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lunes, 16 de septiembre de 2013

!Y dale con el Chupete!

¿Hasta qué punto en las guarderías deberían inmiscuirse en las costumbres y hábitos que cada niño tenga?... Desde mi punto de vista, la respuesta sería, "hasta ninguno".

Digo yo que si mi hija usa o no usa chupete, y hasta cuándo lo use, ¿no debería ser una cuestión que sólo incumba a su padre, a mí, y sobre todo a ella?.

Parece ser que no. En la guarde de Paula no dejan que usen el chupete a partir del segundo curso. ¿Por qué...?. La verdad es que no lo sé... No he preguntado por miedo a una respuesta que no me convenza nada y entremos otra vez en la fase de "odiamoslaguarderíanecesitosacarlayayaya". Imagino que los motivos apuntan a temas de no dependencia, hacerse mayores, que no se vean unos a otros y quieran imitar conductas, y bla bla bla.

Que conste que no tengo nada a favor ni en contra del chupete, y que si me he de decantar por alguno de las dos posturas, más bien estaría en contra, puesto que como burda copia que es de la teta materna, no es que sea un objeto amado y defendido por mí. Pero es simplemente que no me parece justo hacerles desprenderse de forma brusca y cómo no, dirigida por nosotros los adultos, (con ese súperpoder que nos caracteriza y que los años te dan para conocer lo que es mejor en cada momento para otro ser humano, sobre todo si éste es dependiente, como un niño o un anciano...), de un objeto al que tú mismo le has hecho adicto.

Recuerdo que Paula tardó varios meses en usar chupete, aproximadamente hasta poco antes de empezar la guardería. Todo el mundo me decía desde los pocos días de nacer que por qué no le ponía un chupete ¡ya!, que era muy bueno para ellos, que a mí me vendría muy bien, que descansaría más, ¡que usaba mi pecho de chupete!... La verdad es que yo no entendía muy bien todo eso, yo la veía satisfecha y contenta, y yo también lo estaba. Ella no lloraba nunca y yo era feliz dándole el pecho cada vez que abría un ojo, y me preguntaba cómo era posible que mi hija usara mi pecho de chupete si ella en su corta vida, no sabía ni lo que era ese aparato. Ahora con muchas menos inseguridades, sé que es imposible que ningún niño use el pecho de chupete. Ahora sé que más bien es al revés, que la teta fue inventada antes que el chupete y que la mente brillante que inventó el susodicho artilugio, seguro que lo hizo con el único y exclusivo fin de engatusar y engañar a esos gordetes llorones, que pasan todo el día colgados de la tetita de su mamá, a ver si se confunden un poco y piensan por un ratito que esa cosita de goma o látex es el pecho de la mamá.

Pero probé, porque como digo las inseguridades de ser primeriza y de los primeros meses planeaban sobre mí a menudo. Probé varias veces desde el principio, pero mi niña decía que aquello para otro, que a ella le daba unas arcadas que se moría. Pero al parecer es que a todos los niños les pasa y hay que seguir insistiendo... Yo seguía sin entender muy bien para qué insistir. Nosotras estábamos bien. Yo en el fondo me alegraba de que no le gustara. Total, ¿para qué quería yo que le gustase una cosa que más tarde o más temprano tiene que dejar de usar?.

Pero un día quiso, debió parecerle bien tener ese recurso que le estábamos ofreciendo para esos pequeños momentos que mamá no estaba tan cerca.

Y digo yo, ¿quién soy yo y quién son ellas, después de haberle creado esa adicción, para ahora querer quitársela de un día para otro y sin más explicaciones?. Pues oye, no me parece bien.

Tengo claro que en algún momento tendrá que dejar de usar chupete. Tengo claro también que aunque no es condición necesaria y suficiente, su uso continuado durante años puede acarrear problemas en la dentadura. Pero lo que más claro tengo de todo, es que será un proceso principalmente guiado por ella, que yo estaré a su lado para ayudarla y apoyarla en él, pero no para imponerla tiempos ni premisas, que no habrá reproches ni chantajes, engaños ni regañinas. Nada de "estás feísima con ese chupete" (frase textual que he oído en la guarde), "el chupete es para bebés", "tú ya eres muy mayor para eso", "dejáselo para que se lo lleven los Reyes Magos"... Y un sinfín de cosas más que francamente, no son de mi estilo ni me parecen demostrar mucha empatía con las necesidades emocionales del niño.

Cuánto ganarían si se aplicaran el mismo cuento cientos y cientos de fumadores, algunos incluso que lo hacen delante y al lado de sus hijos con lo que ello conlleva. Eso sí es un verdadero problema para su salud.


Una vez alguien en algún rincón de este mundo, tuvo una idea, primero un sueño, y se materializó a través de "La gallina pintadita" y su maravilloso Árbol de losChupetes. Quién sabe... nos pilla un poco lejos, pero quizá algún día lo visitemos.



martes, 3 de septiembre de 2013

Un corte de pelo y un diploma


Lo íbamos demorando y demorando, más por dejadez que por cualquier otra razón, y opiniones nunca faltan para todos los gustos.

Que si no se lo cortes que está muy rica con esos ricitos, que si córtaselo que vaya greñas tiene y que vaya pelines y bla bla bla...

Pero yendo a lo importante, que la pobre niña no quiere coletas, ni pinzas ni quiricos, o como se le quiera llamar, y que en consecuencia andaba siempre con los 4 pelos por delante de los ojos!. Así que con rizos o sin rizos, con más o menos pelo, la comodidad es lo que cuenta en estos casos. Y allá que nos fuimos a la pelu con la gordi.

A riesgo de parecer lo más pijo de lo más, o sea... (que no lo somos, de verdad de la buena) buscamos una pelu de esas en las que los asientos son cochecitos, que cada sillita tiene su propia tele en la que les ponen cantajuegos, pocoyó, o lo que elijas y que más le guste a tu pequeño retoño.

Una foto antes de empezar, dosis extra de cariño y simpatía, manos que se notan expertas en cortes de pelo a bebés y niños,un primer mechón de pelo bien guardado en plástico para la posteridad,... todo esto y más me ha sorprendido muy gratamente; y a Paula parece que también, porque agarrada al volante como si de un vólido de verdad se tratase, admiraba casi sin moverse cómo la cortaban y la peinaban, mientras mamá y papá se derretían mirándola y haciendo de acompañamiento de los cantajuegos que nos habían puesto.



¡Y hasta un diploma que nos hicieron por ser su primer corte de pelo!.

Y como nos han tratado a las mil maravillas, y hasta nos ha resultado barato viendo los precios que se manejan hoy día en cualquier pelu a la que vayas a cortarte las puntitas, (13 euritos de nada), diré que la pelu fashionkids se han ganado un cliente!.


Que no sabemos cuándo será el próximo, porque a la peque el pelito le va saliendo muy poco a poco.

No es que hayamos cortado mucho, ni que el cambio haya sido espectacular. Oye, que lo que había tampoco daba para mucho... Pero aquí tenemos las imágenes del proceso. ¡El antes, el durante y el después!.

EL ANTES:

DURANTE:

Y DESPUÉS:


El pelo de los bebés no será definitivo, según los expertos hasta los dos años más o menos. Y aún así, es normal a estas edades que todavía tengan poca cantidad. No debe ser por tanto, un motivo de preocupación para los papás. Cuando nacen, el pelito que traen (los que lo traen), es el que desarrollan en el útero que más bien es lo que se denomina lanugo, y lo irán perdiendo en los primeros meses (casi siempre en los seis primeros). Luego, cada niño es un mundo y su pelo con él... Pero lo que está claro es que para que les crezca el pelo definitivo, antes han de perder el anterior.

