Muchas veces, cuando te imagino dentro de unos años, caminando por el mundo con tu mochila imaginaria a la espalda, repleta de todas las cosas que te hayan pasado, las que hayas sentido, los acontecimientos felices y los más amargos, todos ellos haciendo de ti la personita en la que te convertirás y de lo que dependerá tu felicidad, aunque intento con todas mis fuerzas no tener ninguna expectativa de lo que serás ni de lo que elegirás hacer y no hacer, no puedo evitar tener muchos deseos para ti, deseos que se basan en el ferviente empeño de intentar que logres tu felicidad plena ayudándote a desarrollarte como la persona única en el mundo que eres, que hagas en cada momento lo que creas más oportuno, siempre desde el respeto y la empatía, que no te dejes llevar por los preceptos que nos vienen ya marcados de lo que se supone que está bien o está mal, sólo basados en opinicones y premisas perpetuadas desde hace siglos, por el simple motivo de no cuestionar lo que nos han enseñado, lo que "todo el mundo hace", lo que se ha ido convirtiendo en lo correcto, tan sólo porque sí.
Por eso, cuando pienso en ti, querida hija, tengo millones de buenos deseos y tan sólo una herramienta para hacer que se cumplan, el ejemplo que cada momento y cada día tratamos de ser en tu vida.
Deseo de todo corazón y con todas mis fuerzas mi pequeña...
- Que seas desobediente. Obediencia, que palabra tan fea y tan empleada para hablar de las virtudes que debe tener un niño. Deseo que no obedezcas nunca a nadie, deseo que actúes siempre según tus principios y que como mucho tomes los consejos cuando lo necesites, de las personas que te quieran, y pienses siempre en el porqué de seguir una norma o actuar de una determinada manera.
- Que no respetes a las personas mayores. Espero hija mía, que respetes siempre a todas las personas y seres vivos. A los mayores, a los pequeños y también a los medianos.
- Que no seas aplicada en el cole, para tener un buen futuro. Deseo de corazón que seas aplicada en cualquier lugar, en cada cosa que te propongas y que cada día de tu vida no pierdas nunca las ganas y la ilusión por aprender y conocer cosas nuevas.
- Que no te comas todo lo que te han puesto en el plato, si no tienes más ganas. Espero que la alimentación sea para ti un placer y una manera de saciar tus necesidades y no más.
- Que no te estés quieta. Que te muevas, que saltes, que corras, que bailes, que juegues hasta no poder más.
- Que no conjuntes la ropa y los colores como se nos ha dicho que pega más, sino como más te venga en gana. Que no vistas por apariencias y otras cuestiones raras. Que uses la ropa para tu comodidad, tu gusto y tu diversión. Me muero de amor y de risa, cuando te veo cómo disfrutas ya desde tan pequeñita, jugando a ponerte y quitarte zapatos, y a ponerte bailarinas de brillantina con pijama y chandal, je je... ;-)
- Que no aceptes como válido y cierto nada porque sí, ni porque lo diga yo, ni porque lo diga papá, ni porque lo diga nadie. Que te cuestiones cada cosa que te digan, que leas, que escuches, que veas. Eso siempre te hará aprender y mejorar.
- Que no dejes que se te coaccione, ni se pongan límites a tu imaginación, a tus proyectos y a tus metas.
- Que no dejes que la ambición entre en tu vida.
- Que no pierdas nunca la capacidad que tienes ahora de disfrutar de los pequeños momentos. De un besito al despertar, de un pedacito de queso recién cortado, un paseo hasta la plaza en tu triciclo, de esas primeras sensaciones, como la de la arena de la playa en tus pies...
En definitiva querida hija, te deseo que seas muy feliz. Que no dejes que nadie te imponga lo que tienes que hacer por ningún motivo, ni porque sea más mayor, ni porque tenga más estatus, ni porque sea de diferente sexo, color o altura.
Que rías, sueñes, llores, bailes, te enamores, que viajes y disfrutes la naturaleza, leas, aprendas y aprendas y nunca pierdas la ilusión por aprender más y más.
Para ello tengo plena confianza en ti, mi amor. Confío en la buena persona que eres y serás. Y en las buenas decisiones que seguro aprenderás a tomar. Confío en que sabrás apreciar lo que te hemos transmitido desde que naciste, las ventajas y las bondades de tratar con respeto, de dar amor por encima de todo, de intentar ante todo ponerse siempre en el lugar del otro, antes de juzgar, antes de decir, antes de hacer.
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martes, 11 de febrero de 2014
martes, 4 de febrero de 2014
Entre colores y libros
Mi pequeña gran niña ya colorea.
Le dibujamos animalitos, soles, nubes y cosas que se nos ocurren y que nos pide, y ella las colorea. Yo no lo sabía hasta el otro día. Papá le estaba dibujando animalitos y de repente miramos y allí estaba ella, sin que nadie le dijera que hiciese esto o aquello, sin animarla a pintar por dentro en vez de por fuera... Cogió su tiza y los garabateó por encima, en lo que se notaba un claro intento de coloreo.
Toda una obra de arte para mí, mi amor.
También dibujamos ya ojos y bocas. Cualquier cosa tiene que tener sus ojitos y su boquita, ¡hasta los soles!.
Y en esas líneas, puntos y rayajos que tú juntas con gracia, yo veo unos perfectos y preciosos ojos y bocas.
No lo puedo negar. A pesar de que hago gala de mostrate todo tipo de actividades para que tú seas la que desarrolle tus gustos y tus preferencias, no puedo evitar que me derritas chiquitina, me derrites cuando pintas, cuando te veo entre papeles y pinturas, cuando me pides cada día y cada vez más a menudo que me siente en la alfombra junto a ti a leerte libros y cuentos, cuando tú misma los coges como ayer mientras lleno la bañera y te encuentro nombrando los animalitos de los cuentos y montándote tu propia historia.
Este año en la guarde, te van a llevar un día a la biblioteca y te van a hacer el carnet. ¡Me encanta! Y por lo que intuyo, seguro que a ti también. Yo intentaré que se convierta en uno más de nuestros planes habituales.
Creo firmemente en los beneficios de la lectura, y no sólo los académicos e intelectuales, que también los tiene. Sobretodo, adoro el disfrute que te puede proporcionar un buen libro, el desarrollo de la imaginación, de la empatía a través del conocimiento de otros mundos, de otras personas, de otros puntos de vista, a veces cercanos y a veces a años luz del tuyo, tanto que te enseña a cuestionar y no aceptar a la primera. La relajación y momentos de desconectar y alejarnos de cualquier cosa relacionada con nuestro pequeño mundo que nos puede proporcionar un libro, no es comparable con nada.
En definitiva, creo sin duda en la premisa que leer, y en definitiva la cultura, nos hace más libres.
Amo la lectura, y me ha proporcionado momentos mágicos, maravillosos y mucha mucha enseñanza. Me encanta pensar que en algún momento, nuestra peque pueda llegar a beneficiarse de todo esto, igual que lo he hecho, y lo hago yo. Pondré en tu camino todo lo que esté en mi mano para que tú sola lo descubras.
Le dibujamos animalitos, soles, nubes y cosas que se nos ocurren y que nos pide, y ella las colorea. Yo no lo sabía hasta el otro día. Papá le estaba dibujando animalitos y de repente miramos y allí estaba ella, sin que nadie le dijera que hiciese esto o aquello, sin animarla a pintar por dentro en vez de por fuera... Cogió su tiza y los garabateó por encima, en lo que se notaba un claro intento de coloreo.
Toda una obra de arte para mí, mi amor.
También dibujamos ya ojos y bocas. Cualquier cosa tiene que tener sus ojitos y su boquita, ¡hasta los soles!.
Y en esas líneas, puntos y rayajos que tú juntas con gracia, yo veo unos perfectos y preciosos ojos y bocas.
No lo puedo negar. A pesar de que hago gala de mostrate todo tipo de actividades para que tú seas la que desarrolle tus gustos y tus preferencias, no puedo evitar que me derritas chiquitina, me derrites cuando pintas, cuando te veo entre papeles y pinturas, cuando me pides cada día y cada vez más a menudo que me siente en la alfombra junto a ti a leerte libros y cuentos, cuando tú misma los coges como ayer mientras lleno la bañera y te encuentro nombrando los animalitos de los cuentos y montándote tu propia historia.
Este año en la guarde, te van a llevar un día a la biblioteca y te van a hacer el carnet. ¡Me encanta! Y por lo que intuyo, seguro que a ti también. Yo intentaré que se convierta en uno más de nuestros planes habituales.
Creo firmemente en los beneficios de la lectura, y no sólo los académicos e intelectuales, que también los tiene. Sobretodo, adoro el disfrute que te puede proporcionar un buen libro, el desarrollo de la imaginación, de la empatía a través del conocimiento de otros mundos, de otras personas, de otros puntos de vista, a veces cercanos y a veces a años luz del tuyo, tanto que te enseña a cuestionar y no aceptar a la primera. La relajación y momentos de desconectar y alejarnos de cualquier cosa relacionada con nuestro pequeño mundo que nos puede proporcionar un libro, no es comparable con nada.
En definitiva, creo sin duda en la premisa que leer, y en definitiva la cultura, nos hace más libres.
Amo la lectura, y me ha proporcionado momentos mágicos, maravillosos y mucha mucha enseñanza. Me encanta pensar que en algún momento, nuestra peque pueda llegar a beneficiarse de todo esto, igual que lo he hecho, y lo hago yo. Pondré en tu camino todo lo que esté en mi mano para que tú sola lo descubras.
martes, 28 de enero de 2014
Los llantos ignorados
¿Por qué está tan normalizado y aceptado socialmente el llanto infantil?.
En su día, ya hablé sobre el llanto en esta entrada, cuando reflexionaba sobre la inmunidad que parecen tener en las guarderías ante el llanto y las lágrimas.
Yo personalmente cada día lo llevo peor.
En la guarde de Paula, hace unas semanas que se ha incorporado un niño nuevo. Sólo asistirá dos días en semana, y el pobre llora casi todo el tiempo (según cuenta la cuidadora). Cuando llego a buscar a Paula y está él, su carita de pena me parte el corazón. Pregunta por su mamá y llora, pero ninguna de las cuidadoras parece verse afectada (con esto no quiero decir que no lo estén, es sólo que me choca la capacidad de abstraerse de ello; yo no puedo evitar acercarme y acariciarle y decirle que sus papás volverán pronto). Paula me mira y le mira con carita triste, se acerca y le da un beso. Yo me derrito viendo que mi hija con lo pequeñita que es, tiene esa capacidad de empatizar con el dolor de un semejante y la bondad y sensibilidad para asistirle y cuidarle. Se siente mal e intenta remediar; no le gusta ver a otros niños o bebés llorar. Da besitos a las páginas de libros o cuentos en las que aparecen personajes con caras tristes.
