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viernes, 13 de diciembre de 2013

El cumple, la nieve y la navidad...

Todavía con resaca del cumple cumpleañero, que como si de una boda gitana se tratase, se extendió desde el viernes hasta el domingo por la tarde, este fin de semana largo que hemos tenido, hemos hecho excursión al campo y a la nieve.

Al cumple no se le ha podido pedir más. La pequeñina se lo ha pasado en grande, su fiesta parece que le encantó. ¡No es para menos!, allí estaban sus amiguitos Pocoyó, Elly, Pajaroto... ¡y por supuesto Peppa Pig!, la súper tarta casera que con mucho trabajo y sobretodo mucho amor hicimos para ti Pauli, la familia, los regalos... y más y más regalos!. ¿Quizá demasiados?...











No voy a negar que me hace sentir abrumada, desbordada si cabe. No quiero decir con esto que no me gusten los regalos. Adoro que me regalen y sobretodo regalar, y cuando se trata de los niños, más todavía. Esas caritas de felicidad y asombro mientras tiran del papel de regalo para descubrir qué habrá allí dentro... no tiene precio. Y por supuesto que me encanta y comparto con la familia las ganas y la ilusión de regalar a la pequeñina de la casa, cuando es la homenajeada.

Pero es que no puedo evitar revolverme un poco cuando la veo rodeada de tantas cosas y tantos juguetes. Odio más que nada en el mundo la desigualdad social y la injusticia, que crece más que nunca en los últimos tiempos. Y me cuesta admitir y aceptar que mi hija tenga decenas de juguetes, cuando hay otros niños que no tienen ninguno, e incluso algunos que no tienen ni lo más básico. Lo siento, pero me cuesta. No es hipocresía, ni doble moral, es simplemente que me cuesta imaginarlo.

No quiero que piense que es lo normal. Que lo dé todo por hecho. Que tener y acumular juguetes, ropa, objetos, que tener la despensa llena es lo normal. Me gustaría que entienda que tener cosas implica sacrificio, y a veces no sólo económico sino de cosas mucho más importantes, como el tiempo, ese bien tan escaso y tan preciado.

Por eso intentaré ir renovando juguetes, que juegue y experimente con unos, mientras otros quedan para otros niños que los descubran de nuevo. Ir guardando y no tirando, ropa que ha quedado pequeña pero nueva, para otros niños que, cercanos o lejanos, la puedan y quieran usar. Un consumo responsable y no desmesurado es lo que me gustaría inculcarla. El valor que a veces tiene la austeridad.

Sé que es muy pequeña y que ahora le toca disfrutar con su inocencia de la ilusión de los regalos, de las fiestas, del compartir. Pero aún así, me gusta tener esto siempre muy presente para que no se nos vaya de las manos... Como siempre, el ejemplo es lo más poderoso en todo lo que aprenden.

Disfrutar de la naturaleza es gratis y a veces más divertido y enriquecedor que cualquier otra cosa, para cualquiera y sobretodo para los peques. Y como decía, el mini-puente hemos aprovechado bien el solecito y buen tiempo, y nos hemos escapado a ver y tocar la nieve, a tirarnos los mayores y pequeños en trineo, pero sin trineo (que no tenemos) por las cuestas y usando nuestro culete para tal efecto. Hemos paseaso por el bosque de Finlandia, sin ni tan siquiera coger un avión... Tan sólo llegando hasta Rascafría. Hemos pisado el hielo, cogido hojas del suelo, tocado el agua gélida del río Lozoya, y paseado y paseado hasta no poder más!.





Con la caminata y lo que apretaba el sol, el bosque de Finlandia no daba tregua y los abrigos hasta sobraban.









La imagen de la laguna congelada era sobrecogedora... Y la de algunos "insensatos" incluida nuestra sobri ;-), correteando y patinando por encima, ¡más todavía!.

Nuestra peque le pedía a su tata que se lanzase con ella al hielo!, como no la dejábamos, ella a cambio nos mostró su cara de enfado para la foto!...