Por lo que parece y por lo que nos dijeron en la pelu, a Paula todavía le queda pelito de bebé y pelo nuevo por salir. ¡No pasa nada!. ¡Tenemos tooooodo el tiempo del mundo!.

jueves, 1 de agosto de 2013

SEMANA MUNDIAL DE LA LACTANCIA MATERNA-2013




Si echo la vista atrás, me parece increíble que ya hayan pasado 20 meses con sus 30 días, con sus 30 noches desde aquel primer día en que Paula con pocos minutos en este mundo acercaba su boquita al pecho y empezaba a mamar como una leoncita...

Era tannnn pequeñita... Y esa sensación de la primera vez que abrió su boquita, todo lo que sus comisuras alcanzaban, y hacía lo que su instinto le marcaba, lo que su más fiero instinto le decía que hiciera y buscara. Aún recuerdo esa sensación en mi piel, en mi mente y en mis ojos. Espero no olvidarlo por mucho tiempo.

Desde ese momento, y como en su día conté, ha sido una maravilla, ensombrada sólo en ciertos momentos por inseguridades y falta de apoyo y de tribu cercana, que encontré sin duda en los libros y la red. La lactancia para nosotros ha sido un baile de brazos, colecho, mimos y mucho, pero que mucho amor. Los problemas han brillado por su ausencia (y soy consciente de la suerte que tenemos en ese sentido), y el apoyo en ocasiones también. Por esto, tengo que decir que Olé y Olé por ese Papá con Mayúsculas que ha hecho de soporte, sin el que sin duda, nada hubiese sido tan fácil, y que ha hecho de nuestra vida estos meses y de nuestra  lactancia todo un regalo. Te queremos taaaanto.

Este año, el lema de la Semana Mundial de la Lactancia hace mucha referencia a esto último, y me parece fantástico. ¡Desde aquí me uno a ello! ¡APOYO, por favor!. Para todas esas mamás que quieren dar lo mejor para ellas y para sus hijos, por tanto lo mejor también para la sociedad, para nuestra sanidad, para nuestra economía, para el futuro y sobre todo para nuestros bebés. Mucho apoyo, tan necesario en casi todos los casos. Apoyo siempre cercano, siempre continuo y por supuesto oportuno.

Cuando oigo otras historias de lactancia, tan diferentes, en las que oigo palabras como "sacrificio, esclavitud, enganche...", no puedo evitar sentir un poco de pena. Para mí, ha sido y es, algo (además de óptimo y sano para mi bebé por descontado), algo bonito, algo especial, momentos de unión y de complicidad únicos, de reencuentro, de miradas indescriptibles, de sentirme poderosa, de empatía con mi pequeña, de protección absoluta, de liberación... Sí, he dicho ¡de liberación!, en cualquier parte, a cualquier hora, sin previsión ni preparación, le puedo saciar su hambre, su sed, su necesidad de contacto y del acto de mamar. Cuando está enferma, cuando no puede ni quiere tomar otra cosa, el pecho siempre está indicado. Esa sensación, cuando ha estado malita en alguna ocasión y sólo tomaba tetita, de tener la certeza de que estaba recibiendo alimento, defensas, fuerzas que yo le inyectaba veloz y directas a su cuerpecito...

Ahora, y de forma inevitable, a veces pienso en el momento en que la tetita ya no esté. Siento nostalgia, aunque todavía no ha ocurrido. Lo veo más cerca, ahora que a veces ya no pide, ahora que a veces ya no quiere...

Todo a su tiempo, todo en su debido momento, y sobre todo respetando nuestros ritmos. El suyo, el mío, el de papá también.

Gracias Paula, por todo este tiempo. Gracias Papá Burbujita (mi amor, el hombre de nuestras vidas), por todo el cariño y apoyo en los pocos momentos no tan buenos, por cargar con todo y sostenernos sin que nada nos faltase.

Y no me puedo olvidar de dar unas gracias enormes a esa tribu virtual, que sin saberlo, sin conocernos, y desde la distancia; con sus escritos, con sus consejos, su buena información y de calidad, me han transmitido toda la seguridad y fuerza que a veces se te va sin darte cuenta. Gracias a Carlos González por su maravilloso "Un regalo para toda la vida". Gracias también y de nuevo a Matronasur, por aquellos consejos y recomendaciones, por esa gracia y naturalidad al explicarnos lo fácil que es escuchar a tu instinto.

¡GRACIAS, GRACIAS Y MIL GRACIAS. POR EL APOYO CERCANO, CONTÍNUO Y OPORTUNO!

Ahora ya no puedo imaginar lo que sería nuestra crianza sin la lactancia.


martes, 18 de junio de 2013

Mi niña dentro, y yo fuera...

Así estábamos hace apenas una semana mi niña y yo, a las puertas (cerradassúpercerradas) del coche, ella dentro y yo fuera.

Creo que no encuentro ninguna palabra que defina de forma precisa cómo me sentí ese instante en que me acerco a la puerta del conductor, tiro del picaporte y aquello no abre de ninguna manera...

Y es que sí, hay un sistema que cierra automáticamente los seguros del coche cuando lo pones en marcha y lleva un rato encendido. ¿Y por qué estaba en marcha?, fácil, porque lo encendí yo desde los asientos de atrás, ¿y por qué hice eso...?, fácil también, porque había parado el coche en la puerta de la guarde para coger a la gordi a pleno sol, pero mínimo a doscientossss grados sin exagerar ni un sólo grado arriba, y cuando salí con ella y con todas mis buenas intenciones pensé... "mientras te voy acomodando en la silla, voy a encender el motor y el aire para no morir en el intento". A todo esto con la puerta del copiloto abierta of course!.

Y así fue como, sin comerlo ni beberlo, mi bebé se quedó encerrada en el coche, con su madre histérica, al borde del colapso y sudando unos mil litros por cada poro, fruto del calor sofocante que hacía, pero más aún del soponcio que estuvo a punto de darme.

Guardia civil, policía local, profesora, directora de la guardería, y hasta un señor de un taller, éramos todos uno como Fuenteovejuna, para sacar a mi bebé del coche (afortunadamente fresquito a 19 grados), mientras su madre que ya no podía más, suplicaba que rompieran de una vez por todas el cristal para poder abrazar y besar a su pequeñina! (que una es un poco atacada de la vida, pero que media hora son treinta laaaaargos minutos esperando y mirando desde fuera...).


- ¡Pero si está tranquila y fresquita! me decían todos.

- Antes de romper, vamos a agotar todas las alternativas, mientras ella esté bien... Si se pone a llorar rompemos enseguida!.


Y sí, parecía alucinada, y un poco asustada al final, pero estaba bien. Mi niña nos miraba a todos desde dentro, supongo que extrañada de ver tantas cabezas que la observaban pero que no la acompañaban.

Hija, qué valiente y paciente fuiste. Gracias por no llorar en ese momento, por no mostrar temor y enfado, porque creo que hubiese abierto ese cristal que nos separaba aunque fuese a porrazos de ese guardia civil, todo hay que decirlo tan amable y tranquilizador.

El señor del taller, véase angeldelaguardacaídodelcielo, desenfundando lo que a mi me pareció una espada de caballero andante y haciendo uso de una mini-cuña de madera, apalancó un poco la puerta y abrió con una rapidez pasmosa, justo un momento antes de que empezaras a llorar y protestar, ¡hombre ya, que ya está bien con la gracieta...!

Pos supuesto al contar la anécdota en familia, no faltó quien se acordase de cierto episodio de la serie "Modern family", graciosa donde las haya y en la que los amorosos Cameron y Mitchell vivieron una situación muy parecida.

Creo que sobra decir quién era yo en ese momento... ;-)


jueves, 28 de febrero de 2013

De los Premios y Castigos

Llevo varios días con algo rondando en la cabeza que necesitaba escribir.

Desde que Paula empezó la guardería, hemos observado que casi todos los días traía en una de sus manitas un sello de tinta, de esos infantiles con diferentes dibujitos.

Yo siempre le pregunto por ello (obviamente ella no me contesta...), y le digo "¡Qué divertido, te han puesto un sello, qué bonito Paula!".