Definitivamente, deben ser los años y la sociedad los que van endureciendo los corazones y haciendo que determinadas cosas pasen a un segundo plano.
Ójala tú nunca nunca pierdas esa condición mi amor... La condición de la empatía, de ponerse en el lugar de otro que sufre, e intentar remediar y sanar lo que le pase. Ójala...
En los centros comerciales, mercados o tiendas, o incluso parques concurridos, a menudo presencio situaciones que puedo jurar me hacen sentir peor que mal, y me revuelven por dentro. Niños que lloran y lloran y que no son escuchados por nadie... Al menos, eso parece porque nadie se inmuta. Muchas veces sentados o tumbados en sus carritos o sillitas, sin que sus padres muestren la más mínima intención de atender ese llanto.
¿Qué se puede esperar?... Si ya desde ciertos libros de gran tirada y que te venden como escritos por alguien "de reconocido prestigio", recomendados a diestro y siniestro hasta por la vecina del quinto, ya se nos insta a dejar llorar a nuestros hijos sin problema alguno, y ¡no pasa nada!, hasta que vomite si es necesario... ¡No, si encima será que es por su bien!.
No es que los libros y opiniones me parezcan un motivo para justificar esas situaciones, ¡nada más lejos!. Cada cual es responsable de sus hijos y de su crianza. Y cada cual elige entre toda la información que está a su alcance, lo que más le conviene. Es simplemente que trato de buscar porqués... ¿Será que lo que está más al alcance y más cerca, es la información que tiraniza a los niños, y los convierte poco menos que en pequeños diablillos contra los que tenemos que iniciar una lucha constante para que no se nos suban a las barbas y nos tomen el pelo?... Puede ser...
Puede ser también que en los últimos siglos, lo que se ha fomentado haya sido esa forma de crianza en la que el llanto es algo malo y que por tanto debe ser extinguido a base de ignorarlo. Que como buena psicóloga que soy, y habiéndome empollado como la que más la "modificación de conducta" de quinto, sé de primera mano que para extinguir una conducta no deseada (véase en este caso el llanto), no has de hacer más que retirar el refuerzo que la sigue (véase en este caso la atención prestada).
Pero el amor tan grande e incondicional que toda madre o padre siente por un hijo, ¿no es suficiente para replantearnos toda esta historia y preguntarnos, si realmente están en lo cierto todos aquellos que promulgan lo malos y tiranos que son nuestros hijos, que sólo quieren tomarnos el pelo, y por eso debemos ignorarles cuando lloren o monten rabietas?. ¿De veras no vale la pena replantearse por qué un niño llora, qué le ocurre, qué le ha molestado o qué necesita?. Sin duda, merece la pena, por lo menos cuestionarse todo lo que sabemos hasta ahora sobre educación y crianza. El futuro (por lo menos el emocional), de nuestros hijos es el que está en juego. Nada más y nada menos.
Para mí, y creo que ya lo he dicho en otros momentos, es una cuestión de empatía y de conocimiento del desarrollo intelectual y cognitivo de los niños. Nadie nace sabiendo todo, de todo. Hay que ir aprendiéndolo o desaprendiéndolo con los años. Pero qué diferentes serían las cosas si cada adulto fuese capaz de conocer qué es capaz y qué no es capaz de hacer un niño a una determinada edad, qué se puede esperar, dependiendo del momento de desarrollo en el que se encuentre. Intentarlo al menos no es tan difícil.
Los adultos del mañana son niños a los que se les ha enseñado que el llanto es incómodo, que es algo malo, que debe ser ignorado y que por mucho que hagan y por muy mal que se sientan, no se les va a hacer caso. En mi cabeza todo esto se mezcla peligrosamente y se me ocurren términos como indefensión aprendida, depresión... términos muy relacionados y que dan para hablar largo y tendido, pero eso será otro día y otro momento. Todos esos males que llegan un día, y muchas veces no se sabe por qué.
Lo que más me duele es que también aprendan que el resto tampoco haremos nada. Que viven en una sociedad en la que es normal que un bebé o un niño vaya llorando, sin que sus papás ni nadie le hagan caso. Que está aceptado socialmente y que los demás han de callar al verlo, porque al fin y al cabo... "son sus padres y no te puedes meter...". Eso me duele, y mucho... Tanto que a veces he mirado mal a algunos papás que estaban ignorando (o cosas peores) a un niño que lloraba. Y he mirado mal, por no buscar un enfrentamiento verbal, en el que seguro llevo las de perder (lo cual me importa bastante poco), pero lo peor, ese niño o niña también.
Esta mañana leí este post, sobre este tema, en el gran blog "En minúsculas", y algo se removió en mí. Es verdad, no hay que callar, hay que romper el silencio y decir que ESTÁ MAL.
Así que me senté y me puse a escribir lo que siento desde hace mucho y siempre callo.
En su día, ya hablé sobre el llanto en esta entrada, cuando reflexionaba sobre la inmunidad que parecen tener en las guarderías ante el llanto y las lágrimas.
Yo personalmente cada día lo llevo peor.
En la guarde de Paula, hace unas semanas que se ha incorporado un niño nuevo. Sólo asistirá dos días en semana, y el pobre llora casi todo el tiempo (según cuenta la cuidadora). Cuando llego a buscar a Paula y está él, su carita de pena me parte el corazón. Pregunta por su mamá y llora, pero ninguna de las cuidadoras parece verse afectada (con esto no quiero decir que no lo estén, es sólo que me choca la capacidad de abstraerse de ello; yo no puedo evitar acercarme y acariciarle y decirle que sus papás volverán pronto). Paula me mira y le mira con carita triste, se acerca y le da un beso. Yo me derrito viendo que mi hija con lo pequeñita que es, tiene esa capacidad de empatizar con el dolor de un semejante y la bondad y sensibilidad para asistirle y cuidarle. Se siente mal e intenta remediar; no le gusta ver a otros niños o bebés llorar. Da besitos a las páginas de libros o cuentos en las que aparecen personajes con caras tristes.
Definitivamente, deben ser los años y la sociedad los que van endureciendo los corazones y haciendo que determinadas cosas pasen a un segundo plano.
Ójala tú nunca nunca pierdas esa condición mi amor... La condición de la empatía, de ponerse en el lugar de otro que sufre, e intentar remediar y sanar lo que le pase. Ójala...
En los centros comerciales, mercados o tiendas, o incluso parques concurridos, a menudo presencio situaciones que puedo jurar me hacen sentir peor que mal, y me revuelven por dentro. Niños que lloran y lloran y que no son escuchados por nadie... Al menos, eso parece porque nadie se inmuta. Muchas veces sentados o tumbados en sus carritos o sillitas, sin que sus padres muestren la más mínima intención de atender ese llanto.
¿Qué se puede esperar?... Si ya desde ciertos libros de gran tirada y que te venden como escritos por alguien "de reconocido prestigio", recomendados a diestro y siniestro hasta por la vecina del quinto, ya se nos insta a dejar llorar a nuestros hijos sin problema alguno, y ¡no pasa nada!, hasta que vomite si es necesario... ¡No, si encima será que es por su bien!.
No es que los libros y opiniones me parezcan un motivo para justificar esas situaciones, ¡nada más lejos!. Cada cual es responsable de sus hijos y de su crianza. Y cada cual elige entre toda la información que está a su alcance, lo que más le conviene. Es simplemente que trato de buscar porqués... ¿Será que lo que está más al alcance y más cerca, es la información que tiraniza a los niños, y los convierte poco menos que en pequeños diablillos contra los que tenemos que iniciar una lucha constante para que no se nos suban a las barbas y nos tomen el pelo?... Puede ser...
Puede ser también que en los últimos siglos, lo que se ha fomentado haya sido esa forma de crianza en la que el llanto es algo malo y que por tanto debe ser extinguido a base de ignorarlo. Que como buena psicóloga que soy, y habiéndome empollado como la que más la "modificación de conducta" de quinto, sé de primera mano que para extinguir una conducta no deseada (véase en este caso el llanto), no has de hacer más que retirar el refuerzo que la sigue (véase en este caso la atención prestada).
Pero el amor tan grande e incondicional que toda madre o padre siente por un hijo, ¿no es suficiente para replantearnos toda esta historia y preguntarnos, si realmente están en lo cierto todos aquellos que promulgan lo malos y tiranos que son nuestros hijos, que sólo quieren tomarnos el pelo, y por eso debemos ignorarles cuando lloren o monten rabietas?. ¿De veras no vale la pena replantearse por qué un niño llora, qué le ocurre, qué le ha molestado o qué necesita?. Sin duda, merece la pena, por lo menos cuestionarse todo lo que sabemos hasta ahora sobre educación y crianza. El futuro (por lo menos el emocional), de nuestros hijos es el que está en juego. Nada más y nada menos.
Para mí, y creo que ya lo he dicho en otros momentos, es una cuestión de empatía y de conocimiento del desarrollo intelectual y cognitivo de los niños. Nadie nace sabiendo todo, de todo. Hay que ir aprendiéndolo o desaprendiéndolo con los años. Pero qué diferentes serían las cosas si cada adulto fuese capaz de conocer qué es capaz y qué no es capaz de hacer un niño a una determinada edad, qué se puede esperar, dependiendo del momento de desarrollo en el que se encuentre. Intentarlo al menos no es tan difícil.
Los adultos del mañana son niños a los que se les ha enseñado que el llanto es incómodo, que es algo malo, que debe ser ignorado y que por mucho que hagan y por muy mal que se sientan, no se les va a hacer caso. En mi cabeza todo esto se mezcla peligrosamente y se me ocurren términos como indefensión aprendida, depresión... términos muy relacionados y que dan para hablar largo y tendido, pero eso será otro día y otro momento. Todos esos males que llegan un día, y muchas veces no se sabe por qué.
