, más se ven situaciones de rivalidad que de cariño, se respetan pero aún no son amigos, se divierten pero aún más por su cuenta que juntos. Sobretodo los más chiquititos como es el caso de Paula. Será a partir de los 3 ó 4 años cuando comienzan a surgir sus primeras relaciones de lo que podríamos llamar amistad entre iguales.
Pero a pesar de todo, a pesar de que todavía no me siento tan cerca, de que no comparto muchas ideas y opiniones sobre educación de las pocas que oigo y observo, a pesar de todo eso, y por todas las razones que ya comentaba más arriba, iremos a la fiesta y participaremos de un súper regalo común que le vamos a hacer entre tod@s (gracias whatsapp por estos momentos que nos das para poder poner de acuerdo a más de 20 personas que apenas se conocen).
Por el esfuerzo de una mamá que ha preparado una súper fiesta a su pequeño con segurísimo enorme ilusión y ganas de que disfrute con sus compañeritos, por comenzar unos vínculos que pese a mi escepticismo pueden hacerse fuertes, porque creo firmemente en la importancia de compartir momentos con otras mamás y papás de la comunidad en la que tus hijos viven a diario, a pesar de que a veces te sientas lejos y pienses que la conexión va a ser difícil. Seguro que lo pasaremos genial y los más peques mucho mejor, que al final es lo que importa.
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jueves, 14 de noviembre de 2013
viernes, 1 de noviembre de 2013
El Sombrero Lila
A los 3 años: Se mira en el espejo y ve una reina.
A los 8: Se mira y ve a Cenicienta.
A los 15: Se mira y ve una hermanastra fea (de Cenicienta) "¡Mamá, no puedo ir a la escuela con este aspecto!"
A los 20: Se mira y se ve "demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado baja, demasiado alta, cabello demasiado rizado, demasiado liso", pero decide que va a salir de todas formas.
A los 30: Se mira y se ve "demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado baja, demasiado alta, cabello demasiado rizado, demasiado liso", pero decide que no tiene tiempo para arreglarlo y va a salir de todas formas.
A los 40: Se mira y ve "demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado baja, demasiado alta, cabello demasiado rizado, demasiado liso", pero dice "por lo menos estoy 'limpia", y sale de todas formas.
A los 50: Se mira y ve "yo soy" y va por donde quiere ir.
A los 60: Se mira y se acuerda de todas las personas que ya no se pueden ver en el espejo. Sale y conquista el mundo.
A los 70: Se mira y ve sabiduría, risas y capacidad. Sale y disfruta de la vida.
A los 80: Ni se preocupa en mirar. Simplemente se pone un sombrero lila y sale a divertirse con el mundo.
El sombrero lila. Qué gracia... Hace poco volví a cruzárme con estas palabras y los recuerdos vinieron sólos... Una buena amiga de entonces (entonces era cuando teníamos pocos años y mucha ilusión y ganas de reir por todo), que las circunstancias hicieron que ya no lo sea, nos enseñó un buen día esta pequeña historieta que a todas nos encantó; y a menudo cuando nos encontrábamos "bajitas" de moral y demasiado flacas, o demasiado altas, o demasiado gordas, o demasiado lo que narices sea que nos encontráramos, nos repetíamos las unas a las otras "¡Me pongo el sombrero lila y salgo a comerme el mundo!". Y por lo menos ese día, sí que nos poníamos ese sombrero lila e imaginario que tanta gracia nos hacía...
Qué recuerdos tan bonitos. Casi siempre en nuestro frenético día a día, el pobre sombrero lila queda olvidado y relegado en lo más hondo del armario y olvidamos con él, simplemente disfrutar con lo que hay.
Espero Paula, que desde ahora y siempre, ¡te pongas el sombrero lila! cada día de tu vida y disfrutes y te rías siempre, muestre lo que muestre el espejo.
A los 8: Se mira y ve a Cenicienta.
A los 15: Se mira y ve una hermanastra fea (de Cenicienta) "¡Mamá, no puedo ir a la escuela con este aspecto!"
A los 20: Se mira y se ve "demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado baja, demasiado alta, cabello demasiado rizado, demasiado liso", pero decide que va a salir de todas formas.
A los 30: Se mira y se ve "demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado baja, demasiado alta, cabello demasiado rizado, demasiado liso", pero decide que no tiene tiempo para arreglarlo y va a salir de todas formas.
A los 40: Se mira y ve "demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado baja, demasiado alta, cabello demasiado rizado, demasiado liso", pero dice "por lo menos estoy 'limpia", y sale de todas formas.
A los 50: Se mira y ve "yo soy" y va por donde quiere ir.
A los 60: Se mira y se acuerda de todas las personas que ya no se pueden ver en el espejo. Sale y conquista el mundo.