Ella me mira, sonríe, se señala su manita, parece que le hace gracia la cuestión...

El caso es que hace no mucho, al ir a buscar a la peque, y como siempre suelo hacer charlando un rato con su educadora, comenté algo sobre los sellos que llevaba en sus manitas habitualmente, y lo divertido que debía ser para ellos cuando jugaban con ellos. Me quedé sorprendida porque me dio a entender que no era algo que hicieran habitualmente, si no siempre. Y que todos los días ponían un sello a los niños que se habían portado bien.

¿En serio?????... Pensé yo para mis adentros, porque si en ese momento lo pienso para afuera, quizá hubiese dicho cosas muy feas. ¿Y eso no se podría considerar una forma de castigo...?. No es más que un premio para los grandes afortunados que se han portado bien, y un gran castigo para los pobres que "se han portado mal" y tienen que ver como a sus compis les estampan el dichoso dibujito de colores que mostrarán orgullosos a mamá y papá, mientras ellos se quedan con tres palmos de narices mirando...

No soy partidaria de educar a base de premios y castigos. No me parece una forma adecuada. No haces entender nada al niño, nada bueno al menos, desde mi punto de vista. Es muy rápido, es eficaz a corto plazo y puede incluso que te resuelva en determinados momentos, alguna situación conflictiva. Aún así, yo no lo usaría, ni quiero que se use con mi hija... Prefiero que Paula no haga regir su conducta por un sistema de recompensas y castigos establecido. Prefiero que encuentre sus propios premios o castigos en lo que hace. Que entienda por qué es mejor actuar de un modo u otro, en vez de hacerlo para conseguir algo a cambio.

A su edad, todavía es imposible que entienda nada de esto, tampoco lo espero. Y también sé que a veces es inevitable e inconsciente premiar o castigar, con nuestras caras, con nuestros gestos, con palabras que creemos inocentes incluso, la aprobación social también es un premio o un castigo para ellos. Entiendo también que es ¡entre complicado e imposible! divertir y pasar un día en paz y armonía con un grupo de niños tan pequeños y que tienen sueño, mocos, hambre, cansancio, que añoran a papá y mamá, ... pero eso no es excusa para intentar controlar su conducta de ese modo, porque los premios y castigos no son más que eso, una forma de control que ejercemos los adultos.

Como decía,  a corto plazo puede que funcionen, puede que incluso más fácil que enseñarles a pensar en ello. Pero todo eso se esfuma con el paso del tiempo. Así los niños nunca aprenderán a reflexionar y a pensar por sí mismos sobre lo que es bueno o malo. Siempre dependerá de nosotros, del adulto que decide por ellos lo que está bien y lo que está mal, en vez de guiarle y enseñarle el por qué y las consecuencias de sus actos.

Como digo, sé que es muy difícil, mucho más que utilizar las recompensas y los castigos. Pero a la larga es más fructífero, de eso no me cabe ninguna duda. Y en cuestión de educación, creo que merece la pena pensar e invertir a largo plazo ¿no?.

Al margen de todo esto, lo que más me cabrea de esta historia, es que Paula ha venido últimamente varios días a casa sin sello alguno... Y por supuesto, lo primero que ha asaltado mi mente es, ¡¿qué narices puede hacer una bebé o niña de 15 meses para portarse mal?!. Es que no se me ocurre nada que mi hija pueda hacer que alguien pueda tachar de mal comportamiento.

No me quiero poner trascendental ni metafísica, pero ¿qué es portarse mal?. No estarse quieta y sentada mientras la profe canta una canción o cuenta un cuento, dejarse la comida en el plato, chillar, llorar, tirar juguetes al suelo... No me puedo creer que estemos hablando de niños de entre 1 y 2 años.                                                                                                                                                                                     

Creo que en parte, el problema es que algunos adultos quieren que los hijos, los alumnos, los sobrinos, nietos... hagan las cosas "porque lo digo yo", porque yo soy el adulto y el que sabe cómo hay que comportarse. Adultocentrismo que lo llaman algunos por ahí... Una forma de educar que se ha ido transmitiendo de generación en generación, y que debemos dejar atrás y empezar de nuevo.

En estos momentos, y sin que tuviese relación alguna con el incidente de los sellitos, estoy leyendo el libro de Naomi Aldort, "Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos". Es una maravilla en cuanto a este tema. No lo he acabado y me gustaría escribir algún post sobre él cuando lo termine. De momento, y si tuviese que resumirlo todo en una frase, sería sin duda "Ponte en su lugar". ¿Hay algo más sencillo y más difícil a la vez?.

A mi personalmente, el castigo me parece una falta de respeto, una forma de educar basada en el miedo y no en la libertad. Y ojo, educar en libertad no significa "NO EDUCAR". Si aprendemos a respetar a lo que nos rodea, los límites nos los pondremos nosotros mismos, allá donde pudiésemos interferir en la libertad de los demás.


                            

viernes, 15 de febrero de 2013

Febrero: Pasado el 14 llega el 15...con mas amor...



  

Desde aqui lanzamos nuestra burbujita llena de amor, ternura, calma, paciencia y fuerza ... mucha fueza....


Que el poder de un abrazo, el valor de una caricia y el ahinco del dia a dia, por un futuro mejor, sea bandera de enfermos y familiares,  sanos y afectados en cualquiera de sus grados...





sábado, 2 de febrero de 2013

Entre golpes y vacunas

Esta semana ha sido complicada.

Últimamente no me sorprende nada llegar a buscar a Paula al cole y encontrarla con un pantalón o jersey diferente al que llevaba por la mañana. Suele ser porque ha vomitado a lo largo del día. La profe, educadora, o señora que está a su cargo durante el día... porque la verdad es que ninguno de los nombres me gusta demasiado, me dice que vomita por los mocos que tiene, porque se le acumulan las flemas y le hacen vomitar. Lo cierto es que en casa tiene los mismos mocos que pueda tener allí, y jamás ha vomitado... ¿casualidad??... no lo sabemos, pero este tema ya me está mosqueando. Aunque como no es el asunto que nos ocupa, y eso da para otro post (o para unos cuantos si me pongo...), dejaré el tema aparcado.

El caso es que esta semana me la encontré con otra ropa según la vi al entrar por la puerta de la clase. Y su profe me dijo, "es que tiene un chichón... y del berrinche ha vomitado". Mis tripas suben hacia mi garganta y me pongo casi a temblar cuando me acerco y veo su frente con un "huevo" que ocupaba más que ella...

Resulta que estaba sentada en el suelo, y un niño le ha empujado por detrás, dándose de esta forma con la frente en el suelo.

Vaya por delante que no soy tan ingenua para pensar que mi hija no se va a golpear ni caer jamás, no puedo ni quiero encerrarla en una burbuja. Pero la sensibilidad y delicadeza en los momentos adecuados, es un don del que al parecer esta señora carece por completo. ¿Cómo si no me iba a decir textualmente que "no pasa nada" y que "son cosas que pasan", explicándome además que había sonado como si se hubiese caído desde no sé dónde...?.

¿Qué no pasa nada?... Pues mire usted, sí que pasa. Pasan muchas cosas. Pasa que mi hija se ha dado un golpazo inmenso y yo no estaba allí para cuidar de ella y consolarla. Pasa que se ha llevado semejante berrinche que hasta ha vomitado, y yo tampoco estaba allí para acompañarla. Que me habrá echado de menos en su dolor y su rabia. Pasa que me doy cuenta que está en un lugar donde hay tantos niños a cargo de una persona que a ésta no le da tiempo a llegar a tiempo para evitar que un niño con mucha más movilidad y fuerza que mi hija, pueda empujarla contra el suelo con el peligro y daños que podría ocasionarle. Pasa que no me gusta que se relativice este hecho hasta el punto de considerarlo algo normal que puede y que va a ocurrir de forma habitual.