Lo que más me duele es que también aprendan que el resto tampoco haremos nada. Que viven en una sociedad en la que es normal que un bebé o un niño vaya llorando, sin que sus papás ni nadie le hagan caso. Que está aceptado socialmente y que los demás han de callar al verlo, porque al fin y al cabo... "son sus padres y no te puedes meter...". Eso me duele, y mucho... Tanto que a veces he mirado mal a algunos papás que estaban ignorando (o cosas peores) a un niño que lloraba. Y he mirado mal, por no buscar un enfrentamiento verbal, en el que seguro llevo las de perder (lo cual me importa bastante poco), pero lo peor, ese niño o niña también.
Esta mañana leí este post, sobre este tema, en el gran blog "En minúsculas", y algo se removió en mí. Es verdad, no hay que callar, hay que romper el silencio y decir que ESTÁ MAL.
Así que me senté y me puse a escribir lo que siento desde hace mucho y siempre callo.
viernes, 4 de octubre de 2013
Por favor y Gracias
Hace no mucho, me llegó a través de facebook un escrito sobre lo mal educados que están en la actualidad nuestros niños. También decía algo así como que los que tenemos de 30 para arriba, somos la generación del "por favor" y el "gracias", que somos muy educados y que eso ahora al parecer ya no existe...
Mención aparte merece otra imagen que también me llegó por facebook (recordemos siempre que las redes sociales difunden todo, lo bueno, lo malo y lo regular) en la que aparecen dos fotografías, y dice así: "con más de esto...": Y un adulto sentado con un niño sobre sus rodillas al que está dando unos azotes, "habría menos de esto": y debajo una foto de una panda de chavales con aspecto así como un poco macarrilla.
Lamentable, la verdad. Pero más lamentable aún que tuviese algo así como sopotecientosmil "me gustas"... ¿De verdad tanta gente piensa eso...?. Me cuesta tanto creerlo.
Yo con estas cosas, la verdad es que alucino un poco y me enciendo más todavía. Entre otras cosas, porque asisto cada día, y cuando digo cada día, no estoy exagerando, es que asisto cada día, unas cuantas veces, a escenas en las que se falta el respeto descaradamente a los niños con gritos, insultos, amenazas, chantajes y hasta collejas u otras cosas peores. El otro día sin ir más lejos, en la sala de espera del médico (otorrino), una niña de unos 4 años, lloraba porque tenía que entrar a realizarse no sé qué prueba en la que le tenían que meter una sondita por la nariz. Yo sólo de pensarlo me pongo amarilla, pero como soy una adulta hecha y derecha, que no muy valiente pero sí con la mínima capacidad de razonar que algunas de las perrerías que me han de hacer pueden ser por mi bien, entonces aguanto mi miedo y lágrimas en ocasiones; pero esta pobre niña, estaba siendo víctima de toda serie de amenazas, chantajes y hasta insultos, por no querer entrar voluntariamente y airosa ella, a que un extraño le metiese un aparato por la nariz. ¿Pero cómo se puede tener tan poca empatía ¡por el amor de dos!?.¿Es que ninguno de los tres adultos que acompañaban a la pequeña, es capaz de ponerse por un segundo en su lugar, y sentir el miedo y el rechazo que le puede causar semejante situación...?.
Como decía, a diario (insisto, sí, a diario) veo todo tipo de faltas de respeto en cualquier parte y a todas horas. ¿Acaso a los niños se les pide que hagan las cosas por favor, y después se les da las gracias?. Esto debería ser un verdadero motivo de reflexión para muchos.
Yo creo que no, y lo que observo me da la razón. Yo creo que la mayoría de las veces y la mayoría de los adultos, ordenan cosas a los niños, sin ningún por favor y sin ningún gracias si es que obedecen y lo hacen. Y yo me pregunto, ¿por qué queremos niños obedientes?, ¿por qué la obediencia y sumisión está considerada, de manera casi universal, una virtud entre los niños?. ¿De verdad en el futuro será una caracterítica que nos gustará que tengan nuestros hijos en el trabajo, con los amigos, con la pareja...?. ¿Por qué entonces queremos que lo aprendan desde pequeños?. No lo entiendo. Supongo que las razones apuntan a que es más fácil tener a una persona a tu cuidado que te obedece sin rechistar ni cuestionar órdenes; que enseñar a una persona a razonar y a pensar por sí mismo qué es lo mejor o peor en cada momento, a tomar decisiones, a colaborar en el bienestar familiar, a cuidar de sí mismo, a respetarse y respetar a los demás.
Lo de la obediencia da para mucho, y merece ser tratado en otro momento. Yo, por mi parte, lo digo bien alto e incluso aquí lo dejo por escrito, NO QUIERO QUE MI HIJA SEA OBEDIENTE. Ni conmigo, ni por supuesto con nadie. Las órdenes vamos a dejarlas para el ejército, que allí parece que les gustan más. Mejor, hija mía, desde aquí te digo, puedes tener siempre plena confianza en mí. Yo intentaré velar por tu bienestar mientras pueda. Pero sobre todo, ten confianza en ti misma, puedes llegar a lograr todo lo que te propongas. Cuenta conmigo y con papá para lo que quieras, y si decides hacernos caso en lo que te aconsejemos o propongamos, que sea convencida de que lo que haces es lo mejor, nosotros intentaremos no darte órdenes, y espero que las únicas normas y leyes que rijan tu vida sean siempre el respeto, por ti y por los que te rodean. Así estás siendo educada y así espero que siga siendo.
Es muy difícil, se podría pensar, según desde el prisma que se mire. Debería ser bastante sencillo si nos esforzamos un poco más en conocer las necesidades físicas y emocionales del que tenemos enfrente. Y no sólo sus necesidades, sino también sus capacidades, que a veces es incluso más importante. Si logramos observar y conocer eso, resultará tarea sencilla. Sin ir más lejos, en el ejemplo de la niña en el médico, ¿de verdad alguien puede creer que un niño con 4 años puede ser capaz de entender y razonar que a pesar del miedo y reparo que dá, el que un extraño te meta algo por la nariz, quizá sea mejor que lo haga para saber lo que nos pasa y poder curarnos si hay algo que no funciona bien en nuestras narices?. Desde luego, el que piense que sí, no se ha parado mucho a reflexionar o investigar sobre lo que piensa y siente un niño.
Evidentemente y por desgracia, hay cosas que tienen que hacer sí o sí, no siempre por su propia voluntad. Y cosas que no podrán hacer, aunque su voluntad así lo desee. Su integridad física, la de los que le rodeen, y emocional por encima de todo. Hay mil maneras de hacerlo y de canalizar emociones, cada cual que elija las suyas.
Sólo creo, que si respetamos, obtendremos lo mismo, que si educamos con amor, aprenderán a darlo. Los padres, la familia y educadores somos sus primeros ejemplos.
Así que si queremos que las palabras "por favor" y "gracias" estén entre su vocabulario habitual, empleémoslas habitualmente con ellos. Si queremos que hagan algo, pidámoslo por favor, y si no quiere, no le apetece o no puede hacerlo en ese momento, respetémoslo y si da la casualidad que lo hace: "muchas gracias".
Redecorando... Esto engancha!
Se nos va el veranito, y parece como si antes de que empiecen a caer las primeras hojas, entrasen unas ganas locas de hacer limpieza, vaciar armarios, cambiar ropa usada y pequeña, por otra más nueva o al menos más grande. Todo bien limpio y preparado para la llegada del frío...
El caso es que la baby-room (como comenzó llamándose), y que ya comenzamos a cambiar en el verano, ahora es un espacio precioso adaptado para la pequeñina, con todo a su alcance y a su medida y con todas las cosas que más le gustan. Aquí disfruta y nunca quiere salir, colorea en su mesita, pinta en la pizarra, salta y duerme en sus colchones (también en la alfombra), hace torres con piezas, se peina y mira al espejo, pasa largos ratos sacando y probándose zapatos, monta en su burrito con ruedas... Todo está a su alcance, no hay ningún peligro, todo bien pensado para ella.
Todo comenzó cuando empecé a leer y a profundizar más allá de las cuatro ideas que tenía, sobre el enfoque Montessori. He disfrutado a lo grande creando su nueva habitación. Mientras íbamos cambiando todo, yo estaba lee que te lee "Jugar y Aprender con el método Montessori", qué interesante y qué de ideas, qué de actividades para ponerlo en práctica en casa, en definitiva para un aprendizaje un poco menos guiado, más libre y más pensado para ellos, los pequeños de la casa.
Es importante que sientan su hogar como un espacio en el que ellos también tienen cabida, que las estancias también son para ellos. ¿Podríamos vivir cómodamente un día entero caminando de rodillas por casa?... Así es como los niños lo ven. Al igual que en las escuelas, es importante que intentemos adaptar ciertas cosas para que les sea más fácil y funcional. Algunas veces y en determinados casos nos es muy complicado, tal y como tenemos estructuradas nuestra vida y nuestras casas, pero no lo es tanto por ejemplo, en sus habitaciones.
Nosotros hemos tomado muchas ideas que nos parecieron divertidas y muy coherentes para un espacio infantil.
- Hemos colocado el colchón de una camita de 90 cm. que teníamos para cuando Paula se hiciese mayor, y el colchón de su cuna (esa que nunca usó) haciendo una gran "L" en el suelo, con muchos peluches que le han ido regalando y que le encantan y varios cojines por encima. En medio una alfombra que aislará un poco del frío y que le permitirá saltar entre los colchones y en el suelo con menos riesgo.
- Hemos colocado en una de las paredes una súper pizarra grande y a su altura, para que deje volar su imaginación pintando y borrando a su antojo. Esto les permite la libre expresión y el ensayo y práctica cuando empiezan a escribir.
- Le hemos redecorado una mesita de su tamaño con tres sillitas mini de las que se levanta y se sienta con soltura y sin problemas. Aquí dibuja y colorea que da gusto... Es de las cosas que más le gustan.
- En sus muebles y armarios, casi todo está a su alcance y ella da buena cuenta de ello... porque se lo pasa en grande sacando por ejemplo zapatos y calcetines y ¡prueba que te prueba!. Los cuatro cajones que el mueble tiene un poco más altos, y que por el momento nos parece que pueden tener más riesgo los hemos asegurado.
- Hemos colocado en las estanterías a su altura, varias cajas con sus juguetes preferidos para que le sea mucho más sencillo tanto sacar como recoger. En una bandeja tiene sus pinturas y tizas, siempre muy a mano.
- Algunos marcos con imágenes de animalitos y con colores, a su altura para que pueda mirarlos y disfrutarlos. Ahora ya los señala y los nombra.