A los 70: Se mira y ve sabiduría, risas y capacidad. Sale y disfruta de la vida.
A los 80: Ni se preocupa en mirar. Simplemente se pone un sombrero lila y sale a divertirse con el mundo.
El sombrero lila. Qué gracia... Hace poco volví a cruzárme con estas palabras y los recuerdos vinieron sólos... Una buena amiga de entonces (entonces era cuando teníamos pocos años y mucha ilusión y ganas de reir por todo), que las circunstancias hicieron que ya no lo sea, nos enseñó un buen día esta pequeña historieta que a todas nos encantó; y a menudo cuando nos encontrábamos "bajitas" de moral y demasiado flacas, o demasiado altas, o demasiado gordas, o demasiado lo que narices sea que nos encontráramos, nos repetíamos las unas a las otras "¡Me pongo el sombrero lila y salgo a comerme el mundo!". Y por lo menos ese día, sí que nos poníamos ese sombrero lila e imaginario que tanta gracia nos hacía...
Qué recuerdos tan bonitos. Casi siempre en nuestro frenético día a día, el pobre sombrero lila queda olvidado y relegado en lo más hondo del armario y olvidamos con él, simplemente disfrutar con lo que hay.
Espero Paula, que desde ahora y siempre, ¡te pongas el sombrero lila! cada día de tu vida y disfrutes y te rías siempre, muestre lo que muestre el espejo.
miércoles, 9 de octubre de 2013
viernes, 7 de junio de 2013
¡Mamá se va de concierto!
... Y qué más da, si son cosas de la edad... Pero no cosas de esta edad no, sino de esa otra edad, esa en que inocencia e ilusión se mezclaban en un cocktail dulce y explosivo a la vez, con las ganas de saber, de conocer, de experimentar...
...Que éramos unos niños en este jardín,
lloriqueando en las tardes de Abril,
sobre la hierba con la espalda cansada
y nuestros ideales muy lejos de aquí...
Sí, no hay duda, son ellos. ¡Modestia Aparte!, después de 25 años y con las mismas ganas, y unos pocos más de años, arrugas, canas e hijos, celebraban este aniversario con un gran concierto, lleno de amigos cuyas canciones han significado tanto durante una etapa de nuestras vidas... Una etapa que recuerdo con un cariño inmenso, y a la que me asomo a través de aquellos ojos llenos de inocencia que descubrían el mundo muchas veces a fuerza de palos, de lágrimas, de risas, de fracasos y por qué no decirlo, también de grandes éxitos.

No estaban sólos, les acompañaban en semejante evento: Danza Invisible, Melokos, Un pingüino en mi ascensor, Siniestro Total, Taxi... Y alguno más que me dejo seguro en el tintero...
Por dos horas, Mamá Burbujita fue de nuevo aquella niña que se hacía mujer siempre cantando al amor, hechizada por la luna que alumbraba aquellas noches de fiestas, risas, copas y amig@s.
¡Gracias amiga!. Gracias por tentarme a salir por una noche y regresar a aquellos días. Por tentarme a salir un jueves de casa y volver a saltar y bailar como antaño, al ritmo de los que nos eran tan Grandes en esa época... ¡Cómo me alegro de haber dicho SÍ! De haber dejado a un lado por un día el sueño, el cansancio, el trabajo y haber corrido a "la Disco" a revivir otros tiempos...
Gracias Papá Burbujita por cuidar también del bombón en mi ausencia, y darle la ración doble de mimos que reclamaba y hacer que no haga falta conseguir canguro!
Hoy hay resaca, y no es de alcohol...
Hoy hay resaca de voz, de espalda, de pies y también de nostalgia.
Pero eso sí, la sonrisa no se borra de mi cara, deseando ya ver a la venta ese disco-vídeo que dejará guardado para el recuerdo esta gran noche!.
...Que éramos unos niños en este jardín,
lloriqueando en las tardes de Abril,
sobre la hierba con la espalda cansada
y nuestros ideales muy lejos de aquí...
Sí, no hay duda, son ellos. ¡Modestia Aparte!, después de 25 años y con las mismas ganas, y unos pocos más de años, arrugas, canas e hijos, celebraban este aniversario con un gran concierto, lleno de amigos cuyas canciones han significado tanto durante una etapa de nuestras vidas... Una etapa que recuerdo con un cariño inmenso, y a la que me asomo a través de aquellos ojos llenos de inocencia que descubrían el mundo muchas veces a fuerza de palos, de lágrimas, de risas, de fracasos y por qué no decirlo, también de grandes éxitos.
No estaban sólos, les acompañaban en semejante evento: Danza Invisible, Melokos, Un pingüino en mi ascensor, Siniestro Total, Taxi... Y alguno más que me dejo seguro en el tintero...