Para rematar el colmo de la delicadeza y saber hacer, resulta que todo esto lo adereza con que mi hija es más pequeña y está menos espabila que otros niños de su curso... ¿¿¿¿Perdónnnnn?????. Este tema también da para mucho, así que prepararemos otro post con ésta y otras lindezas.

Entre tanto, también nos ha tocado visitar a la pediatra porque la tos y los mocos persisten desde hace ya meses y no les vemos fin. Afortunadamente, el pecho está bien, así como los oídos y garganta. Es decir, sólo moco. Nos libramos por esta vez.

También nos ha tocado pinchazo!. Vacuna triple vírica. La rubeola, el sarampión y las paperas. Ésta nos la tenían que poner a los 12 meses, pero con el tema de las huelgas de sanidad y haber estado con fiebre y otitis, se nos ha ido retrasando hasta ahora. Es una vacuna viva, y que por tanto le puede incluso hacer pasar alguna de las enfermedades. Suele hacer su efecto, si lo hace, en una semana o diez días, así que hay que vigilar y controlar síntomas.

¡Odiamos las vacunas!...

No, es broma. No las odiamos. Sabemos que son buenas y necesarias, ya contábamos nuestra postura aquí, y por eso nos las ponemos. Pero es que mami y papi sufren horrores cada vez que nos toca la inyección. Y tan sólo dentro de un mes nos tocan tres pinchazos en un día!! Buaaaaaaa...

Por suerte, mamá la sostenía en brazos dándole un gran abrazo y enseguida se nos pasó el disgusto.

Así que hemos cogido el finde con más ganas que nunca y lo estamos pasando de maravilla. Se nos han pasado todos los males y sólo queremos jugar y jugar!. Ahora vamos a estirar el domingo todo lo que podamos para que el lunes tarde muuuuuuuucho en llegar.

Ta mañana!

sábado, 27 de octubre de 2012

En el Hospital


Las últimas tres semanas hemos ido un poco de cabeza. Paula se ha traído a casa uno de esos virus con los que convive en la guarde de manera habitual, y que de vez en cuando, se vienen con ella sin permiso y sin invitación a hacernos un poco la vida imposible durante días.

El papá burbujita también ha estado de médicos, con pruebas y más pruebas, como ya contábamos hace unos cuantos post.

Y para rematar, mi sobrina ha estado ingresada dos semanas, intervenida de peritonitis, pasando por una infección importante que nos ha tenido a todos con el pensamiento todo el día en esa habitación en la que se encontraba, del hospital a casa y de casa al hospital. Ya adelanté en esta entrada, en la que hablaba de la NO conciliación con la que vivimos, que con todo este lío había pensado en varias cosas, que escribiría en otro post. 

Y aquí estoy, contando lo que he visto y oído estos días con la hospitalización de  la sobri.

Es un post optimista y esperanzador, por todo lo que hemos vivido, en momentos que ya llevan bastante carga de estrés, miedo, cansancio e incertidumbre, como para añadirle una dosis extra de todo ello, derivado del trato al niño en el hospital.

Todo comenzó cuando al nacer mi pequeña Paula, tuvo que quedar dos días y medio ingresada en la unidad de neonatología por bilirrubinemia, o bilirrubina alta para entendernos mejor. Quedé traumatizada, después de tres días sin parar de llorar, por no poder permanecer 24 horas con mi bebé recién nacido. Por eso, cuando ingresaron a mi sobrina y vi que mi hermana y mi cuñado podían estar a todas horas acompañándola, salvo raras excepciones en momentos muy puntuales, empecé a recordar y a leer de nuevo información sobre los derechos del niño hospitalizado.

Ojalá hubiese sabido más sobre el tema en ese momento, más sobre lo que podía reivindicar como derechos que me pertenecían, que nos pertenecían a los tres.

Ya es demasiado dolorosa para cualquiera la estancia en un hospital, el estar enfermo, el no poder seguir con tu día a día, con tus actividades habituales, pero cuando le toca a un niño es totalmente descorazonador. Es una situación de total indefensión para ellos, de incertidumbre por no entender lo que les pasa y el por qué les hacen daño, por qué ahora no están papá y mamá, y a cambio están continuamente en una cama con ese pijama tan feo y sin sus juguetes, sus libros, sus cosas en definitiva.

Pero lo que he visto estos días atrás no se parece en nada. ¿Sigue doliendo?, por supuesto, me partía el alma ver a mi sobrina enganchada todo el día a sus 3 ó 4 vías, su drenaje, sus pinchazos... pero por suerte, la situación se puede mitigar bastante.

He visto que papá, y sobre todo mamá (por circunstancias laborales), le acompañaban en todo momento, que se le trataba con cariño y respeto, explicándole paso a paso cada cosa y cada tratamiento que tenía que recibir. Habitaciones con dibujos; doctores con artilugios que utilizan en su día a día adornados y de colorines; pasillos llenos de trabajos y dibujos que los mismos niños cuelgan y regalan a sus enfermeras; salas de juegos, de informática; un aula escolar con profesor que les ayuda a no perder sus clases y a su vez a no estar todo el día postrados en la cama; payasos que vienen a la habitación a alegrarles la tarde y hacerles reír; espectáculos de magia...

Como decía, todo esto no hace que disminuya el dolor que te produce verles pasar por una enfermedad prolongada, una operación o un simple análisis de sangre, pero sí ayuda de forma increíble a mitigar la sensación de indefensión de la que hablaba al principio, las faltas de respeto y de sensibilidad que me parecen determinadas actitudes adultocéntricas que he podido ver en otros hospitales y centros.






Como en casi todo en la vida, hay profesionales para todos los gustos y colores, pero tengo que decir, que la norma general es que en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, están comprometidos con el respeto a los derechos que todos los menores tienen desde el momento que entran por la puerta del hospital.






Estos son los derechos del niño hospitalizado, redactados en la carta europea del 13 de Mayo de 1986. Y por tanto los que podemos y debemos reivindicar siempre que por desgracia nos veamos en situación de tener que hacerlo.



El texto publicado en este folleto, en el que han colaborado niños, es una versión de lectura fácil, dirigida a
la infancia, sobre la Carta Europea de los Niños Hospitalizados. El texto original y completo es posible
consultarlo en el siguiente enlace, junto con otros documentos de interés:

http://www.pediatriasocial.com/documentos.htm

Si mucha gente es conocedora de estos derechos, espero y confío en que llegará el día que no se tolere algo diferente. Que en todos los hospitales donde se ingresan a niños y niñas, se hagan respetar todos y cada uno de ellos.





martes, 16 de octubre de 2012

¿Concilia... qué?

Eso, ¿concilia... qué?...

Con esto de tener a la sobri ingresada en el hospital desde hace ya más de una semana, me ha dado por pensar en varias cosas que tienen que ver con la hospitalización de los más pequeños. Unas, las que me ocupan en este post, y otras de las que hablaré en otra entrada para no alargarlo mucho.

Mi madre, es decir, la abuela de la niña, tuvo su permiso correspondiente de tres días (que son dos por ley, ampliado a tres por convenio) por la hospitalización de su nieta, o sea, familiar de segundo grado de consanguinidad. Y a mi hermana, la madre de la criatura, por su primer grado de consanguinidad correspondiente... ¿qué cuánto en este caso?... pues ¡los mismos tres míseros días! que se dan hasta el segundo grado (recordemos que siguen siendo dos, ampliados a tres por su convenio).

La verdad es que nunca me había parado a pensarlo. No había tenido la necesidad afortunadamente. Ahora que se nos ha dado el caso en la familia, lo pienso y me dan escalofríos. Mi hermana ha podido cambiar una semana de vacaciones que se había dejado para las navidades y la ha añadido a los tres días que por convenio le corresponden. Aún así, el viernes finalizará este período. Y como la cosa ha sido complicada y todavía le quedan días de estancia en el hospital, cruzaremos los dedos para que el fin de semana le den el alta, porque si no, ¿cómo se supone que actúa una madre?. ¿Se va a trabajar su jornada de 8 horas dejando a su hija sóla en el hospital con 11 años?.