- No podía faltar un espejo, colocado a su justa medida y con espacios suficientes para sus peines, algunas diademas y pinzas para el pelo. Una dulzura cuando se mira, se peina y se pone su diadema, y todo ella solita.
- Una papelera, decorada y forrada por mamá, llena de bailarinas donde ella ya tira sus pañuelos usados o las cosas que encuentra por el suelo y no sirven.
- Junto a los colchones, y para que los tenga siempre a mano, hemos puesto una cesta de mimbre con un montón de libros que le encantan. Algunos son sólo de imágenes y otros que comparte con nosotros mientras le leemos y ella mira las ilustraciones que ya va nombrando. ¡Le encantan los libros! ¡y a mí que le encanten!. En el salón también hemos dejado un par de estanterías de las de abajo, que están a su altura para que tenga más libros y muñecos, ya que también aquí pasa muchos ratos.
- Una foto del cole con su profe y todos los compañeros cuelga también a su altura, y mientras les señala va aprendiendo a decir sus nombres.
- Las paredes las hemos dejado blancas tal y como estaban. En ellas está el árbol que le hicimos en su día y que le encanta, su imagen del principito y poco o nada más. Las paredes mejor poco cargadas y siempre con colores suaves o pastel, puesto que de lo contrario podría suponerles una sobreestimulación que no es lo más adecuado para su correcto desarrollo y aprendizaje.
Ha sido una gran idea. Más incluso de lo que nos imaginábamos cuando la empezamos. Ahora poco a poco y según crezca iremos adaptando este espacio a sus necesidades, iremos cambiando unos juguetes por otros para permitirle aprender cosas nuevas mediante el juego, y según lo que vaya demandando, lo iremos cambiando.
Los seis primeros años de vida de los niños son fundamentales en la formación y desarrollo de su personalidad y su capacidad intelectual. María Montessori en su enfoque, hace hincapié en que la infancia la debemos tomar como una etapa en sí misma y no como una preparación para la edad adulta. Todos los niños quieren aprender y aprenden por medio del juego y la experimentación de su entorno. Pero siempre debería ser un aprendizaje de dentro hacia fuera (ellos tienen predisposición a aprender y no hace falta que les forcemos, tan sólo dejándoles jugar libremente espontáneamente desarrollarán sus habilidades, les surgirán mil inquietudes, retos y curiosidades que saciar), y no al revés como solemos empeñarnos. De ahí al fracaso escolar sólo hay un paso.
Aunque el libro es recomendable 100% y muy interesante en cuanto a la educación y crianza de los primeros años, decir como brevísimo resumen, que María Montessori en su enfoque respecto a la crianza de los seis primeros años, pone énfasis en tres puntos claves:
- Lo más importante, que debería haber la máxima libertad posible, física e intelectual para el niño.
- El entorno, y cómo esté dispuesto tiene una gran influencia en el desarrollo y el aprendizaje.
- La forma en la que traten al niño, los adultos con los que convive (en especial los padres), tendrá una profunda influencia en su desarrollo.
Y a partir de ahí, el libro es más y más interesante. Esta señora ya en su momento, hace más de cien años tuvo una visión de la educación revolucionaria y que hoy en día no ha hecho más que reafirmarse.
Y como ya decíamos en el título de esta entrada, como esto de redecorar parece que engancha, y la llegada del otoño nos está animando a remover, imaginar, limpiar y cambiar, ¡hemos dado un nuevo aire también al blog!.
Soy poco amiga yo de cambiar las cosas que me gustan mucho, y desde luego mi blog era una de ellas. Pero ahora, como los armarios al inicio de temporada, parece más limpio, más funcional y sobre todo menos sobrecargado, algo que lo ralentizaba en exceso y que hacía que en determinados equipos, nunca acabase de cargar o lo hiciese tarde y mal.
El már sigue de fondo. El azul está por todas partes, como antes. Hay florecitas que tanto nos gustan y mucha claridad. Sencillez (como su dueña ;-) y mucho mucho amor que le ha puesto el Papá Burbujita al redecorarlo. Eso sí, aún falta trabajo por hacer... Hay cosas que aún no funcionan, cosas por poner y cosas por quitar... En fin, el tiempo es algo que escasea en nuestras vidas últimamente.
El caso es que la baby-room (como comenzó llamándose), y que ya comenzamos a cambiar en el verano, ahora es un espacio precioso adaptado para la pequeñina, con todo a su alcance y a su medida y con todas las cosas que más le gustan. Aquí disfruta y nunca quiere salir, colorea en su mesita, pinta en la pizarra, salta y duerme en sus colchones (también en la alfombra), hace torres con piezas, se peina y mira al espejo, pasa largos ratos sacando y probándose zapatos, monta en su burrito con ruedas... Todo está a su alcance, no hay ningún peligro, todo bien pensado para ella.
Todo comenzó cuando empecé a leer y a profundizar más allá de las cuatro ideas que tenía, sobre el enfoque Montessori. He disfrutado a lo grande creando su nueva habitación. Mientras íbamos cambiando todo, yo estaba lee que te lee "Jugar y Aprender con el método Montessori", qué interesante y qué de ideas, qué de actividades para ponerlo en práctica en casa, en definitiva para un aprendizaje un poco menos guiado, más libre y más pensado para ellos, los pequeños de la casa.
Es importante que sientan su hogar como un espacio en el que ellos también tienen cabida, que las estancias también son para ellos. ¿Podríamos vivir cómodamente un día entero caminando de rodillas por casa?... Así es como los niños lo ven. Al igual que en las escuelas, es importante que intentemos adaptar ciertas cosas para que les sea más fácil y funcional. Algunas veces y en determinados casos nos es muy complicado, tal y como tenemos estructuradas nuestra vida y nuestras casas, pero no lo es tanto por ejemplo, en sus habitaciones.
Nosotros hemos tomado muchas ideas que nos parecieron divertidas y muy coherentes para un espacio infantil.
- Hemos colocado el colchón de una camita de 90 cm. que teníamos para cuando Paula se hiciese mayor, y el colchón de su cuna (esa que nunca usó) haciendo una gran "L" en el suelo, con muchos peluches que le han ido regalando y que le encantan y varios cojines por encima. En medio una alfombra que aislará un poco del frío y que le permitirá saltar entre los colchones y en el suelo con menos riesgo.
- Hemos colocado en una de las paredes una súper pizarra grande y a su altura, para que deje volar su imaginación pintando y borrando a su antojo. Esto les permite la libre expresión y el ensayo y práctica cuando empiezan a escribir.
- Le hemos redecorado una mesita de su tamaño con tres sillitas mini de las que se levanta y se sienta con soltura y sin problemas. Aquí dibuja y colorea que da gusto... Es de las cosas que más le gustan.
- En sus muebles y armarios, casi todo está a su alcance y ella da buena cuenta de ello... porque se lo pasa en grande sacando por ejemplo zapatos y calcetines y ¡prueba que te prueba!. Los cuatro cajones que el mueble tiene un poco más altos, y que por el momento nos parece que pueden tener más riesgo los hemos asegurado.
- Hemos colocado en las estanterías a su altura, varias cajas con sus juguetes preferidos para que le sea mucho más sencillo tanto sacar como recoger. En una bandeja tiene sus pinturas y tizas, siempre muy a mano.
- Algunos marcos con imágenes de animalitos y con colores, a su altura para que pueda mirarlos y disfrutarlos. Ahora ya los señala y los nombra.
- No podía faltar un espejo, colocado a su justa medida y con espacios suficientes para sus peines, algunas diademas y pinzas para el pelo. Una dulzura cuando se mira, se peina y se pone su diadema, y todo ella solita.
- Una papelera, decorada y forrada por mamá, llena de bailarinas donde ella ya tira sus pañuelos usados o las cosas que encuentra por el suelo y no sirven.
- Junto a los colchones, y para que los tenga siempre a mano, hemos puesto una cesta de mimbre con un montón de libros que le encantan. Algunos son sólo de imágenes y otros que comparte con nosotros mientras le leemos y ella mira las ilustraciones que ya va nombrando. ¡Le encantan los libros! ¡y a mí que le encanten!. En el salón también hemos dejado un par de estanterías de las de abajo, que están a su altura para que tenga más libros y muñecos, ya que también aquí pasa muchos ratos.
- Una foto del cole con su profe y todos los compañeros cuelga también a su altura, y mientras les señala va aprendiendo a decir sus nombres.
- Las paredes las hemos dejado blancas tal y como estaban. En ellas está el árbol que le hicimos en su día y que le encanta, su imagen del principito y poco o nada más. Las paredes mejor poco cargadas y siempre con colores suaves o pastel, puesto que de lo contrario podría suponerles una sobreestimulación que no es lo más adecuado para su correcto desarrollo y aprendizaje.
Los seis primeros años de vida de los niños son fundamentales en la formación y desarrollo de su personalidad y su capacidad intelectual. María Montessori en su enfoque, hace hincapié en que la infancia la debemos tomar como una etapa en sí misma y no como una preparación para la edad adulta. Todos los niños quieren aprender y aprenden por medio del juego y la experimentación de su entorno. Pero siempre debería ser un aprendizaje de dentro hacia fuera (ellos tienen predisposición a aprender y no hace falta que les forcemos, tan sólo dejándoles jugar libremente espontáneamente desarrollarán sus habilidades, les surgirán mil inquietudes, retos y curiosidades que saciar), y no al revés como solemos empeñarnos. De ahí al fracaso escolar sólo hay un paso.
Aunque el libro es recomendable 100% y muy interesante en cuanto a la educación y crianza de los primeros años, decir como brevísimo resumen, que María Montessori en su enfoque respecto a la crianza de los seis primeros años, pone énfasis en tres puntos claves:
- Lo más importante, que debería haber la máxima libertad posible, física e intelectual para el niño.
- El entorno, y cómo esté dispuesto tiene una gran influencia en el desarrollo y el aprendizaje.
- La forma en la que traten al niño, los adultos con los que convive (en especial los padres), tendrá una profunda influencia en su desarrollo.
Y a partir de ahí, el libro es más y más interesante. Esta señora ya en su momento, hace más de cien años tuvo una visión de la educación revolucionaria y que hoy en día no ha hecho más que reafirmarse.
Y como ya decíamos en el título de esta entrada, como esto de redecorar parece que engancha, y la llegada del otoño nos está animando a remover, imaginar, limpiar y cambiar, ¡hemos dado un nuevo aire también al blog!.