 Desde el puente mirando el "Dío" (río), con su agua más que fría!, congelada incluso en algunas partes...










 Y ya por la tarde en la nieve, disfrutamos a lo grande!. Y los que más, ¡los mayores!, porque Paulita alucinaba un poco con esa cosita blanca blandita pero taaaaaan  fría!!!!!, que cuando papá la lanzaba hacia arriba y se le metió por el cuello, ¡menudo cabreo!.




Y ya calentitos en casa, hemos disfrutado también de la familia, abuelitos, bisabuelita, primos y tíos. Hemos puesto el súper árbol de Navidad, el belén de la peque, cuyos personajes pasan más tiempo rodando por el suelo que adorando al pobre niño, y adornado la casa con luces y Papá Noel.


Desde la guarde, están colaborando mucho en transmitirles toda la ilusión que tienen para ellos estas fechas. Hoy mismo salían al buzón de la esquina de la calle, todos agarraditos a echar cada uno su correspondiente carta, que la profe ayer les ayudó a transcribir. Paula pide un bebé. ¡Me la como a mi niña!. Los adora... No sabemos si está pidiendo uno de juguete o uno de verdad... je je...

Todo cobra un poco más de sentido con ellos, con los peques de la casa. Nosotros ya estamos preparados y dispuestos a disfrutar a lo grande estas fiestas. Poco nos queda además, y por si fuera poco, para iniciar las tan esperadas vacaciones de Navidad, que seguro van a saber a poco, pero que aprovecharemos y estiraremos al máximo para estar juntitos.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

lunes, 3 de junio de 2013

¡Nos vamos al Zoo!

En la guarde, organizaron una excursión al Zoo de Madrid. Los papás y mamás que pudiésemos y quisiésemos, estábamos invitados a asistir con los peques, y de paso echar una manita para cuidar a los niños que fuesen sin papá y mamá.

Ha sido una experiencia muy divertida. Cansada pero positiva.

Me ha servido para pasar un día con todos ellos, para ver más de cerca cómo se desenvuelven niños y educadoras conviviendo todo el día.

También me ha servido para saber que Paula, aunque disfrutó mucho, y le llamaban la atención muchas cosas, aún es pequeña para aprovechar tanto como yo creía, el contacto cercano con animales que no ves en tu día a día. En el delfinario y espectáculo de aves rapaces creo que hasta se aburrió (no me extraña, creo que no es para niños tan pequeñitos).

Ver los peces grandes, una tortuga enorme y hasta un tiburón, tan de cerca en el Aquarium (que yo también disfruté como una enana y que no conocía porque en mi última visita al zoo allá cuando yo era una niña todavía no existía), creo que por su carita, le impactó. Los elefantes haciendo una caca enorme, y ver a la mamá elefante con su cría casi recien nacida, también le hicieron mucha gracia.

En general, el balance es muy positivo, y me ha gustado compartir un día de cole con compañeros, profes y papás.

Cosas que me llamaron la atención. Darme cuenta que la mayoría de papás y mamás que iban, tienen bastante menos paciencia que las educadoras con sus propios hijos. La poca capacidad que tenemos a veces de ponernos en la piel del niño, que en un día como ese, van cansados, extrañan, tienen calor, o frío, hambre, sed, se aburren... y si como último recurso lloran, se encuentran con que encima les dicen que se están portando mal o que "si lloras y gritas te dejo aquí". En fin... un comentario muy desafortunado desde mi punto de vista.

Pero bueno, Paula se lo pasó en grande, todo el día compartiendo a mamá con su tiempo de cole, con su educadora y hasta con su amigonovio "Ariaaaa" con el que comparte más que risas, mimos y manitas... ¡Dignos de ver!.

Verla salir de la clase la primera de la fila en dirección al autobús, con todos sus compis agarraditos detrás, haciendo un tren de pitufitos, hasta me emocionó... Mi niña se hace mayor...

ESTO