Francamente, no me parece viable. Un niño ingresado debe estar acompañado por sus padres. Para empezar, si en un determinado momento surge una complicación y hay que intervenirle o hacerle cualquier prueba de inmediato... ¿Quién la autorizará?. No pueden intervenir de forma urgente, tanto si es una prueba médica como una operación quirúrgica, a un niño pequeño sin la autorización de mamá, papá, o en su defecto su tutor legal. ¿Qué pasa entonces?.

Sé que existe una baja para uno de los dos padres trabajadores, cuando el niño padece cáncer u otra enfermedad grave. Lo que no sé es si se ha hecho un listado con las enfermedades que sí son graves y las que consideran que NO lo son. Pero claro, si mi hijo está ingresado porque se le ha complicado una apendicitis a peritonitis, aunque esté grave y para mi sea lo más importante del mundo acompañarle en esos momentos, da igual. Creo que eso no se considera grave. Te aguantas y punto.

Cada día me asombra más lo poco que tenemos en cuenta a nuestros pequeños y el poco lugar que ocupan en nuestras aceleradas y ocupadas vidas. En vez de adaptarnos nosotros a sus necesidades, les obligamos a adaptarse ellos a unas vidas que no son adecuadas para los niños, (en mi opinión tampoco para un adulto pero esa es harina de otro costal...).

La verdad, entiendo que muchas mamás y papás se vean obligados a presentarse en la consulta de su doctor llorando a moco tendido, porque la situación de tener a un hijo ingresado les abruma y supera de tal manera que no son capaces de realizar sus tareas laborales con el rendimiento adecuado, suplicando una baja porque su estado emocional no les permite trabajar en las mejores condiciones. ¿De verdad todo esto es necesario?. ¿No hay mejor manera de hacerlo?.

De nuevo vuelvo a gritar en silencio desde mi pupitre...



jueves, 11 de octubre de 2012

Mi finde con papá.


El Viernes se planteaba acelerado... mi mamá se iba de boda, tenía que preparar muchas cosas... la maleta, las pinturas, el neceser, ¿me llevo abrigo?, ¿qué zapatos me llevo al final?, ¡el saca leches, que no se me olvide!...

Todo fué un correteo incesante desde primera hora:

Mamá y papá se apresuraban en vestirse, asearme y prepararme, '¡nos vamos a la guarde!, !con los amiguitos!' me decían intentando espabilarme de mi somnoliento despertar. Y en un abrir y cerrar de ojos allí estaba yo, rodeada de mis compis de la guarde, cantando canciones con la profe, pintando con las manos...y siempre, ansiosa, esperando el regreso a casa con mis papás...

El medio día llegó, y por fin sonreía de oreja a oreja al ver aparecer a mi mamá por la puerta de la guarde...
'Pero... ¿no es viernes?' recuerdo que pensé....
Los viernes viene también papá a buscarme a la guarde, pero papá no estaba... ¿dónde estaba mi papá?

Yo no sabía nada, pero más tarde me enteraría de todo lo que ocurría:
Mamá cargaba una maleta y me montaba en el coche con mi tata Mary que nos acompañaba, pero no se iba de boda y ni siquiera era su maleta!
La maleta era para papá... para su posible ingreso en el hospital.
¡Mi papá estaba malito! y ¡por eso no vino a buscarme a la guarde!.

Por suerte sólo fue el susto, un par de pinchazos y unas cuantas pruebas y papá salia por la puerta de urgencias del hospital a llenarme de besos... Que se tiene que hacer no se qué prueba..., que si le han puesto una vía... que  le sacaron sangre...que casi cae desmayado... Papá nos 'ameniza' la vuelta a casa contando sus aventuras con la gente 'de bata blanca'...

La tarde dejaba paso a la noche y al final la maleta de mamá estaba vacía, y la de papá llena..
¿No se iba alguien de boda?

No fué sencillo calmar a mamá. Sus nervios y preocupaciones la hacían plantear muy seriamente no coger el vuelo y quedarse con papá y conmigo dejando pasar la boda de largo...

Luego no recuerdo más... creo que como bebé que soy caí rendida de sueño, abrazada a mi mamá, calentita entre sus mimos...

A la mañana siguiente papá ocupaba el lado de la cama de mamá, pronto entendí todo....
¡Empezaba mi finde con papá! (y sin mamá!)

¿Que comó fué todo? Pues bien... ¡muy bien! Soy una bebé afable, cariñosa, simpática y muy mimosa. No me gusta nada llorar, de hecho esa clase  me la salté... y por tanto es algo muy poco habitual en mí. Además me gustaba la idea de cuidar de papá durante el finde, supervisé como me preparaba la comida en la olla, también como procesaba el triturado de la papilla y en agradecimiento me lo comí todo, todo. Vinieron mis abuelos Paloma y Luis, me volví loca jugando con Tara, su perrita yorkshire (que aunque un poco celosa, es como un peluche con patas que no para quieta !me encanta!).
No faltaron las visitas de mis tios Mary y Pedro.. parece que nadie puede pasar sin mí...

Papá me cuidó, me mimó, nos comimos juntos uno de esos currusquillos de pan que tanto me gustan, también ¡una galleta! ñam! ñam! y por la noche, cuando la tetita de mamá estaba a cientos de kilómetros, tomé entre sueños bibes calentitos que aparecían en mi boquita como por arte de magia.

Entre risas y juegos pasamos el día siguiente. Nos bañamos, escuchamos el CD de música de Lisa (mi nueva amiga en los libros de la guarde)  y bailamos  al son de sus animadas canciones. ¡Hablé una vez con mamá! Ella llamó por teléfono y me la pusieron al oído... sin darme cuenta parece que la colgé al intentar comerme el teléfono... Os recuerdo que no tengo más que 10 meses...

Creo que cuidé bien de papá, ha sobrevivido sin problema al fin de semana.
Mamá volvió maleta en mano y nos comimos a besos y abrazos, creo que mamá me echó un poco de menos...
Tendré que cuidarla a ella también...


martes, 28 de agosto de 2012

Ingrata sorpresa

Estando embarazada, cuando fuimos a comprar el cochecito de Paula y algunos artículos de esos que crees de necesidad... me hicieron una suscripción gratuita a la revista Mi bebé y yo. Durante seis meses la recibí en casa tal y como me habían informado. La hojeaba y leía cada mes, y algunos de los artículos me parecían bastante interesantes. En definitiva, la línea que seguían en general me gustaba.

Una vez se acabó la suscripción gratuita a los seis meses, me siguen enviando los artículos destacados vía mail. Cuando puedo y tengo algo de tiempo les echo un vistazo. Y lo último que me he encontrado, es esta ingrata sorpresa en este enlace.

Cuando lo empecé a leer, pensé que era una broma. Pero ¿qué dicen?. ¿Cómo se puede escribir algo con tan poco rigor y soltando afirmaciones totalmente infundadas y con argumentos tan poco científicos?.

Estamos hablando de aconsejar a las mamás y papás, no atender inmediatamente a sus bebés cuando lloren, a dejarles un rato llorando para que no piensen que son nuestros dueños. Resulta que para que el bebé se de cuenta que es una persona diferente a sus padres, hay que dejarle un rato llorando y chillando antes de acudir a cogerle. Y debe y puede aprender pronto a autoconsolarse.

Menos mal que se han molestado en aclarar que ¡podemos estar tranquilos!, NO es un comportamiento cruel e irresponsable. Menos mal que nos lo avisan, porque claro, cualquiera que lo lea, podría pensar enseguida que estos de la revista se han vuelto locos recomendando a millones de padres lectores que no deben atender a sus hijos rápidamente. Eso es justo lo que yo pensé al leerlo. Ahora me quedo mucho más tranquila...

¿En qué se basan? Hasta se atreven a decir en qué momento tienes que decirle que NO a tu bebé y ponerle límites. ¿En serio?. ¿A mi bebé de 8 meses?.