Soy poco amiga yo de cambiar las cosas que me gustan mucho, y desde luego mi blog era una de ellas. Pero ahora, como los armarios al inicio de temporada, parece más limpio, más funcional y sobre todo menos sobrecargado, algo que lo ralentizaba en exceso y que hacía que en determinados equipos, nunca acabase de cargar o lo hiciese tarde y mal.
El már sigue de fondo. El azul está por todas partes, como antes. Hay florecitas que tanto nos gustan y mucha claridad. Sencillez (como su dueña ;-) y mucho mucho amor que le ha puesto el Papá Burbujita al redecorarlo. Eso sí, aún falta trabajo por hacer... Hay cosas que aún no funcionan, cosas por poner y cosas por quitar... En fin, el tiempo es algo que escasea en nuestras vidas últimamente.
martes, 23 de julio de 2013
Redecorando baby-room
Ayer mismo, esperábamos con ilusión que vinieras a conocer tu habitación que mamá y papá habían preparado con todas las ganas y anhelo, que como buenos primerizos derrochábamos día a día.
Bonita, la habitación quedó bonita, para que negarlo. Sencilla, funcional y dulce. Así la veíamos entonces.
Pero lo funcional para nosotros, resultó no serlo tanto para ti. No pensábamos ni por un momento en que durmieses allí a tu llegada, eso ya llegaría... Pero no llegó. Tuvimos una preciosa mini-cuna en nuestra habitación, pegadita a nuestra cama, que usaste en contadas ocasiones (creo que con los dedos de las dos manos, alguno me sobraría seguro...), pero tú preferías dormir y mamar sobre el pecho de mamá, o como muy lejos, a mi lado en la cama.
La habitación ha tenido su uso, para qué lo vamos a negar. Hemos pasado largos ratos tomando tetita con musiquita relajante, vistiéndote, jugando... Pero nunca durmiendo.
Y en las últimas semanas, no he parado de darle vueltas a la cabeza, leyendo y leyendo sobre habitaciones, espacios adecuados al niño en el hogar, sobre métodos Montessori y alguna que otra teoría que nos muestra cómo podemos crear en nuestro propio hogar, espacios más preparados para el desarrollo saludable de la personalidad y social de nuestros peques. Espacios en los que todo está al alcance de su mano, en los que no hay peligros al jugar, al saltar, al dormir, al hacer lo que quiera y se le ocurra, que es de lo que se trata, para que desarrollen su creatividad e imaginación, mediante el juego.
He leído mucho en fantásticos blogs, páginas web, he adquirido el libro "Aprender y jugar con el Método Montessori" de Lesley Britton (un libro que nos ayuda a traer a casa y a nuestro día a día las ideas de esta forma de entender la infancia y la educación, que está ámpliamente documentada y demostrada como óptima para los niños), que devoro noche tras noche, mientras que papá y yo nos hemos puesto el mono de trabajo, y vamos transformando tu nuevo espacio.
Y no es que para redecorar una habitación se necesite hacer un máster sobre fantásticos métodos... que no es eso... Es que mami cuando un tema le interesa mucho, cada vez va a más, y a más, y a más..., y no tiene fin. Y de un libro voy a otro, y de una web a otra, y de un tema a otro, porque francamente, me maravilla como las observaciones y reflexiones de una señora, que crearon todo un método hace 100 años, siguen vigentes reafirmándose hoy en día, con nuevos estudios e investigaciones al respecto. Y es que esta señora, "¡tenía ojo! te lo digo yo..." ;-)
Prometo plasmar con mil fotos (bueno, con alguna menos...), el fin de nuestra creación. Ya está cerca.
Lo primero ha sido crearnos una SÚPERCAMAGIGANTE de 2.40 X 2, trayéndonos y atando en el sentido más literal de la palabra (con bridas) la camita de 90 cm a nuestra cama de 1,50 m, para dormir los tres más a pierna suelta que nunca. Y de ahí en adelante, las ideas corren, la imaginación fluye y el pasillo y escalera se llena y vacía de trastos a una velocidad vertiginosa. Y hasta mamá te está pintando una mesita que estoy segura te va a encantar.
Tú, con tus risas, tus saltos, tus juegos y tus caras de alegría, nos reafirmas con creces que vamos por el buen camino.
Bonita, la habitación quedó bonita, para que negarlo. Sencilla, funcional y dulce. Así la veíamos entonces.
Pero lo funcional para nosotros, resultó no serlo tanto para ti. No pensábamos ni por un momento en que durmieses allí a tu llegada, eso ya llegaría... Pero no llegó. Tuvimos una preciosa mini-cuna en nuestra habitación, pegadita a nuestra cama, que usaste en contadas ocasiones (creo que con los dedos de las dos manos, alguno me sobraría seguro...), pero tú preferías dormir y mamar sobre el pecho de mamá, o como muy lejos, a mi lado en la cama.
La habitación ha tenido su uso, para qué lo vamos a negar. Hemos pasado largos ratos tomando tetita con musiquita relajante, vistiéndote, jugando... Pero nunca durmiendo.
Y en las últimas semanas, no he parado de darle vueltas a la cabeza, leyendo y leyendo sobre habitaciones, espacios adecuados al niño en el hogar, sobre métodos Montessori y alguna que otra teoría que nos muestra cómo podemos crear en nuestro propio hogar, espacios más preparados para el desarrollo saludable de la personalidad y social de nuestros peques. Espacios en los que todo está al alcance de su mano, en los que no hay peligros al jugar, al saltar, al dormir, al hacer lo que quiera y se le ocurra, que es de lo que se trata, para que desarrollen su creatividad e imaginación, mediante el juego.
He leído mucho en fantásticos blogs, páginas web, he adquirido el libro "Aprender y jugar con el Método Montessori" de Lesley Britton (un libro que nos ayuda a traer a casa y a nuestro día a día las ideas de esta forma de entender la infancia y la educación, que está ámpliamente documentada y demostrada como óptima para los niños), que devoro noche tras noche, mientras que papá y yo nos hemos puesto el mono de trabajo, y vamos transformando tu nuevo espacio.
Y no es que para redecorar una habitación se necesite hacer un máster sobre fantásticos métodos... que no es eso... Es que mami cuando un tema le interesa mucho, cada vez va a más, y a más, y a más..., y no tiene fin. Y de un libro voy a otro, y de una web a otra, y de un tema a otro, porque francamente, me maravilla como las observaciones y reflexiones de una señora, que crearon todo un método hace 100 años, siguen vigentes reafirmándose hoy en día, con nuevos estudios e investigaciones al respecto. Y es que esta señora, "¡tenía ojo! te lo digo yo..." ;-)Lo primero ha sido crearnos una SÚPERCAMAGIGANTE de 2.40 X 2, trayéndonos y atando en el sentido más literal de la palabra (con bridas) la camita de 90 cm a nuestra cama de 1,50 m, para dormir los tres más a pierna suelta que nunca. Y de ahí en adelante, las ideas corren, la imaginación fluye y el pasillo y escalera se llena y vacía de trastos a una velocidad vertiginosa. Y hasta mamá te está pintando una mesita que estoy segura te va a encantar.
Tú, con tus risas, tus saltos, tus juegos y tus caras de alegría, nos reafirmas con creces que vamos por el buen camino.
viernes, 12 de julio de 2013
La silla de pensar
¿Por qué no creo en las sillas/rincones/habitaciones de pensar?.
La silla de pensar es un método para castigar a los niños cuando estén llevando a cabo una conducta que nos parece inadecuada, que consiste en apartarle de la escena y sentarle en una sillita para que piense y reflexione sobre lo que ha hecho (en realidad sobre lo mal que lo ha hecho...). No deja de ser una variación con nombre más exótico y molón del clásico "time out o tiempo fuera", que no es otra cosa que retirar al niño del lugar en el que se encuentra cuando se "está portando mal" y tenerle en otro lugar durante unos minutos, que según lo establecido, (por algunos psicólogos que no piensan como yo...), ha de ser 1 minuto por cada año de edad.
Creo que esta entrada la empezaré por el final, por decir que la conclusión es que me parece cruel, humillante, ruín y de la mínima empatía, apartar a un niño indefenso, por el artículo 33 (por muchas explicaciones y razones que le des) cuando NOSOTROS creemos que se ha equivocado o que ha actuado mal.
Hace no mucho oí a una mamá como contaba que a su hijo de dos años le habían pegado en el cole y que la cuidadora le había dicho que son cosas que pasan a esa edad, y que al otro niño lo habían enviado a la "sillita de pensar", pero claro no había que olvidar que sólo tenía 20 meses...
Y el motivo de que me ha llevado a escribir sobre esto es que, aunque a la pequeñina le queda aún un curso más en la guarde, últimamente no sé muy bien por qué, me planteo muchas veces cómo va a ser el cole de Paula después de esta etapa, qué tal se adaptará al cambio, qué tipo de enseñanza les darán, cómo resolverá su profesora determinadas situaciones o conflictos, etc.
Por fortuna no lo utilizan en la clase de mi hija. Me consta que cuando algún niño pega, muerde o en definitiva molesta a los demás, lo apartan directamente de ese otro niño o del juego en ese momento. Limando un poco las formas, lo prefiero así. Me parece más adecuado no permitir, en el sentido más físico de la palabra, que un niño pegue a los demás, (y sí, no permitir aunque esto signifique que te tengas que poner en medio a modo de parapeto y simplemente digas, "No, eso no está permitido") que mandarlo a pensar en no sé qué narices creen que va a pensar en una silla y apartado.
Y dicho esto, ahora sí, diré las razones por las que esta práctica me parece una mala idea. Seguro que hay tantos motivos para no usarla, como personas en el mundo estén en desacuerdo. Todas ellas igual de buenas, seguro. Las mías, desde un punto de vista personal y también como psicóloga (...porque hay más psicología infantil después de Super Nanny...) son estas:
- ¿Por qué entrar en valoraciones?. ¿Por qué dejarle sólo pensando que algo está mal, si a lo mejor para el niño está perfecto?. Pegar, tirar un jarrón y romperlo, sacar las cosas de los armarios, son conductas que a casi todos nos pueden parecer que "están mal" o son inadecuadas. ¿Seguro?... Si logramos ponernos por un momento en la mente de ese niño, seguro nos podría dar mil y una razones por las que esas conductas están requetebien!. Mejor mostrarle y enseñarle poco a poco las consecuencias de sus actos, y las cosas que en determinados contextos no debería hacer porque pueden molestar a otros.