Gracias Papá Burbujita por cuidar también del bombón en mi ausencia, y darle la ración doble de mimos que reclamaba y hacer que no haga falta conseguir canguro!
Hoy hay resaca, y no es de alcohol...
Hoy hay resaca de voz, de espalda, de pies y también de nostalgia.
Pero eso sí, la sonrisa no se borra de mi cara, deseando ya ver a la venta ese disco-vídeo que dejará guardado para el recuerdo esta gran noche!.
miércoles, 20 de marzo de 2013
viernes, 22 de febrero de 2013
... Sobre la vida
Hoy mi entrada está llena de tristeza, de dolor, de lágrimas...
Hace no mucho leía en el magnífico blog de Ibone Olza, una entrada sobrecogedora y a la vez llena de sentimientos y reflexiones, que titulaba "Incompatibles con la vida", de la cual dejo el enlace porque vale la pena leer y releer.
Yo lo hice ayer de nuevo, y no quería dejar pasar la oportunidad de dejar aquí plasmado ese gran artículo. Una amiga, compañera, madre ya de dos niñas preciosas, recibía el fatídico diagnóstico en su ecografía de 20 semanas, de malformaciones incompatibles con la vida.
Para algo así nunca estás preparado. Cuando con inocencia y alegría preguntábamos si era un nene o una nena, recibíamos la desgarradora noticia que te hiela la sangre, te deja de una pieza y no puedes ni pensar. Sólo quieres llorar.
Volviendo a leer a la que no me canso de alabar, Ibone Olza, ahora desde un prisma un poco más cercano, me remueve más todavía, lo que ya en su día removió. No me atrevo ni me inclino a afirmar nada al respecto, ni por supuesto a imaginar un "...qué haría yo...". Creo que hay que estar en esa tesitura, y ni aún así creo que puedas saber lo que sientes y deseas de verdad.
Son decisiones que te ves obligado a tomar en poco tiempo, sin meditar, sin darte un tiempo que necesitas más que nada en el mundo, para comprender y asimilar lo que está pasando, para saber lo que sientes y lo que quieres, muchas veces, la mayoría, sin otras opciones. No puedo imaginar lo duro y cruel que tiene que ser, decidir en pocas horas e incluso minutos, sobre esa vida que tú sí que sientes como tal, ¿incompatible?... ¿incompatible con qué?... Como bien nos dice Ibone Olza en su artículo, el lenguaje puede ser tan cruel en algunos casos... Te obligan a mezclar sentimientos con legalidad, tiempos límite, diagnósticos que nunca pueden ser certeros y que tú los tienes que asumir como tal.
Los comentarios sobran, las suposiciones más... Cuánto tendríamos que mejorar y cambiar como sociedad para poder valorar y acompañar estas situaciones, desde el más absoluto respeto a los padres, a su decisión, a sus necesidades en esos momentos, a los tiempos requeridos.
Por el momento, hoy, sólo puedo pensar en ello con una tristeza inmensa por mi amiga, por su bebé, por las hermanitas de ese bebé, y por la familia al completo que están pasando estos duros momentos.
Intuyo que la sensación de soledad tiene que invadirte hasta lo más hondo, viviendo y digiriendo un duelo que quizá mucha gente no entienda.
Desde aquí, todo mi amor, mi apoyo y un abrazo que me muero de ganas de darle en persona.
Hace no mucho leía en el magnífico blog de Ibone Olza, una entrada sobrecogedora y a la vez llena de sentimientos y reflexiones, que titulaba "Incompatibles con la vida", de la cual dejo el enlace porque vale la pena leer y releer.
Yo lo hice ayer de nuevo, y no quería dejar pasar la oportunidad de dejar aquí plasmado ese gran artículo. Una amiga, compañera, madre ya de dos niñas preciosas, recibía el fatídico diagnóstico en su ecografía de 20 semanas, de malformaciones incompatibles con la vida.
Para algo así nunca estás preparado. Cuando con inocencia y alegría preguntábamos si era un nene o una nena, recibíamos la desgarradora noticia que te hiela la sangre, te deja de una pieza y no puedes ni pensar. Sólo quieres llorar.
Volviendo a leer a la que no me canso de alabar, Ibone Olza, ahora desde un prisma un poco más cercano, me remueve más todavía, lo que ya en su día removió. No me atrevo ni me inclino a afirmar nada al respecto, ni por supuesto a imaginar un "...qué haría yo...". Creo que hay que estar en esa tesitura, y ni aún así creo que puedas saber lo que sientes y deseas de verdad.