Y lo mejor de todo es que en ningún momento se cita ningún estudio, ningún autor, libro, nada de nada que suene a medianamente riguroso y que nos argumente por qué narices es bueno que nuestros hijos se acostumbren a que cuando lloren no vamos a atenderles rápidamente.

Yo he estudiado cinco años de carrera de Psicología y nunca me han enseñado nada de eso... De hecho, más bien he llegado a la conclusión contraria con el paso de los años y la lectura de muchísimos libros y estudios sobre el tema.

Creo que si atiendo a mi hija en cuanto se ponga a llorar, al igual que haría con cualquier otro ser humano, no va a aprender que soy su esclava y ella mi dueña, simplemente va a aprender que su mamá estará ahí siempre que pueda y me necesite, lo cual le hará sentirse segura y como consecuencia ser más autónoma y tener más confianza en sí misma y a su vez en mi.

Si la dejo un ratito llorando antes de ir a ver qué le pasa (por cierto no nos dicen cuánto, ¿cuánto tiempo señores debemos contar, hasta poder ir a cogerle?, 5 minutos, 10, media hora?...), yo creo que lo que aprenderá es que para conseguir mi atención, mi ayuda y mi consuelo debe llorar un buen rato antes. Así que no veo yo cómo va a aprender a autoconsolarse, si no más bien todo lo contrario.

Estoy un poco cansada de leer este tipo de cosas. Por favor, no más consejos gratuitos sin argumentos y con tan poco rigor. Es un tema muy importante y trascendente. Y menos hacerlo en un medio que llega a tanta gente.

lunes, 20 de agosto de 2012

Tenemos un diente ¿Por fin?...

Para sorpresa de papá y mamá, que ya habían casi olvidado que a los bebés les salen dientes en algún momento de sus vidas, y para tranquilidad supongo, que de muchos otros que lo vaticinaban desde hace meses , ¡Habemus diente!.

Este fin de semana, mientras te encaramabas a la tetita de mamá con tu boca abierta todo lo que podías, como si me fueras a comer entera, ¡de repente lo vi!. Allí estaba abriéndose paso una línea blanquita sobre su encía inferior.

Sorpresa porque es cierto que casi ni nos habíamos acordado de los dientes. A pesar de que desde que Paula tiene unos cuatro meses y comenzó a poder agarrar cosas con sus manitas y llevárselas todas a la boca, incluidas sus propias manos, todo el mundo me decía que estaba a puntito de "echar los dientes". Yo insistía en que no, y que no tenía nada que ver, pero nada... erre que erre.... Pobrecita, decían, está con la boquita que no puede más.

Cuando los bebés comienzan a llevarse todo a la boca, incluso sus manitas, no significa que les vayan a salir los dientes, independientemente de que a su vez, les salgan.

El sentido del tacto en los bebés está por todo el cuerpo, y sobre todo en la boca, donde hay muchas más terminaciones nerviosas. Cuando nacen, este sentido está muy desarrollado, pero en los siguientes meses se desarrollará mucho más. Algunos de los reflejos neonatales más importantes dependen de este sentido. Por ejemplo, el de Babinsky, por el cual si se roza la planta del pie con el dedo o un objeto, el bebé dobla el pie y abre los dedos, o el de succión, por el cual si se le acerca un objeto a los labios succionará de manera rítmica.

Hacia los 3 ó 4 meses, comienzan a explorar el mundo y al contrario de lo que mucha gente piensa, cogen los objetos y lo primero que harán será llevarlos a la boca, examinarlo bien con sus labios y lengua, para después sacárselo y examinarlo visualmente. Es importante que dejemos a los bebés realizar esta práctica, porque es su manera de reconocer objetos y el mundo que le rodea en general.

Simplemente, tenemos que extremar la precaución en cuanto a la higiene y los objetos que dejamos a su alrededor, que no sean objetos que le puedan causar daños o ahogo.

Si realmente la salida de sus dientecitos les doliese tanto como dicen, ¿no sería más lógico pensar que intentarían no acercar nada a su boca para no presionar sobre la zona dolorida?. Esto ya son divagaciones mías, pero es lo que encuentro más normal.

De hecho no creo que la salida de los dientes cause todas esas maldades que se les suelen atribuir. Yo no soy una especialista en esto, y por tanto sólo me baso en información que he ido recopilando y leyendo de pediatras y de estudios que se han realizado en relación a este tema. De todo ello se ha concluido, que no hay evidencia científica alguna de que este proceso les cause dolor, fiebre, escozor en el culete y alguna cosa más que seguro olvido y que se le suele atribuir... Todo apunta a que no hay tales molestias y que somos muchas veces los adultos los que hemos achacado todos estos síntomas, que pueden ser muy típicos en los bebés a esa edad, a los dichosos dientes. Pero sí que sabemos, por ejemplo, que durante el resto de nuestra vida nos salen muchos más dientes y muelas que de bebés, y nadie nunca se ha quejado de dolor ni fiebre, ni malestar alguno. Yo por lo menos no lo recuerdo...

Que no digo yo que al abrirse las encías, se me ocurre que se pueda generar un poquito de infección debido sin ir más lejos a la cantidad de cosas que se meten en la boca, y de ello subirles alguna decimilla de febrícula, pero de ahí a lo que se oye y lo que se dice... pues va un abismo la verdad.

Como en otras ocasiones, la verdad absoluta del cuento no la puedo saber... Además tampoco cuento con la experiencia a mi favor, pues de mi etapa predental no me acuerdo y la de mi hija acaba de empezar sin gran pena ni gloria y sin darse mucha importancia.

Los dientecitos de Paula continuarán su andadura y aquí lo seguiremos contando...


miércoles, 1 de agosto de 2012

Día Mundial de la Lactancia Materna



Antes de que naciera Paula, yo pensaba que la Lactancia Materna era simplemente el mejor alimento que se le podía ofrecer a un bebé. Nada más y nada menos.

Ahora que Paula tiene ya ocho meses, y que la lactancia ha sido una de las mejores cosas que las dos hemos compartido, sé que no es sólo eso. Es mucho más. Muchísimo más.

Es conexión. Es vínculo. Es como si el embarazo se hubiese prolongado durante todo este tiempo y la lactancia actuase a modo de placenta, alimentando y proporcionando todo lo necesario al bebé en su justa medida, en su justa temperatura y en su justo momento.

Me encanta llegar cada día y sentarme con ella encima, que está deseando tanto como yo que llegue este momento del día, nuestro momento... Siento sus manitas acariciándome, su tripita contra mi, y siento como en ese momento está recuperando mucho más que su apetito, está recuperando las horas separadas, las caricias, el contacto piel con piel que no hemos tenido. Todo ello igual de importante y necesario.

Ya conté hace un tiempo, cómo había sido nuestra lactancia desde el nacimiento y hasta los seis meses. Ahora, dos meses después, y una vez incorporada al mundo laboral fuera de casa, y superando ciertas dificultades, sé que es posible seguir lactando si se trabaja fuera del hogar, y me siento fuerte y poderosa por superar con éxito cada dificultad, cada comentario y opinión sobre nuestra lactancia, cada traba que ha surgido y que te van poniendo en el camino, no sólo el mundo laboral, también la gente que te rodea, los sistemas de salud, etc., y por todo lo que le transmito y le doy junto con la leche.

Pienso en el día que esta etapa llegue a su fin y me da mucha pena. 

Sé que comenzarán otras etapas igual de bonitas y con otros momentos especiales, pero lo que nos da a las dos La Lactancia, eso no se puede comparar con nada. 

Y si además de todo eso..., encima es bueno para la salud física y mental de mamás y bebés, y también para el planeta...

¿QUÉ MÁS SE PUEDE PEDIR...? 

¡POR UNA LACTANCIA LARGA Y FELIZ PARA TODOS LOS BEBÉS DEL MUNDO!




sábado, 28 de julio de 2012

...A mi nunca me pasaría...