- ¿Castigado a pensar?... Esto no merece ni comentario. Reflexionar, pensar, valorar, NUNCA debería ser un castigo.
- Cuando se sienten en la silla, rincón o habitación de aislamiento a pensar, ¿de verdad a alguna mente inteligente se le ha ocurrido que van a reflexionar sobre su conducta y lo mal que han actuado, y se levantarán convendidos de que no deben volver a actuar así?... Es muy inocente creer que el niño va a pensar en positivo él solito. Yo creo que muy al contrario, su cabreo se acrecentará, tendrá rabia contenida, enfado, y los pensamientos que llegan a la mente bajo esos estados no suelen ser muy buenos...
- Lo más normal es que generemos tristeza y frusración en el niño. Sensación de abandono, de incomprensión y de ser juzgado. Yo al menos, no es lo que quiero que mi hija sienta, por muy mal que se haya comportado.
- El castigo no enseña nada bueno, no es ninguna lección en sí mismo. Castigan las personas que se encuentran en una posición de superioridad sobre otras, ya sea física o emocional. Así que lo que estamos dejando claro forzándoles a sentarse a pensar, es que nuestra posición con respecto a ellos es de superioridad, que nos deben obedecer sin cuestionar, y que no importa lo que piensen, siempre que actúen como a nosotros nos gusta.
- El camino a seguir ante una conducta inadecuada, creo que debe ser de acompañamiento, de diálogo, de comprensión y apoyo. Somos sus acompañantes y cuidadores, no sus jueces.
- Aunque la técnica funcione, no dejarán de hacer lo que sea que haya generado el castigo porque piensen que está mal, o que las consecuencias no son deseables, muy lejos de esto, dejarán de hacerlo por miedo al castigo, y por evitar ese mal rato. Una vez más, no estamos enseñando nada.
- Encuentro un riesgo bastante grande en educar a los niños bajo un sistema de recompensas y castigos, (ya hablé de ello aquí), y es que no estamos fomentando el desarrollo de la responsabilidad. No les hacemos responsables de sus conductas, somos nosotros en último término los que dirigimos qué hacer y qué no hacer. Y esto, me parece sumamente contraprudecente si queremos que se conviertan en adultos responsables de sus actos y consecuentes.
Es más fácil y rápido corregir, enseñar mediante el castigo y los premios, modificando poco a poco la conducta y personalidad que los niños van mostrando. Pero, sin duda, a mi me parece que vale la pena invertir tiempo (mucho tiempo, es cierto), ilusión, y fuerzas en enseñar y educar desde la libertad, desde el diálogo, desde el ejemplo, acompañando en todos los momentos con empatía, teniendo siempre en cuenta el momento de desarrollo en el que se encuentre el niño, valorando hasta dónde le podemos pedir, hasta dónde pueden llegar a comprender. En un futuro todo ese amor y comprensión estoy segura que dará sus frutos. Y entonces vendrá el tiempo de cosecha, el tiempo de recoger todo ese amor y empatía.
La silla de pensar es un método para castigar a los niños cuando estén llevando a cabo una conducta que nos parece inadecuada, que consiste en apartarle de la escena y sentarle en una sillita para que piense y reflexione sobre lo que ha hecho (en realidad sobre lo mal que lo ha hecho...). No deja de ser una variación con nombre más exótico y molón del clásico "time out o tiempo fuera", que no es otra cosa que retirar al niño del lugar en el que se encuentra cuando se "está portando mal" y tenerle en otro lugar durante unos minutos, que según lo establecido, (por algunos psicólogos que no piensan como yo...), ha de ser 1 minuto por cada año de edad.
Creo que esta entrada la empezaré por el final, por decir que la conclusión es que me parece cruel, humillante, ruín y de la mínima empatía, apartar a un niño indefenso, por el artículo 33 (por muchas explicaciones y razones que le des) cuando NOSOTROS creemos que se ha equivocado o que ha actuado mal.
Hace no mucho oí a una mamá como contaba que a su hijo de dos años le habían pegado en el cole y que la cuidadora le había dicho que son cosas que pasan a esa edad, y que al otro niño lo habían enviado a la "sillita de pensar", pero claro no había que olvidar que sólo tenía 20 meses...
En fin, mis ojos un día van a salirse del lugar que ocupan, de tantas y tantas aberraciones
que oigo y presencio.Y el motivo de que me ha llevado a escribir sobre esto es que, aunque a la pequeñina le queda aún un curso más en la guarde, últimamente no sé muy bien por qué, me planteo muchas veces cómo va a ser el cole de Paula después de esta etapa, qué tal se adaptará al cambio, qué tipo de enseñanza les darán, cómo resolverá su profesora determinadas situaciones o conflictos, etc.
Por fortuna no lo utilizan en la clase de mi hija. Me consta que cuando algún niño pega, muerde o en definitiva molesta a los demás, lo apartan directamente de ese otro niño o del juego en ese momento. Limando un poco las formas, lo prefiero así. Me parece más adecuado no permitir, en el sentido más físico de la palabra, que un niño pegue a los demás, (y sí, no permitir aunque esto signifique que te tengas que poner en medio a modo de parapeto y simplemente digas, "No, eso no está permitido") que mandarlo a pensar en no sé qué narices creen que va a pensar en una silla y apartado.
Y dicho esto, ahora sí, diré las razones por las que esta práctica me parece una mala idea. Seguro que hay tantos motivos para no usarla, como personas en el mundo estén en desacuerdo. Todas ellas igual de buenas, seguro. Las mías, desde un punto de vista personal y también como psicóloga (...porque hay más psicología infantil después de Super Nanny...) son estas:
- ¿Por qué entrar en valoraciones?. ¿Por qué dejarle sólo pensando que algo está mal, si a lo mejor para el niño está perfecto?. Pegar, tirar un jarrón y romperlo, sacar las cosas de los armarios, son conductas que a casi todos nos pueden parecer que "están mal" o son inadecuadas. ¿Seguro?... Si logramos ponernos por un momento en la mente de ese niño, seguro nos podría dar mil y una razones por las que esas conductas están requetebien!. Mejor mostrarle y enseñarle poco a poco las consecuencias de sus actos, y las cosas que en determinados contextos no debería hacer porque pueden molestar a otros.
- ¿Castigado a pensar?... Esto no merece ni comentario. Reflexionar, pensar, valorar, NUNCA debería ser un castigo.
- Cuando se sienten en la silla, rincón o habitación de aislamiento a pensar, ¿de verdad a alguna mente inteligente se le ha ocurrido que van a reflexionar sobre su conducta y lo mal que han actuado, y se levantarán convendidos de que no deben volver a actuar así?... Es muy inocente creer que el niño va a pensar en positivo él solito. Yo creo que muy al contrario, su cabreo se acrecentará, tendrá rabia contenida, enfado, y los pensamientos que llegan a la mente bajo esos estados no suelen ser muy buenos...
- Lo más normal es que generemos tristeza y frusración en el niño. Sensación de abandono, de incomprensión y de ser juzgado. Yo al menos, no es lo que quiero que mi hija sienta, por muy mal que se haya comportado.
- El castigo no enseña nada bueno, no es ninguna lección en sí mismo. Castigan las personas que se encuentran en una posición de superioridad sobre otras, ya sea física o emocional. Así que lo que estamos dejando claro forzándoles a sentarse a pensar, es que nuestra posición con respecto a ellos es de superioridad, que nos deben obedecer sin cuestionar, y que no importa lo que piensen, siempre que actúen como a nosotros nos gusta.
- El camino a seguir ante una conducta inadecuada, creo que debe ser de acompañamiento, de diálogo, de comprensión y apoyo. Somos sus acompañantes y cuidadores, no sus jueces.
- Aunque la técnica funcione, no dejarán de hacer lo que sea que haya generado el castigo porque piensen que está mal, o que las consecuencias no son deseables, muy lejos de esto, dejarán de hacerlo por miedo al castigo, y por evitar ese mal rato. Una vez más, no estamos enseñando nada.
- Encuentro un riesgo bastante grande en educar a los niños bajo un sistema de recompensas y castigos, (ya hablé de ello aquí), y es que no estamos fomentando el desarrollo de la responsabilidad. No les hacemos responsables de sus conductas, somos nosotros en último término los que dirigimos qué hacer y qué no hacer. Y esto, me parece sumamente contraprudecente si queremos que se conviertan en adultos responsables de sus actos y consecuentes.
Es más fácil y rápido corregir, enseñar mediante el castigo y los premios, modificando poco a poco la conducta y personalidad que los niños van mostrando. Pero, sin duda, a mi me parece que vale la pena invertir tiempo (mucho tiempo, es cierto), ilusión, y fuerzas en enseñar y educar desde la libertad, desde el diálogo, desde el ejemplo, acompañando en todos los momentos con empatía, teniendo siempre en cuenta el momento de desarrollo en el que se encuentre el niño, valorando hasta dónde le podemos pedir, hasta dónde pueden llegar a comprender. En un futuro todo ese amor y comprensión estoy segura que dará sus frutos. Y entonces vendrá el tiempo de cosecha, el tiempo de recoger todo ese amor y empatía.
jueves, 21 de marzo de 2013
Los niños, el baile y los Cantajuegos
Recuerdo que antes de tener a Paula, cuando mis compañeras y amigas me hablaban de las bondades de los archi-conocidos cantajuegos, a veces pensaba... "¿No hay planes mejores para compartir tiempo junto a los peques que ponerles delante de la tele a embobarse con las canciones y bailes del dichoso grupito...?.
Bien, no es que me desdiga de aquello. De hecho, no me gusta que los niños se emboben durante horas delante del televisor, ordenador, móvil o cualquier otro aparato que sustituya a papás, mamás, y en general personas de carne y hueso, árboles, pájaros, nubes, piedras...
Sólo es, que ahora he descubierto el otro lado, o lo he visto desde otro prisma. Papá Burbujita se hizo con todos los discos que tienen en el mercado (y con alguno que otro que no tienen en el mercado y que alguien se ha encargado de disfrazar de cantajuego cuando la realidad es de lo más alejada..., pero esa es otra historia y debe ser contada en otro momento...), y aunque en un principio pensamos, "mi niña es muy pequeñita todavía para bailes y canciones, no creo que esto le guste y le divierta", como veíamos que en la guarde, de vez en cuando, les ponen esas canciones de fondo y hacen bailecitos en corro (los que saben y pueden), decidimos probar en casa, a ver su reacción, si le hacía gracia, si le interesaba...