Son decisiones que te ves obligado a tomar en poco tiempo, sin meditar, sin darte un tiempo que necesitas más que nada en el mundo, para comprender y asimilar lo que está pasando, para saber lo que sientes y lo que quieres, muchas veces, la mayoría, sin otras opciones. No puedo imaginar lo duro y cruel que tiene que ser, decidir en pocas horas e incluso minutos, sobre esa vida que tú sí que sientes como tal, ¿incompatible?... ¿incompatible con qué?... Como bien nos dice Ibone Olza en su artículo, el lenguaje puede ser tan cruel en algunos casos... Te obligan a mezclar sentimientos con legalidad, tiempos límite, diagnósticos que nunca pueden ser certeros y que tú los tienes que asumir como tal.
Los comentarios sobran, las suposiciones más... Cuánto tendríamos que mejorar y cambiar como sociedad para poder valorar y acompañar estas situaciones, desde el más absoluto respeto a los padres, a su decisión, a sus necesidades en esos momentos, a los tiempos requeridos.
Por el momento, hoy, sólo puedo pensar en ello con una tristeza inmensa por mi amiga, por su bebé, por las hermanitas de ese bebé, y por la familia al completo que están pasando estos duros momentos.
Intuyo que la sensación de soledad tiene que invadirte hasta lo más hondo, viviendo y digiriendo un duelo que quizá mucha gente no entienda.
Desde aquí, todo mi amor, mi apoyo y un abrazo que me muero de ganas de darle en persona.
viernes, 5 de octubre de 2012
Me voy de boda
Mañana se casa una amiga.
Un beso grande desde aquí Elena, que sé que me lees. Fuera nervios para mañana, y disfruta mucho el día, que te aseguro yo que se puede, y se puede pasar en grande!.
La boda es en Vigo, en Galicia. Finalmente y después de darle más de mil vueltas, voy yo sola. Y es que después del verano, la excedencia que disfruté con su consiguiente ausencia de sueldo, el inicio de la guarde y sus gastos, el coche y mil recibos que se juntan todos en un mismo mes... ha sido imposible que podamos ir todos.
Ni qué decir tiene que es un momento especial y por eso quiero estar allí. Pero es la primera vez que mi pequeña y yo nos vamos a separar una noche. Sé que estará con su padre, que va a estar bien no, fenomenal!, que se lo pasan en grande juntos y se adoran... Pero es inevitable pensar y pensar en si me echará de menos, si lo pasará mal, si le subirá fiebre... porque tiene un poco de faringitis... Sólo es un día. Me voy el Sábado por la mañana y vuelvo el Domingo, pero sé que para determinadas cosas puede ser mucho tiempo.
¿Qué pensará cuando llegue la noche y vea que no estoy yo a su lado en la cama?...
No sé si es normal tener tantas dudas, no sé si es normal pensar que no lo estoy haciendo bien como madre... No lo sé, pero es así como me siento. Siento que le estoy fallando.
He hecho lo que creía lo mejor para todos. Espero no haberme equivocado.
Mi pequeña te voy a echar tanto de menos... Sé que tú también a mi, a tu tetita, a mis brazos y mis besos... Papi te cuidará como siempre y estarás genial seguro. Y el reencuentro... Uffff, prepárate porque no sabes los besos que te voy a dar!
Un beso grande desde aquí Elena, que sé que me lees. Fuera nervios para mañana, y disfruta mucho el día, que te aseguro yo que se puede, y se puede pasar en grande!.
La boda es en Vigo, en Galicia. Finalmente y después de darle más de mil vueltas, voy yo sola. Y es que después del verano, la excedencia que disfruté con su consiguiente ausencia de sueldo, el inicio de la guarde y sus gastos, el coche y mil recibos que se juntan todos en un mismo mes... ha sido imposible que podamos ir todos.
Ni qué decir tiene que es un momento especial y por eso quiero estar allí. Pero es la primera vez que mi pequeña y yo nos vamos a separar una noche. Sé que estará con su padre, que va a estar bien no, fenomenal!, que se lo pasan en grande juntos y se adoran... Pero es inevitable pensar y pensar en si me echará de menos, si lo pasará mal, si le subirá fiebre... porque tiene un poco de faringitis... Sólo es un día. Me voy el Sábado por la mañana y vuelvo el Domingo, pero sé que para determinadas cosas puede ser mucho tiempo.
¿Qué pensará cuando llegue la noche y vea que no estoy yo a su lado en la cama?...
No sé si es normal tener tantas dudas, no sé si es normal pensar que no lo estoy haciendo bien como madre... No lo sé, pero es así como me siento. Siento que le estoy fallando.
He hecho lo que creía lo mejor para todos. Espero no haberme equivocado.
Mi pequeña te voy a echar tanto de menos... Sé que tú también a mi, a tu tetita, a mis brazos y mis besos... Papi te cuidará como siempre y estarás genial seguro. Y el reencuentro... Uffff, prepárate porque no sabes los besos que te voy a dar!
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