Estaba tan segura de que mi bebé se tenía que caer y hacer daño alguna vez en la vida, como lo estaba también de que no sería mientras yo estuviese ocupándome de ella..., ¡a su lado!, ¡a menos de un metro!, ¡casi sin quitarle ojo!, y lo que es el colmo, ¡acompañada de papá!...

En fin, no tengo palabras para describir el sentimiento de culpa, de impotencia, y de rabia que tengo desde ayer por la tarde que ocurrió. Mi pequeña bebé se cayó de la cama de papá y mamá, se dio un golpazo y le sangraba la nariz... Y lo que no se me quita de la cabeza, es que lo podría haber evitado.

La situación fue la siguiente:

Estamos los tres en la habitación, tan felices y vistiéndonos para irnos de cumpleaños a casa de mi hermana. Yo estaba vistiendo a Paula y su papi eligiendo camiseta.

- "Ponte la marrón, la que tiene unas letras y una calavera".
- "Esa no es marón, es negra". "Tienes que ir a revisarte la vista, ja ja ja..."
- "Como que no es marrón, tú tienes un problema con los colores".

Me levanto y cojo un gorro negro del armario. (Hay que recordar que entre la cama y el armario no hay ni un metro. Y que Paula estaba en el centro de una cama de matrimonio). Cuando me acerco a comparar las dos prendas: ...¡PUMBAAAAAA!!!!!! Según me daba la vuelta, y allí estaba en el suelo, medio de lado, con una carita de susto, y empezando a llorar como una loca...


- "Mi niña, mi niña"
- "Hay que mirar que  no se haya hecho nada..."

No quería mirar nada, no quería que llorase, sólo quería abrazarla... Y en definitiva sólo quería que no hubiese pasado.

Pero ha pasado, y hemos aprendido... Una lección que ya teníamos muy estudiada, pero que al parecer deberíamos haber recuperado.

No es momento de culpabilizarse ni torturarse, pero sí de tomar medidas, que al parecer ya tomábamos pero que hay que tomar mejor y no olvidar ni un detalle!.

No pasa nada, todos tenemos descuidos y accidentes, niños y adultos, y no hay que dramatizar ni ponerse en lo peor, pero tampoco es bueno trivializar y olvidarse que hay un elevado porcentaje de niños que sufren graves consecuencias en accidentes domésticos e incluso la muerte.

Hay que extremar la precaución, aunque creamos que están protegidos. Aunque estén en el centro de una cama grande y rodeados de cojines. No dejarles nunca solos en una cama sin barandillas, ni en un sofá, ni en ninguna superficie con altura y sin protección. Ni un segundo, ni medio, ni una milésima... Nada.

Esto creo que no lo olvidaré.

... Y pensaba que a mi nunca me pasaría...






martes, 19 de junio de 2012

El llanto infantil y la guardería

Es imposible ignorar el llanto infantil, reza el título de un artículo de la revista fayerwayer.com. El mencionado artículo hace referencia a un estudio publicado por psicólogos de SUNY y la Clark University en Estados Unidos. Parece ser que no es posible concentrarse en una tarea si se escucha llorar a un niño.

Y así debería ser. El llanto de los bebés tiene toda la pinta de haber sido durante millones de años una estrategia evolutiva que ha hecho perpetuar la especie, haciendo que los bebés más protestones que crecían en las cuevas y en la selva, llamasen la atención de sus mamás si éstas se alejaban, para no quedar a la intemperie y desprotegidos ante depredadores o ante el frío de la noche. Esas mamás de esos bebés protestones que lloraban a pleno pulmón, como estaban diseñadas para no soportar oír llorar a sus bebés, acudían de inmediato a consolar y proteger a los pequeños australopithecus. Deduzco que todavía debemos llevar grabado en nuestros genes algo de todo esto, y de ahí los resultados de ese estudio. "No soportamos oír llorar a un niño".

El llanto de los niños sirve para algo, y hay que atenderlo cuando se produzca. Pero lejos de esto, en nuestra cultura actual occidental, se tiende a lo contrario. No sé muy bien cómo ni cuándo, ni de qué manera, la sociedad ha llegado a la extraña conclusión de que el llanto de nuestros bebés es algo molesto e inútil que hay que extinguir. ¿Y cómo se extingue una conducta indeseada?. Está claro, ignorándola. Haciendo que no vaya seguida de ningún refuerzo positivo para el que la emite.

Cierto es, que ya no suele haber depredadores de los que protegernos, ni dormimos en cuevas ante el frío, pero desde mi punto de vista, el llanto ha ido evolucionando con nosotros, convirtiéndose en una herramienta excelente para predecir que algo no funciona bien. ¿El qué?. Hay que averiguarlo. Alguna de las muchas necesidades físicas o emocionales del pequeño no están cubiertas. Pensemos que dependen al cien por cien de los adultos, y sin embargo prácticamente su única forma de comunicarse con nosotros es esa.

Y leyendo este artículo me encontraba, cuando se me vino a la cabeza la imagen del viernes pasado al entrar a la "guarde" a buscar a mi pequeña, justo a la hora en la que casi todos acaban su siesta. La cuidadora auxiliar se encontraba cambiando el pañal a un bebé y según entré por la puerta, ya podía oír desconsolada a mi bebé como lloraba. Entramos su papá y yo, y detrás nuestro entraba también a la clase su cuidadora habitual que llegaba en ese momento al aula. Se me partió el alma. Mi marido empezó a decir que cómo tenían así a la niña llorando, y con mucha razón nos contestaron que "no sé quién" se había despertado antes. Totalmente de acuerdo, pero ... ¿no podría decirle aunque sea de lejos unas palabras de consuelo?... Hablarle para que sepa que alguien está ahí, que en este momento no puede acercarse, pero que está ahí para en cuanto pueda, ir a socorrerla...

La tranquilidad y parsimonia con la que actúan ante este tipo de situaciones es pasmosa. Me deja literalmente helada. ¿Porque yo no estoy quizás tan habituada a escuchar llorar bebés y ellas sí?. Puede ser... Puede ser por eso, que ante la habituación a un estímulo durante mucho tiempo, lleguemos a casi ni percibirlo, o peor aún, a percibirlo y poder desarrollar cualquier tipo de tarea sin la más mínima interrupción y con total concentración.

Vaya por delante que creo que las cuidadoras de la guardería son personas cariñosas, y que se les ve disfrutar y contentas con los peques, pero a pesar de esto... lo que vi no me gustó. Quizás también influye que lo que verdaderamente no me gusta es tener que llevarla y no poder cuidarla yo misma. Que estoy sufriendo casi tanto como ella esta separación, y que lleva algo más de una semana y ya está enferma... Y que me muero por dentro cada mañana cuando me despierto a su lado y sé que tenemos que ir.




miércoles, 13 de junio de 2012

Amenorrea por lactancia materna

La última vez que asistí a mi ginecóloga por las molestias que todavía de vez en cuando siento en la zona de la episiotomía, tras confirmar que la cicatriz estaba según ella perfecta (ni fibrosada, ni endurecida ni nada de nada), me preguntó si aún daba el pecho y si me había venido alguna regla. Le dije que sí daba el pecho y que aún no había tenido la regla.

Al parecer, esta falta de menstruación por la lactancia, hace que hormonalmente no estemos funcionando todavía igual que antes, y en consecuencia la zona esté mucho más reseca por la falta de producción de flujo.

La amenorrea que se produce de manera habitual durante la lactancia materna (siempre que se den determinadas condiciones), es el método anticonceptivo de la naturaleza. El que durante millones de años funcionó para que mamás y bebés tuvieran más probabilidades de sobrevivir, espaciando los nacimientos en cada mujer entre dos y cuatro años, perpetuando así nuestra especie, cuando no existían otros métodos de anticoncepción.

Aún a día de hoy, en muchas sociedades y tribus cazadoras y recolectoras, o en culturas no tan occidentalizadas, sigue siendo el método que la naturaleza impone para que las madres puedan dedicarse por entero a sus bebés indefensos, hasta la llegada del siguiente.

