Las fiestas se han ido, la rutina ha vuelto, el trabajo, la guarde, las despedidas cada mañana...
Con la vuelta, el frío, mucho más que el que ya hacía cuando comenzaron las vacaciones.
De mis idas y venidas al garaje ya hablé en su momento, cuando acabó mi baja maternal y me incorporé a lo que desde entonces percibo como mi calvario del día a día, el trabajo en la oficina.
Cada medio día, en la hora que entre las dos y las tres dispongo para comer, bajaba al garaje y me metía en el coche, sacaleches en mano y contenta y feliz de sacarme la lechita que luego dejaba en la guarde para que a la mañana siguiente le dieran a Paula en una papilla, porque el biberón no es lo suyo...
Esa media hora o tres cuartos que tardaba, estaba contenta y feliz, viendo cómo se iba llenando el bote mientras pensaba en mi gordita, que al día siguiente se la tomaría gustosa.
Pero lo cierto es que en las últimas semanas, todo ese ritual era más un calvario que algo agradable, sumándole el agobio de ver cómo a veces salía menos leche y pensaba que no tendría bastante para su desayuno.
La lactancia es lo mejor y lo más bonito de todas las cosas que he disfrutado junto a mi hija. Y siempre he tenido claro que así debía ser. Y hasta ahora, bajando al garaje a sacarme leche, me sentía bien, sentía que de este modo estaba ayudando a mantener nuestra lactancia y también, por qué no decirlo haciendo que Paula tomase más leche de mamá y menos fórmula. Pero cada vez hace más frío, es incómodo, como en menos tiempo, engullendo a veces la comida casi fría, sin postre y sin ganas. Estoy perdiendo peso y había que ponerle solución.
Un día antes de que comenzasen las vacaciones de Navidad, leyendo como siempre con deleite, el maravilloso blog de Ivone Olza, llegué a un enlace en el que hablaba sobre sus lactancias y lo que disfrutó de la segunda, olvidándose en este caso del sacaleches y dejándose simplemente llevar, disfrutando de los momentos en que lactaba.
Yo visualizaba con pena y nostalgia el momento de dejar de sacarme leche, porque lo veía como el inicio del camino hacia el destete, el inicio de la disminución de la leche, que Paula rechazase por ello el pecho, etc.
Pero creo que no será así. La lactancia durará hasta que tenga que durar. La leche estará ahí siempre que la pequeña siga mamando cuando quiera. ¡Y así lo hacemos ahora!.
Tengo que decir que el cambio ha sido notable, y todo va mucho mejor para mi. Ahora como tranquila, no me agobio pensando si hoy hay menos leche que ayer, si mi niña mañana se quedará con hambre en el cole, si en casa tendré que sacarme más, si paso frío, si me duele la espalda en el coche... Aunque mentiría si dijese que no siento nostalgia en los mediodías, cuando no bajo a sacarme leche, mentiría también si dijese que no he sentido un poco de miedo pensando que este sería el fin de nuestra lactancia (... entre nosotros... creo que estoy más enganchada yo que ella...).
Ahora el sacaleches nos lo dejamos en casa, para momentos puntuales en que Paula no quiera mamar y me saque en ese momento, porque quiera y porque me apetezca guardar esa leche para más tarde. Y no porque sea una obligación autoimpuesta en beneficio de la salud de mi hija. Ha sido nuestro amigo y compañero más fiel durante muchos meses, y nos ha beneficiado mucho. Gracias a ello Paula ha estado muuuuchos meses más tomando sólo la leche de mamá y ninguna otra. Pero no podemos dejar que se convierta en una atadura. Eso estropearía gran parte de la maravilla que estamos disfrutando con la lactancia.
Fuera miedos, fuera obligaciones y fuera momentos incómodos. ¡Bienvenida otra etapa de nuestra lactancia!. No sabemos lo que durará. Sabemos que seguimos estando a gusto y disfrutando, ese momento de llegada a casa juntas sentadas en el sofá comenzando con ansia y muchas ganas a lactar... ese es NUESTRO MOMENTO... y eso no lo cambio por nada! ;-)
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sábado, 12 de enero de 2013
viernes, 5 de octubre de 2012
Me voy de boda
Mañana se casa una amiga.
Un beso grande desde aquí Elena, que sé que me lees. Fuera nervios para mañana, y disfruta mucho el día, que te aseguro yo que se puede, y se puede pasar en grande!.
La boda es en Vigo, en Galicia. Finalmente y después de darle más de mil vueltas, voy yo sola. Y es que después del verano, la excedencia que disfruté con su consiguiente ausencia de sueldo, el inicio de la guarde y sus gastos, el coche y mil recibos que se juntan todos en un mismo mes... ha sido imposible que podamos ir todos.
Ni qué decir tiene que es un momento especial y por eso quiero estar allí. Pero es la primera vez que mi pequeña y yo nos vamos a separar una noche. Sé que estará con su padre, que va a estar bien no, fenomenal!, que se lo pasan en grande juntos y se adoran... Pero es inevitable pensar y pensar en si me echará de menos, si lo pasará mal, si le subirá fiebre... porque tiene un poco de faringitis... Sólo es un día. Me voy el Sábado por la mañana y vuelvo el Domingo, pero sé que para determinadas cosas puede ser mucho tiempo.
¿Qué pensará cuando llegue la noche y vea que no estoy yo a su lado en la cama?...
No sé si es normal tener tantas dudas, no sé si es normal pensar que no lo estoy haciendo bien como madre... No lo sé, pero es así como me siento. Siento que le estoy fallando.
He hecho lo que creía lo mejor para todos. Espero no haberme equivocado.
Mi pequeña te voy a echar tanto de menos... Sé que tú también a mi, a tu tetita, a mis brazos y mis besos... Papi te cuidará como siempre y estarás genial seguro. Y el reencuentro... Uffff, prepárate porque no sabes los besos que te voy a dar!
Un beso grande desde aquí Elena, que sé que me lees. Fuera nervios para mañana, y disfruta mucho el día, que te aseguro yo que se puede, y se puede pasar en grande!.
La boda es en Vigo, en Galicia. Finalmente y después de darle más de mil vueltas, voy yo sola. Y es que después del verano, la excedencia que disfruté con su consiguiente ausencia de sueldo, el inicio de la guarde y sus gastos, el coche y mil recibos que se juntan todos en un mismo mes... ha sido imposible que podamos ir todos.
Ni qué decir tiene que es un momento especial y por eso quiero estar allí. Pero es la primera vez que mi pequeña y yo nos vamos a separar una noche. Sé que estará con su padre, que va a estar bien no, fenomenal!, que se lo pasan en grande juntos y se adoran... Pero es inevitable pensar y pensar en si me echará de menos, si lo pasará mal, si le subirá fiebre... porque tiene un poco de faringitis... Sólo es un día. Me voy el Sábado por la mañana y vuelvo el Domingo, pero sé que para determinadas cosas puede ser mucho tiempo.
¿Qué pensará cuando llegue la noche y vea que no estoy yo a su lado en la cama?...
No sé si es normal tener tantas dudas, no sé si es normal pensar que no lo estoy haciendo bien como madre... No lo sé, pero es así como me siento. Siento que le estoy fallando.
He hecho lo que creía lo mejor para todos. Espero no haberme equivocado.
Mi pequeña te voy a echar tanto de menos... Sé que tú también a mi, a tu tetita, a mis brazos y mis besos... Papi te cuidará como siempre y estarás genial seguro. Y el reencuentro... Uffff, prepárate porque no sabes los besos que te voy a dar!
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