¡La sorpresa ha sido mayúscula! Se divierte ella, nos divertimos nosotros, bailamos juntos, cantamos, hacemos el gusanito, la tortugina... Vamos, toda una estampa. Me encanta verla reir a carcajada limpia, viéndome hacer la tortuga, la trompa del elefante, dando palmas o cuando la cojo en brazos para bailar el patio de mi casa.
De repente, me encuentro regresando a ratos a mi niñez, bailando y cantando con y para mi gordita viejas canciones por las que parece que no haya pasado el tiempo. Ella mueve las manos , imita los gestos que hacen los personajes que aparecen en cada canción, balancea y sube y baja la cabeza al ritmo de la música, mira los dibujos y niños que aparecen en pantalla, y sobre todo mira a su mami que no para de hacer el tonto para ella!.
Me gusta que se divierta y que disfrute con la música y el baile. Recuerdo cuando yo era una niña, y lo que más me gustaba del mundo, era pasar una tarde entera saltando de un disfraz a otro, micrófono en mano, fabricado por mi misma con un boli que llevaba pinchada en su punta una bola de papel de aluminio, cantando e inventando bailes. Sentaba a mi madre en el patio de butacas, o lo que es lo mismo, en el sofá, y ¡a disfrutar del espectáculo!. Allá que aguantaba ella, mirando a su hija organizándole festibales.
El baile ha formado parte de mi vida desde bien pequeña, sobre todo de mi infancia y adolescencia (hice ballet durante más de 10 años) y se convirtió para mi en una pasión. Además, creo que es muy enriquecedor.
Y a raíz de todo esto, se me ha venido a la cabeza una introducción que Pablo Motos hizo en el hormiguero hace unos meses sobre la imposibilidad de ser infeliz mientras se canta y se baila.
Parece ser que cuando se baila y se canta, y en general ante actividades relajantes y placenteras, el cuerpo se relaja, además de segregar determinadas hormonas que hacen que nos sintamos en definitiva, mejor. Y por extensión, nuestra mente también. Sería algo así como que no podemos romper la diada cuerpo-mente. ¡Si el cuerpo es feliz, la mente es feliz!. Esta afirmación lo simplifica mucho, pero todo tiene su explicación.
Las endorfinas son unas sustancias (péptidos opioides endógenos, o lo que es lo mismo, que fabricamos nosotros mismos de forma natural), que utilizamos de forma inconsciente para atenuar el dolor y/o producir una sensación de bienestar. No en vano son conocidas como las hormonas de la felicidad, y de alguna forma recompensan todo lo que es bueno para la salud, la del individuo y la de la especie, es decir, recompensan actividades que aseguren el mantenimiento de la especie, (el amor, el sexo, comer...).
Y haciendo un inciso respecto a este último punto. La lactancia materna es una de las conductas que producen un aumento considerable de nuestras endorfinas... Interesante al menos, verdad?.
Se trata de un sistema de adaptación que amortigua el dolor: sin ellas un simple roce sería doloroso; por eso el ejercicio físico incrementa su producción. Pero también recompensa lo que es bueno para la salud, el bienestar y la armonía, o el mantenimiento de la especie: el amor, el sexo, la lactancia materna, comer. Es un sistema que premia la “creación de lazos” ya sean amorosos, amistosos, familiares o sociales. El contacto piel con piel aumenta su producción: es la base del “sana sanita” con que las madres “curan” a sus niños. La sensación de euforia del enamoramiento o el estado de bienestar tras el orgasmo son ejemplos de un “pico” en la producción de endorfinas. A ellas se debe el placer que produce la contemplación de la belleza, el contacto con la naturaleza, la risa. Extraído del artículo "Endorfinas, la droga legal" de Isabel F. del Castillo.
Dicho todo esto, sobre un tema que daría para unos cien mil post más o menos..., creo que el baile además de todo lo anterior tiene grandes beneficios para los niños. Yo lo he comprobado durante años, y ahora echando la vista atrás, lo puedo corroborar.
El baile ayuda a los niños a perder la timidez, a adquirir seguridad en sí mismos, confianza y autoestima. También ayuda a liberar tensiones, conocer y controlar nuestro cuerpo. Además se estimula la memoria, el oído, el sentido del ritmo... Sin contar otros beneficios para la salud como fortalecer los músculos, combatir el sobrepeso, eliminar toxinas...
Si hablamos en concreto del ballet, que fue la actividad que yo realicé, a todo lo anterior le podríamos añadir un montón de cosas, como la disciplina física y mental que exige y enseña, el desarrollo de la sensibilidad permitiendo expresar sentimientos y movimientos con total libertad, corrección y eliminación de malas posturas, aumento de la elasticidad, adquisición y mejora del equilibrio y los reflejos... Y un sin fin de beneficios más que le podríamos encontrar, aunque por otro lado, siempre he pensado, que es una actividad que implica también sacrificio y mucha disciplina, por lo que sólo se debería llevar a niños o niñas que verdaderamente tengan el gusto de hacerlo, y no por el gusto de los papás... ;-) todo hay que decirlo.
De momento, y para empezar, nos va bien con los Cantajuegos. Los usamos como juego grupal en casa, y lo pasamos de maravilla, aprendiendo las canciones y los bailes. Me parece una buena forma, y muy divertida de iniciarse en el gusto por el baile, el movimiento, y la música. Les invitan, mediante la imitación, a participar de los gestos, los bailes, las canciones, cuentos y juegos.
Y si además liberamos endorfinas y nos hacemos más felices, ¡qué más se puede pedir!. ¡A bailar!
Bien, no es que me desdiga de aquello. De hecho, no me gusta que los niños se emboben durante horas delante del televisor, ordenador, móvil o cualquier otro aparato que sustituya a papás, mamás, y en general personas de carne y hueso, árboles, pájaros, nubes, piedras...
Sólo es, que ahora he descubierto el otro lado, o lo he visto desde otro prisma. Papá Burbujita se hizo con todos los discos que tienen en el mercado (y con alguno que otro que no tienen en el mercado y que alguien se ha encargado de disfrazar de cantajuego cuando la realidad es de lo más alejada..., pero esa es otra historia y debe ser contada en otro momento...), y aunque en un principio pensamos, "mi niña es muy pequeñita todavía para bailes y canciones, no creo que esto le guste y le divierta", como veíamos que en la guarde, de vez en cuando, les ponen esas canciones de fondo y hacen bailecitos en corro (los que saben y pueden), decidimos probar en casa, a ver su reacción, si le hacía gracia, si le interesaba...
¡La sorpresa ha sido mayúscula! Se divierte ella, nos divertimos nosotros, bailamos juntos, cantamos, hacemos el gusanito, la tortugina... Vamos, toda una estampa. Me encanta verla reir a carcajada limpia, viéndome hacer la tortuga, la trompa del elefante, dando palmas o cuando la cojo en brazos para bailar el patio de mi casa.
De repente, me encuentro regresando a ratos a mi niñez, bailando y cantando con y para mi gordita viejas canciones por las que parece que no haya pasado el tiempo. Ella mueve las manos , imita los gestos que hacen los personajes que aparecen en cada canción, balancea y sube y baja la cabeza al ritmo de la música, mira los dibujos y niños que aparecen en pantalla, y sobre todo mira a su mami que no para de hacer el tonto para ella!.
Me gusta que se divierta y que disfrute con la música y el baile. Recuerdo cuando yo era una niña, y lo que más me gustaba del mundo, era pasar una tarde entera saltando de un disfraz a otro, micrófono en mano, fabricado por mi misma con un boli que llevaba pinchada en su punta una bola de papel de aluminio, cantando e inventando bailes. Sentaba a mi madre en el patio de butacas, o lo que es lo mismo, en el sofá, y ¡a disfrutar del espectáculo!. Allá que aguantaba ella, mirando a su hija organizándole festibales.
El baile ha formado parte de mi vida desde bien pequeña, sobre todo de mi infancia y adolescencia (hice ballet durante más de 10 años) y se convirtió para mi en una pasión. Además, creo que es muy enriquecedor.
Y a raíz de todo esto, se me ha venido a la cabeza una introducción que Pablo Motos hizo en el hormiguero hace unos meses sobre la imposibilidad de ser infeliz mientras se canta y se baila.
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Parece ser que cuando se baila y se canta, y en general ante actividades relajantes y placenteras, el cuerpo se relaja, además de segregar determinadas hormonas que hacen que nos sintamos en definitiva, mejor. Y por extensión, nuestra mente también. Sería algo así como que no podemos romper la diada cuerpo-mente. ¡Si el cuerpo es feliz, la mente es feliz!. Esta afirmación lo simplifica mucho, pero todo tiene su explicación.
Las endorfinas son unas sustancias (péptidos opioides endógenos, o lo que es lo mismo, que fabricamos nosotros mismos de forma natural), que utilizamos de forma inconsciente para atenuar el dolor y/o producir una sensación de bienestar. No en vano son conocidas como las hormonas de la felicidad, y de alguna forma recompensan todo lo que es bueno para la salud, la del individuo y la de la especie, es decir, recompensan actividades que aseguren el mantenimiento de la especie, (el amor, el sexo, comer...).
Y haciendo un inciso respecto a este último punto. La lactancia materna es una de las conductas que producen un aumento considerable de nuestras endorfinas... Interesante al menos, verdad?.
Se trata de un sistema de adaptación que amortigua el dolor: sin ellas un simple roce sería doloroso; por eso el ejercicio físico incrementa su producción. Pero también recompensa lo que es bueno para la salud, el bienestar y la armonía, o el mantenimiento de la especie: el amor, el sexo, la lactancia materna, comer. Es un sistema que premia la “creación de lazos” ya sean amorosos, amistosos, familiares o sociales. El contacto piel con piel aumenta su producción: es la base del “sana sanita” con que las madres “curan” a sus niños. La sensación de euforia del enamoramiento o el estado de bienestar tras el orgasmo son ejemplos de un “pico” en la producción de endorfinas. A ellas se debe el placer que produce la contemplación de la belleza, el contacto con la naturaleza, la risa. Extraído del artículo "Endorfinas, la droga legal" de Isabel F. del Castillo.
Dicho todo esto, sobre un tema que daría para unos cien mil post más o menos..., creo que el baile además de todo lo anterior tiene grandes beneficios para los niños. Yo lo he comprobado durante años, y ahora echando la vista atrás, lo puedo corroborar.