La lactancia materna es el método anticonceptivo más usado del planeta, aunque no sepamos que lo usamos. Claro, que hoy en día, en nuestra sociedad, deberíamos ser conscientes de las condiciones y limitaciones que puede conllevar, sobre todo si no se está llevando una lactancia exclusiva y a demanda, (digo a demanda, puesto que si amamantamos a demanda de verdad, es muy difícil que pasen más de 4 horas sin que el bebé succione).

En mi caso, ya vamos a por el séptimo mes, y desde el sexto, la lactancia ya no es exclusiva, aunque sí a demanda y por tanto muy a menudo. Pero la menstruación aún no se ha presentado.

La menstruación puede aparecer sin ovulación anterior, pero no puede haber ovulación sin menstruación posterior, a no ser que se haya quedado una embarazada.

Las causas fisiológicas de esa falta de ovulación son de origen hipotálamo-hipofisario. Debido a la disminución de la producción de estrógenos y progesterona, el endometrio no se desarrolla. Esto viene dado, porque junto a la liberación de prolactina (hormona encargada de la producción de la leche), se da una disminución de la liberación de gonadotropinas (hormonas implicadas en la reproducción), lo que hace que no maduren los folículos ováricos y no se produzca la ovulación.

En el momento en el que comenzamos a introducir otra alimentación y a espaciar las tomas de pecho, los niveles de prolactina bajan, y por tanto puede producirse la ovulación.


De momento, me encuentro dentro de todo este proceso, y aún no sé cuándo los ciclos empezarán a desarrollarse como antes del embarazo, por tanto, debo esperar a qué suceda y tener un par de reglas, según indicaciones de la ginecóloga, para saber si de esto dependían las molestias y sensación extraña en la zona.

Por ahora, seguiremos con todas las tomas que podamos, de día y de noche, y ayudándonos de nuestro sacaleches en el trabajo, también podrá hacer su toma en la guarde,  y que la naturaleza y la biología, que son más sabias, hagan el resto.

martes, 12 de junio de 2012

Dos días

Dos días llevamos de adaptación a la guardería.

Primer día. Una hora. Me voy a casa y según entro me derrumbo. Me había estado autoconvenciendo para no llorar y ser más comprensiva conmigo misma y con el proceso que tenemos por delante. Pero no puedo, no concibo la casa sin ella. Veo sus muñecos esparcidos por el sofá, su colchita y su mantita de juegos y no puedo ni quiero contener las lágrimas. La echo de menos, y aunque sé que sus necesidades más inmediatas estarán atendidas, cada vez siento más inseguridad respecto a lo que estoy haciendo. Paseo por la casa, subo, bajo, intento emplear el tiempo pero no me apetece hacer nada. No puedo ni ver el blog, me recuerda que no está a mi lado.

Paula ha estado tranquila. No sabe muy bien dónde y con quién está y observa, más que otra cosa. Pero cuando llego a recogerla se desmorona. Me ve, empieza a lloriquear y se agarra a mi con fuerza. Me enseñan un par de fotos que su cuidadora ha hecho con el móvil para que viese que ha estado tranquila. También me advierte que el primer día no lo suelen pasar muy mal, es peor el segundo. Yo ya lo imaginaba y no se equivocaba. Por la tarde en casa no para de llorar, tiene mocos, muchos mocos, y sólo quiere estar con mamá. No me quita ojo. Por la noche nos hemos despertado varias veces, parece que le costaba un poco respirar con tanto moquito. Pero con un poco de tetita todo se pasa y continuamos durmiendo.

Segundo día. Uff... Nos levantamos a las 9,00 h. Me mira, se ríe como siempre. Me la como a besos y le empiezo a cantar una canción inventada que le dice que vamos al cole a jugar con otros niños y con una "seño" muy muy buena que te quiere. Seguimos con muchos moquitos. Nos vestimos y nos disponemos a hacer nuestra toma de pecho mañanera, pero nada de nada. Es como si se oliese un poco lo que pasa. No quiere hacer la toma. Viene su abu Juan para acompañarme a llevarla y hacer que el intervalo sea menos doloroso. A las 10,00 h. nos vamos al cole. Hoy estará una hora y media. Me dedico a hacer recados y mi padre me invita a desayunar. Intentamos matar el tiempo y acabamos en casa, donde según entramos, mi padre dice, "cómo se la echa de menos aquí en casa". Pero no lloro, delante de él no lloro. A las doce menos cuarto estoy allí como un clavo.

Está sentada entre las piernas de su profe, protestando mientras ella canta para todos. La cojo y me doy cuenta que está sollozando. Con esos suspiros fuertes que se tienen cuando te has dado un atracón a llorar. Hoy ha sido un poco más duro. Ha llorado cuando me fui. Se ha dormido un rato (no pregunto si ha sido por agotamiento de tanto llorar porque temo que la respuesta sea que sí), se despertó llorando (supongo que le resultó extraño despertarse allí), y me dicen que ha sido difícil calmarla. Llegamos a casa, le doy el pecho y cae rendida.

Esto está siendo muy duro. No se me ocurre qué podría hacer para evitar hacerle pasar por esto.

Todo el mundo me dice que más tarde o más temprano se tienen que acostumbrar, pero yo pienso, ¿no puede ser más tarde que temprano?. Es tan pequeñita... que sólo espero que esto no le afecte a lo que es y a lo que será, que no deje de ser esa niña alegre y risueña que ahora es.



domingo, 10 de junio de 2012

Las etiquetas y los bebés

Siempre me he preguntado por qué las etiquetas que marcan las prendas de ropa están cosidas con hilos de nylon y llevan esos picos que tanto daño hacen cuando rozan la piel.

Supongo que no soy la única que ha salido un día de casa al trabajo o a donde sea, y no ha podido descansar, ni parar de rascarse y de retorcerse hasta que ha logrado que alguien le arranque la maldita etiqueta. A mi personalmente me puede llegar a convertir el día en un infierno!.

Y me pregunto, ¿cuál es la razón mágica para coser las etiquetas con ese hilo punzante y que estén hechas con ese tejido tan duro y puntiagudo?. Por favor, que me lo expliquen.

Cuando tuve a Paula, pensé que con la ropa de los bebés no habría ese problema. Que serían mucho más cuidadosos con hilos y tejidos. Pero me he dado cuenta que NO! La gran mayoría de las etiquetas, y aseguro que da igual la calidad y precio de la prenda en cuestión, están cosidas y fabricadas de igual manera y con los mismos hilos. Yo cada vez que compro algo o le regalan algo a Paula, me dedico a comprobar si la etiqueta hace daño o pincha, y en consecuencia, a descoserla cuidadosamente.

Puede parecer a primera vista algo sin importancia como para dedicarle un post. Pero de verdad, en el caso de los bebés me parece mucho más grave. Me intento imaginar lo que debe ser tener algo que me pincha y me araña en la piel del cuello o de la espalda, y no poderme rascar, ni tocar, ni llevar la mano a la dichosa etiqueta para separarla durante unos segundos y darme un respiro.

Ellos tienen unas pieles muy sensibles, y sólo dependen de un adulto para atender cualquier necesidad tan tonta como esa. Y si el adulto en cuestión no sabe lo que le pasa, es difícil que le pueda aliviar. Y claro, lo único que le queda al pobre o la pobre es llorar desconsoladamente!.

Por eso, "Señores Cosedores de etiquetas", por favor, cambien el tejido y los hilos, y sobre todo en la ropa de los más pequeños!. Mientras tanto, las mamás y papás seguiremos atentos a este pequeño detalle que puede ser tan importante para los peques.

 ¿Será una cuestión económica?. Sólo se me ocurre pensar eso, porque si no, no puedo imaginar a qué cabeza pensante se le puede ocurrir coser una etiqueta que está en contacto con la piel, con ese tipo de hilo.


ESTO