El baile ayuda a los niños a perder la timidez, a adquirir seguridad en sí mismos, confianza y autoestima. También ayuda a liberar tensiones, conocer y controlar nuestro cuerpo. Además se estimula la memoria, el oído, el sentido del ritmo... Sin contar otros beneficios para la salud como fortalecer los músculos, combatir el sobrepeso, eliminar toxinas...
Si hablamos en concreto del ballet, que fue la actividad que yo realicé, a todo lo anterior le podríamos añadir un montón de cosas, como la disciplina física y mental que exige y enseña, el desarrollo de la sensibilidad permitiendo expresar sentimientos y movimientos con total libertad, corrección y eliminación de malas posturas, aumento de la elasticidad, adquisición y mejora del equilibrio y los reflejos... Y un sin fin de beneficios más que le podríamos encontrar, aunque por otro lado, siempre he pensado, que es una actividad que implica también sacrificio y mucha disciplina, por lo que sólo se debería llevar a niños o niñas que verdaderamente tengan el gusto de hacerlo, y no por el gusto de los papás... ;-) todo hay que decirlo.
De momento, y para empezar, nos va bien con los Cantajuegos. Los usamos como juego grupal en casa, y lo pasamos de maravilla, aprendiendo las canciones y los bailes. Me parece una buena forma, y muy divertida de iniciarse en el gusto por el baile, el movimiento, y la música. Les invitan, mediante la imitación, a participar de los gestos, los bailes, las canciones, cuentos y juegos.
Y si además liberamos endorfinas y nos hacemos más felices, ¡qué más se puede pedir!. ¡A bailar!
jueves, 28 de febrero de 2013
De los Premios y Castigos
Llevo varios días con algo rondando en la cabeza que necesitaba escribir.
Creo que en parte, el problema es que algunos adultos quieren que los hijos, los alumnos, los sobrinos, nietos... hagan las cosas "porque lo digo yo", porque yo soy el adulto y el que sabe cómo hay que comportarse. Adultocentrismo que lo llaman algunos por ahí... Una forma de educar que se ha ido transmitiendo de generación en generación, y que debemos dejar atrás y empezar de nuevo.
En estos momentos, y sin que tuviese relación alguna con el incidente de los sellitos, estoy leyendo el libro de Naomi Aldort, "Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos". Es una maravilla en cuanto a este tema. No lo he acabado y me gustaría escribir algún post sobre él cuando lo termine. De momento, y si tuviese que resumirlo todo en una frase, sería sin duda "Ponte en su lugar". ¿Hay algo más sencillo y más difícil a la vez?.
A mi personalmente, el castigo me parece una falta de respeto, una forma de educar basada en el miedo y no en la libertad. Y ojo, educar en libertad no significa "NO EDUCAR". Si aprendemos a respetar a lo que nos rodea, los límites nos los pondremos nosotros mismos, allá donde pudiésemos interferir en la libertad de los demás.
Desde que Paula empezó la guardería, hemos observado que casi todos los días traía en una de sus manitas un sello de tinta, de esos infantiles con diferentes dibujitos.
Ella me mira, sonríe, se señala su manita, parece que le hace gracia la cuestión...
El caso es que hace no mucho, al ir a buscar a la peque, y como siempre suelo hacer charlando un rato con su educadora, comenté algo sobre los sellos que llevaba en sus manitas habitualmente, y lo divertido que debía ser para ellos cuando jugaban con ellos. Me quedé sorprendida porque me dio a entender que no era algo que hicieran habitualmente, si no siempre. Y que todos los días ponían un sello a los niños que se habían portado bien.
¿En serio?????... Pensé yo para mis adentros, porque si en ese momento lo pienso para afuera, quizá hubiese dicho cosas muy feas. ¿Y eso no se podría considerar una forma de castigo...?. No es más que un premio para los grandes afortunados que se han portado bien, y un gran castigo para los pobres que "se han portado mal" y tienen que ver como a sus compis les estampan el dichoso dibujito de colores que mostrarán orgullosos a mamá y papá, mientras ellos se quedan con tres palmos de narices mirando...
No soy partidaria de educar a base de premios y castigos. No me parece una forma adecuada. No haces entender nada al niño, nada bueno al menos, desde mi punto de vista. Es muy rápido, es eficaz a corto plazo y puede incluso que te resuelva en determinados momentos, alguna situación conflictiva. Aún así, yo no lo usaría, ni quiero que se use con mi hija... Prefiero que Paula no haga regir su conducta por un sistema de recompensas y castigos establecido. Prefiero que encuentre sus propios premios o castigos en lo que hace. Que entienda por qué es mejor actuar de un modo u otro, en vez de hacerlo para conseguir algo a cambio.
A su edad, todavía es imposible que entienda nada de esto, tampoco lo espero. Y también sé que a veces es inevitable e inconsciente premiar o castigar, con nuestras caras, con nuestros gestos, con palabras que creemos inocentes incluso, la aprobación social también es un premio o un castigo para ellos. Entiendo también que es ¡entre complicado e imposible! divertir y pasar un día en paz y armonía con un grupo de niños tan pequeños y que tienen sueño, mocos, hambre, cansancio, que añoran a papá y mamá, ... pero eso no es excusa para intentar controlar su conducta de ese modo, porque los premios y castigos no son más que eso, una forma de control que ejercemos los adultos.
Como decía, a corto plazo puede que funcionen, puede que incluso más fácil que enseñarles a pensar en ello. Pero todo eso se esfuma con el paso del tiempo. Así los niños nunca aprenderán a reflexionar y a pensar por sí mismos sobre lo que es bueno o malo. Siempre dependerá de nosotros, del adulto que decide por ellos lo que está bien y lo que está mal, en vez de guiarle y enseñarle el por qué y las consecuencias de sus actos.
Como digo, sé que es muy difícil, mucho más que utilizar las recompensas y los castigos. Pero a la larga es más fructífero, de eso no me cabe ninguna duda. Y en cuestión de educación, creo que merece la pena pensar e invertir a largo plazo ¿no?.
Al margen de todo esto, lo que más me cabrea de esta historia, es que Paula ha venido últimamente varios días a casa sin sello alguno... Y por supuesto, lo primero que ha asaltado mi mente es, ¡¿qué narices puede hacer una bebé o niña de 15 meses para portarse mal?!. Es que no se me ocurre nada que mi hija pueda hacer que alguien pueda tachar de mal comportamiento.
No me quiero poner trascendental ni metafísica, pero ¿qué es portarse mal?. No estarse quieta y sentada mientras la profe canta una canción o cuenta un cuento, dejarse la comida en el plato, chillar, llorar, tirar juguetes al suelo... No me puedo creer que estemos hablando de niños de entre 1 y 2 años.
Creo que en parte, el problema es que algunos adultos quieren que los hijos, los alumnos, los sobrinos, nietos... hagan las cosas "porque lo digo yo", porque yo soy el adulto y el que sabe cómo hay que comportarse. Adultocentrismo que lo llaman algunos por ahí... Una forma de educar que se ha ido transmitiendo de generación en generación, y que debemos dejar atrás y empezar de nuevo.
En estos momentos, y sin que tuviese relación alguna con el incidente de los sellitos, estoy leyendo el libro de Naomi Aldort, "Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos". Es una maravilla en cuanto a este tema. No lo he acabado y me gustaría escribir algún post sobre él cuando lo termine. De momento, y si tuviese que resumirlo todo en una frase, sería sin duda "Ponte en su lugar". ¿Hay algo más sencillo y más difícil a la vez?.
A mi personalmente, el castigo me parece una falta de respeto, una forma de educar basada en el miedo y no en la libertad. Y ojo, educar en libertad no significa "NO EDUCAR". Si aprendemos a respetar a lo que nos rodea, los límites nos los pondremos nosotros mismos, allá donde pudiésemos interferir en la libertad de los demás.
lunes, 30 de abril de 2012
Educación emocional en el útero- Redes
Siempre que puedo veo el programa Redes, suele tratar temas que me interesan mucho. El que adjunto a continuación se llama "Educación emocional desde el útero materno". Lo emitieron en el mes de Marzo y me pareció buenísimo.
Según el prestigioso médico obstetra francés Michel Odent, las mayores atenciones a la embarazada deberían centrarse en su salud emocional. Aquí nos enseñan entre otras cosas cómo el nivel de cortisol en la madre (la hormona del estrés) puede atravesar la placenta y afectar al bebé; cómo el estrés en el momento del parto puede afectar a la vida futura.
En definitiva, incide en la importancia de cuidar el estado emocional de la mamá y el bebé, desde sus primeros momentos, y de las consecuencias de no hacerlo.
Deberíamos pararnos un momento a pensar qué es lo verdaderamente importante en nuestras vidas y qué necesitamos de verdad para ser felices y hacer felices a los nuestros. Deberíamos parar un momento la rueda a la que nos subimos hace tiempo y que nos lleva a una vida de estrés y consumo, y aprender a disfrutar de algo tan maravilloso como el embarazo y la crianza, pero disfrutarlo de verdad, cada momento y cada detalle, y ponerlo en la parte más alta de nuestras prioridades. Será en beneficio de nuestros pequeños y por tanto en beneficio de un futuro mejor.
Merece la pena verlo.
Según el prestigioso médico obstetra francés Michel Odent, las mayores atenciones a la embarazada deberían centrarse en su salud emocional. Aquí nos enseñan entre otras cosas cómo el nivel de cortisol en la madre (la hormona del estrés) puede atravesar la placenta y afectar al bebé; cómo el estrés en el momento del parto puede afectar a la vida futura.
En definitiva, incide en la importancia de cuidar el estado emocional de la mamá y el bebé, desde sus primeros momentos, y de las consecuencias de no hacerlo.
Deberíamos pararnos un momento a pensar qué es lo verdaderamente importante en nuestras vidas y qué necesitamos de verdad para ser felices y hacer felices a los nuestros. Deberíamos parar un momento la rueda a la que nos subimos hace tiempo y que nos lleva a una vida de estrés y consumo, y aprender a disfrutar de algo tan maravilloso como el embarazo y la crianza, pero disfrutarlo de verdad, cada momento y cada detalle, y ponerlo en la parte más alta de nuestras prioridades. Será en beneficio de nuestros pequeños y por tanto en beneficio de un futuro mejor.
Merece la pena verlo.
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